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Arte entre palmeras en Elche que atrapa de los 6 a los 80 años

Un centenar de alumnos de todas las edades se sumerge cada sábado en l’Hort del Xocolater para escuchar a la naturaleza y plasmar su visión de la realidad sobre el lienzo. La Escuela de Pintura de la fundación Mediterráneo cumple medio siglo y, a pesar de la interrupción de ocho años, cada edición supera la asistencia

La Escuela de Pintura de l'Hort del Xocolater cumple medio siglo en Elche

Matías Segarra

J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

«Llevaba 20 años sin coger un lápiz y es como dejar de tocar el piano, que te encuentras torpe, pierdes la visión de las proporciones o la intensidad de los colores, pero ahora siento la mano como más libre» Ana María Molina se levanta cada sábado con una sensación de plenitud difícil de explicar. Sabe que va a compartir un tiempo de calidad alejada del estrés y las prisas del día a día. Esta alicantina, que durante mucho tiempo se ha dedicado en el Palacio de Justicia a la forensía, siente que tiene esa necesidad de pintar como en su día la manifestaron muchos médicos como Santiago Ramón y Cajal.

Ella es una de las 97 participantes de la Escuela de Pintura de l’Hort del Xocolater, que este 2025 cumple cuatro ediciones desde que el proyecto de 1975 se rebautizó tras interrumpirse en 2014 y reflotarlo la Fundación Mediterráneo en 2022. Aunque cada año las energías están renovadas, quienes han apostado desde el principio por esta seña de identidad cultural apuntan que la llama de los orígenes se mantiene encendida. Así lo destaca María Dolores Mulá, la directora de la escuela, quien fue hija del Grup d’Elx, que fundó la escuela, y tuvo a Albert Agulló y a Sixto Marco como grandes maestros que la nutrieron hasta nuestros días. La artista precisamente se emociona al sentir que está manteniendo un legado y recuerda con emoción los orígenes de este formato, del que justo se cumple medio siglo. Precisamente este año cuenta entre su alumnado con un biznieto del pintor y escultor Sixto Marco que quería aprender en el mismo lugar donde su antepasado enseñó a tantos jóvenes durante décadas.

Paz y sosiego

«Es la escuela más bonita del mundo y es una plataforma de bienestar para niños y adolescentes porque en el huerto está la paz y el sosiego para aprender los grandes secretos de la pintura como ver el recorrido que hace el sol en una misma planta», declara Mulá mientras enseña a un grupo de niños y niñas cómo acariciar el papel, porque para la artista el dibujo es una forma de hacer magia con los diferentes lápices, tratando de conseguir matices diferentes para marcar luces y sombras.

La escuela arrancó el curso hace unas semanas y está previsto que la inscripción se mantenga abierta hasta finales de noviembre. En esta ocasión han logrado alcanzar prácticamente el centenar de alumnos, un número estable y al alza que se va superando cada edición, teniendo en cuenta que pese a que cada año se incorporan nuevos amantes por las Bellas Artes entre el alumnado, que se mueve entre los seis y los 80 años, hay también quienes repiten varios años.

Podría ser el caso de Trinidad Llorent, quien se enganchó en la escuela en 2022, justo el año en el que volvía después del parón de casi una década. Esta administrativa del sector del calzado narra que su relación con el pincel y el lápiz comenzó hace 25 años y llegó a coincidir con Mulá en talleres que la maestra ofrecía en la Universidad Miguel Hernández.

Técnicas

Empezó pintando en óleo, acrílico y cuando arrancó sus clases en pleno pulmón verde ilicitano empezó a dominar el grafito, además de descubrir muchas técnicas que nunca se le hubieran pasado por la cabeza. Si entre semana pasa más tiempo en familia, cuidando por ejemplo de sus nietos, cuando llega el sábado se dedica el día para ella. «Te relajas y te distraes, te vas de aquí desconectada de todo y pilas cargadas». Si le preguntamos cuál es la obra que guarda con más cariño, dirá que está centrada en un tronco de palmera a base de grafito y diseñado con varias tramas.

Alumnos de la Escuela de Pintura de l'Hort del Xocolater estas semanas

Alumnos de la Escuela de Pintura de l'Hort del Xocolater estas semanas / Matías Segarra

Están establecidos cuatro grupos con técnicas mixtas que van desde el óleo, la pintura acrílica o la acuarela, además de apostar por la ilustración y el cómic. Lo curioso es que el aprendizaje va a varios niveles ya que hay cursos de iniciación y adaptaciones para que todos puedan avanzar y este curso se centrarán las temáticas en la naturaleza y la tradición ilicitana.

«Es un lugar donde sentirse cómodas y libres, es un regalo estar en un espacio natura así», destaca Miriam Martínez, una de las cuatro profesoras que dan vida a esta formación. Ella fue alumna de Andreu Castillejos en la escuela y ahora enseña sobre dibujo, tinta y pintura en el mismo grupo que su maestro, aunque ha querido ampliar el foco y además de dar pautas académicas y sobre el bodegón también da libertad a las participantes, la infinita mayoría mujeres, para que puedan experimentar conectadas con la naturaleza «que es un bodegón vivo». Al hilo, defiende la importancia de que las participantes se sumerjan en algunos referentes contemporáneos y aprendan sobre las diferentes maneras que hay de abordar el arte « porque el imaginario que van creando es lo que les nutre para trabajar en el huerto», señala.

Referentes

Noelia Hernández, profesora de Ilustración, ha pasado de que los interesados sean mayoritariamente preadolescentes y adolescentes a que este año se haya abierto desde los seis años hasta la edad adulta. Su profesora fue Pepa Ferrández y realizó sustituciones para ella impartiendo sus clases hasta que se asentó en l’Hort del Xocolater. Entiende que las nuevas generaciones «tienen un potencial enorme y una creatividad desbordante», teniendo en cuenta que llegan a trabajar con técnicas tan diversas como el rotring, los lápices acuarelables, las anilinas (acuarelas líquidas) y las pinturas acrílicas, entre otras muchas.

Irene Cano , profesora de cómic alternativo y técnicas mixtas, está orgullosa de ver que en la última jornada de puertas abiertas se superaron las visitas de otros años, lo que denota que hay interés por las disciplinas artísticas. Rememora que se inició en este mundo como aumna de la escuela de la mano de Maria Dolores Mulá, con lo que para ella es un privilegio volver a sus raíces «y abrirle la mente a los niños a través del arte».

Señala que la intención este año es el trabajo de perspectivas mientras que hasta diciembre se unirá al grupo de su compañera Noelia Pérez para realizar a la vuelta de Navidad una pequeña demostración del proceso creativo del alumnado a modo de exposición. En ella trabajarán técnicas experimentales como la antotipia con cúrcuma, la estampación con gel printing e intervención cosida, escultura y papel líquido.

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