Elche, Crevillent y Santa Pola ya no ven las estrellas
El astrónomo Enric Marco demanda a los ayuntamientos que cumplan la normativa para poner freno a la contaminación lumínica en el Baix Vinalopó

Las farolas de lámparas led emiten luz blanca, la que más contaminación lumínica produce / Áxel Álvarez
"En Elche, Crevillent y Santa Pola ya no se pueden ver las estrellas a nivel profesional. Es totalmente imposible por la cantidad de iluminación que hay por las noches". Esta alerta la realiza el astrónomo y doctor en Física Enric Marco Soler, profesor de la Universidad de Valencia y presidente de la asociación Cel Fosc, entidad que lucha contra la contaminación lumínica, un concepto que él mismo explica como "cualquier alteración de la oscuridad natural del cielo causada por la luz artificial nocturna".
Sobre esta materia disertará Enric Marco en Elche este viernes, a las 19 horas, en el Casal Jaume I, en un acto organizado por el Institut d'Estudis Comarcals. El experto pondrá sobre la mesa un problema tan cotidiano como invisible en una conferencia titulada "La contaminació lumínica i com ens afecta. El cas del Baix Vinalopó". Enric Marco Soler lanza ante INFORMACIÓN una llamada de atención: “Cada vez tenemos que poner nuestros telescopios más lejos para poder ver el cielo, porque estamos perdiendo el cielo estrellado”.
La conferencia va a ser un repaso exhaustivo a las causas y múltiples consecuencias de este tipo de contaminación ambiental que no solo afecta a la observación astronómica, sino también a la biodiversidad, la salud humana y la eficiencia energética.
Afecta a nuestros ritmos circadianos
Lo más preocupante es que este tipo de contaminación no es una molestia menor. “Afecta directamente a nuestros ritmos circadianos (proceso natural que regula los cambios físicos, mentales y conductuales del cuerpo a lo largo de un ciclo de aproximadamente 24 horas). Nuestro cuerpo necesita oscuridad por la noche para producir melatonina, la hormona que nos permite dormir. Si hay luz, sobre todo azul, el cerebro interpreta que aún es de día y no genera esa melatonina”.

Enric Marco alerta por la proliferación de comercios o negocios excesivamente iluminados / Áxel Álvarez
Esto, asegura el experto, provoca insomnio, depresión, obesidad e incluso “hay estudios que lo relacionan con ciertos tipos de cáncer, como el de mama o próstata”. Un entorno urbano sobreiluminado, con calles, escaparates y pantallas brillando hasta bien entrada la noche, “nos está enfermando poco a poco”.
Animales y plantas
Pero no solo los humanos están en el punto de mira. “Los animales nocturnos están desorientados. Insectos, aves migratorias, murciélagos... Todos sufren alteraciones en sus ciclos vitales. Hay insectos que no se pueden esconder de sus depredadores, aves que chocan contra edificios iluminados o cantan a deshora, y árboles que no pierden sus hojas porque creen que sigue siendo verano”.
“La contaminación lumínica no es solo un fastidio para los astrónomos. Es un problema de salud pública, de pérdida de biodiversidad y de derroche energético”.
El panorama en el Baix Vinalopó es especialmente alarmante. “Desde el satélite se ve clarísimamente cómo la comarca está completamente iluminada, de hecho, desde Alicante hasta Murcia”, explica el astrónomo. “Zonas que deberían ser oscuras, como parques naturales o humedales protegidos, están rodeadas de luz. No tienen la oscuridad que deberían tener por ley”.
El caso concreto de El Hondo
Un ejemplo claro es El Hondo, parque natural con la máxima protección ambiental. “No puedes decir que proteges un entorno natural si lo rodeas de pueblos que cambian su alumbrado a luces blancas, como ha hecho Catral, por ejemplo. Desde el satélite se ve blanco puro, una aberración ambiental”.
Marco critica duramente el cambio indiscriminado a luces led sin criterios científicos: “Se están cambiando farolas simplemente para ahorrar energía, pero se olvida que la luz blanca tiene un componente azul muy alto, que es justo el que más afecta a la salud y al medioambiente. No se pueden tomar decisiones solo por ahorro económico”.

El experto entiende que la iluminación de edificios singulares también debe tener un horario / Áxel Álvarez
Y lo peor, añade, es que muchas veces estos cambios no se hacen por necesidad, sino por falsas creencias. “Se justifica con argumentos de seguridad, cuando hay estudios que demuestran que más luz no siempre equivale a más seguridad. Incluso puede tener el efecto contrario, al crear zonas de sombra más pronunciadas”.
Además de la iluminación pública, otra gran fuente de contaminación son las luces privadas. “Escaparates de tiendas, pantallas de inmobiliarias, bancos con fachadas luminosas... Están llenando nuestras calles de luz innecesaria”, denuncia. Y lo más paradójico: “Al poner más luz en una fachada concreta, se genera un efecto de contraste que hace que el resto de la calle parezca más oscura. Entonces los vecinos piden más iluminación, y entramos en una espiral de sobreiluminación”.
Ponerle freno a la tendencia a iluminar más
Para Marco, la solución está clara: aplicar lo que ya sabemos. “Desde hace más de diez años existen criterios técnicos y científicos sobre cómo iluminar de forma responsable. Se trata de poner luces cálidas, orientar los focos hacia el suelo, evitar las emisiones hacia el cielo y limitar los horarios. Es de sentido común”.
Pero para eso, advierte, las administraciones deben implicarse de verdad. “No puede ser que haya zonas protegidas donde no se protege nada cuando se hace de noche. Las leyes están, solo falta cumplirlas”. También alerta el experto: "Las administraciones, especialmente los ayuntamientos, no están teniendo en cuenta las leyes existentes en torno a la iluminación y es fundamental que tomen medidas y cumplan las normativas, algo que no se suele hacer porque no se le hace caso a la legislación o porque les parece un tema muy complejo".

La noche del apagón se pudo vivir por primera vez en décadas lo que se siente al mirar el cielo estrellado / Áxel Álvarez
Su mensaje es contundente: “La contaminación lumínica no es solo un problema de astrónomos. Es un problema de salud pública, de pérdida de biodiversidad y de derroche energético. No podemos seguir iluminando el mundo como si fuera de día las 24 horas”.
Y concluye con una llamada a la acción: “Lo primero que hay que hacer es frenar esta tendencia de encenderlo todo, de iluminar sin medida, porque estamos pagando un precio altísimo, y lo peor es que ni siquiera lo vemos”.
La contaminación lumínica en cifras
- En algunas ciudades españolas, el cielo nocturno está hasta 100 veces más brillante de lo que debería.
- Más del 80% de la población mundial vive bajo cielos contaminados por luz artificial.
- Las luces led blancas de más de 3000K emiten gran cantidad de luz azul, la más perjudicial para la salud humana y la fauna.
- El ahorro energético del led puede quedar anulado si se instala más cantidad o con más potencia de la necesaria.
“No puede ser que haya zonas protegidas como El Hondo donde no se protege nada cuando se hace de noche"
¿Qué se puede hacer?
- Sustituir luminarias por otras de temperatura de color cálida (menos de 2700K).
- Evitar iluminación hacia el cielo o innecesaria.
- Apagar escaparates y rótulos fuera del horario comercial.
- Controlar y limitar la iluminación ornamental.
- Adaptar los horarios de encendido a las necesidades reales.
Ahora mismo, Elche, Crevillent y Santa Pola ya no ven las estrellas, al menos a nivel profesional. La orilla del mar, en zonas entre ciudades, el parque natural de El Hondo y el Camp d'Elx próximo al mismo, así como algunas zonas de la Sierra de Crevillente son los enclaves donde todavía se pueden realizar observaciones didácticas.
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