Todos los Santos
"Nada de acompañar al muerto a las afueras del pueblo": así acabó Crevillent con los entierros multitudinarios
Una normativa municipal de 1964 puso fin a las procesiones fúnebres que recorrían las calles desde la parroquia hasta la salida del casco urbano

En los años 60 en Crevillent la despedida de los fallecidos se convertía en una auténtica procesión / INFORMACIÓN
El Archivo Municipal “Clara Campoamor” ha recuperado una curiosa normativa que marcó un antes y un después en las costumbres locales: la prohibición de los entierros multitudinarios que, hasta mediados del siglo XX, acompañaban al féretro desde el templo parroquial hasta las afueras del municipio. Aquella disposición municipal, aprobada en 1964, transformó por completo la forma en que los crevillentinos despedían a sus difuntos.
Los cortejos fúnebres que llenaban las calles
Antes de los años sesenta, los entierros en Crevillent eran auténticas procesiones populares. El féretro se trasladaba en un coche de caballos tirado por conductores vestidos de época y, tras el oficio religioso, vecinos y familiares recorrían juntos las calles del pueblo. “Los niños portaban estandartes o velas, los familiares y amigos seguían la comitiva desde la parroquia hasta la salida de la población, al final de la calle Santísima Trinidad, desde donde el coche continuaba en dirección al Cementerio municipal”, recuerdan desde el archivo histórico.

Edicto en el que se estableció cómo debía ser la despedida de los duelos en 1964 / INFORMACIÓN
Aquel cortejo, solemne y multitudinario, formaba parte de la identidad local. Pero con el desarrollo industrial y urbano, la convivencia entre el tráfico y las procesiones se volvió inviable. “Este tipo de despedidas eran incompatibles con la actividad y el dinamismo que exige la vida moderna”, señala el documento municipal, especialmente en una localidad donde “las fábricas estaban situadas dentro del casco urbano”.
Quejas vecinales y una comisión municipal
El aumento del tráfico y las constantes aglomeraciones en las calles llevaron a la Comisión Permanente del Ayuntamiento a abordar el problema. En su reunión del 15 de octubre de 1964, y tras escuchar las quejas vecinales, el consistorio alcanzó un acuerdo con las autoridades eclesiásticas para regular el modo de despedir los duelos.
La normativa, aprobada por unanimidad, establecía tres puntos esenciales:
- “A partir del 1 de noviembre, los duelos se despedirán en la correspondiente parroquia”.
- “Una vez rezado el último responso y se retiren los sacerdotes, frente a la puerta principal del templo se despedirá el duelo, disolviéndose inmediatamente la comitiva y dando por terminado el entierro”.
- “El traslado al Cementerio se hará directamente desde la iglesia, permitiendo sólo la comitiva de coches que sigan el traslado del féretro por el camino más corto y sin interrupciones, salvo las que obligue la marcha del tráfico”.
Estas disposiciones acabaron con los acompañamientos masivos y con el tránsito de personas hasta las afueras del pueblo. La intención, según el consistorio de la época, era ordenar el tráfico y garantizar la seguridad, pero también adaptar los rituales funerarios a una ciudad que crecía con rapidez.

Un automóvil fúnebre de Crevillent en el año 1965 / INFORMACIÓN
El edicto del alcalde Mas Pérez
Para dar a conocer la nueva norma, el entonces alcalde Antonio Manuel Mas Pérez, hijo de Manuel Mas Mas, propietario de la conocida Fàbrica Gran, publicó un edicto municipal que se exhibió en distintos puntos del municipio y se remitió a las empresas de pompas fúnebres. Así, toda la población supo que, a partir de noviembre de 1964, “nada de acompañar al muerto a las afueras del pueblo”.
Desde ese momento, las comitivas se redujeron a unos pocos vehículos y los duelos se despidieron a las puertas del templo, como aún se hace hoy. Con ello, los entierros multitudinarios que acompañaban al féretro hasta la salida de Crevillent quedaron prohibidos hace ahora 61 años, poniendo fin a una tradición tan arraigada como pintoresca.
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