El arte contemporáneo desaparece de las calles de Elche
El bipartito de PP y Vox retira la escultura de Salvador Soria que hay frente al huerto de la Casa de la Virgen y se escuda en que se está restaurando, pero en círculos artísticos temen que se quite definitivamente e incluso se especula con la posibilidad de que en su lugar se coloque una imagen religiosa

La rotonda de la que ha desaparecido la escultura de Salvador Soria / ÁXEL ÁLVAREZ
El arquitecto y académico de San Fernando Tomás Martínez Blasco planteaba hace nada más y nada menos que un cuarto de siglo, en marzo de 2001, una pregunta muy clara en una columna publicada en este mismo periódico: “¿Qué pasa con la ubicación de los monumentos ilicitanos que siempre se llevan a zonas innacesibles para el observador que callejea y van siempre destinados a que los contemple un fugaz automovilista?”. Lo hacía por una creación, la de Salvador Soria, que se había instalado en la rotonda que enlazaba el puente de la Generalitat -o puente del Arrabal, como lo denominaba Martínez Blasco- con las Puertas Coloradas, aunque en este caso aplaudía el emplazamiento escogido. Hasta el punto de que afirmaba que “es obra digna que condice muy bien con el puente y con el tráfico. Y está en el sitio apropiado para aquellos conductores que la ven como faro que señala la claridad en la navegación”. Sin embargo, parece que el equipo de gobierno de PP y Vox piensa todo lo contrario. Tanto que la obra en cuestión, que en la propia Cátedra Pedro Ibarra de la UMH aparece con el nombre de escultura del Dragón de Jaume I, y que en su día recibió denominaciones de lo más variopintas en la calle, entre ellas, hasta la de “sacacorchos”, ha desaparecido de la glorieta. Algo que en círculos artísticos interpretan como un golpe más del Ejecutivo de Pablo Ruz al arte contemporáneo en Elche.

La escultura, con el aspecto que presentaba en su día. / Luis G. Pueyo / Cátedra Pedro Ibarra de la UMH
Junto al Huerto de la Casa de la Virgen
Desde el Gobierno local, en este sentido, sostienen que la escultura está en restauración, pero en sectores artísticos e intelectuales ilicitanos temen que sea un movimiento sin retorno. De hecho, la desaparición ha dado pie a que incluso haya quien ya da por hecho que se ha destruido la obra, aunque desde el bipartito hablen de esa rehabilitación, añadiendo que en breve se darán más detalles. Se teme la destrucción y que, en su lugar, se coloque otra imagen religiosa aprovechando la remodelación del ahora denominado Huerto de la Casa de la Virgen, en las Puertas Coloradas, donde cada 28 de diciembre Cantó inicia su carrera a caballo hasta el Ayuntamiento, una vez concluida la romería desde la playa del Tamarit. En concreto, hay quien apunta a la instalación de una reproducción de la Virgen.

El artículo que escribió en este periódico Tomás Martínez Blasco. / INFORMACIÓN
"Un avispero"
“Si hacen eso, se levantará un avispero”, señala un artista local. Lo que esto demuestra es el “desprecio más absoluto” del alcalde, Pablo Ruz, y su equipo hacia el arte contemporáneo, destaca otro. Se basan en quién fue el autor, Salvador Soria, más allá de que la gente que por allí pasaba conociera o no el significado de la escultura o quién fue su creador. Sobre todo porque consideran que, en este caso, se puede haber pasado una línea de no retorno de cumplirse sus peores presagios: retirar una escultura contemporánea de un autor que incluso recibió el VIII Premio de Artes Plásticas de la Generalitat Valenciana en enero de 2009 y, por tanto, con un gobierno del PP en el Consell, y borrarla de las calles de Elche, abriendo la puerta a instalar otra. Con el matiz, además, de que llueve sobre mojado. Ahí está el Museo de Arte Contemporáneo, que sigue cerrado a cal y canto. Las quejas de creadores e intelectuales por la clausura sine die de estas instalaciones en los últimos años ha sido una constante, de hecho, aunque haya servido para poco.

La escultura en la zona, en una imagen de finales del mes de junio, con obras en la zona. / INFORMACIÓN
Su biografía
Ahora bien, ¿quién era Salvador Soria? Como describe la propia página de la Real Academia de la Historia, nació en 1915 en el Grao de Valencia y era de formación autodidacta. Con el fin de la Guerra Civil, se vio obligado a exiliarse a Francia, y allí pasó por distintos campos de concentración. Es más, en el portal de la Academia de Historia se deja claro que “no es posible hablar de la obra de Salvador Soria sin conocer su periplo personal, ya que ambas, vida y obra, forman un todo difícil de separar”, y se añade que, “por ello, su obra se ha dividido en diferentes períodos que corresponden en la mayoría de las ocasiones a situaciones personales muy diversas”.

Salvador Soria, en una imagen de 2009, poco antes de su fallecimiento. / Efe
Acto en Elche
Será en 1953 cuando regrese a España y empiece con una obra de “marcado carácter social”, denominada “síntesis superrealista”. En este contexto, y a partir de mayo de 1957, es miembro del Grupo Parpalló, y “expone con ellos en varias ocasiones y participa activamente en sus reuniones y en la revista Arte Vivo, editada por dicho grupo”, se explica en la biografía del autor, donde se agrega que, “por estos años, participa también en el Movimiento Artístico del Mediterráneo, con cuyos miembros expone en numerosas ocasiones, incluso en la lejana ciudad de Taipei”. En cuanto a la obra escultórica, arranca a partir de 1964. A las primeras obras las llama “mecánica plástica”. Explica la Real Academia de la Historia que “son piezas desmontables, fruto de complicados cálculos espaciales, que pueden moverse a gusto del espectador adoptando multitud de formas diferentes”. Más tarde, se apostilla, “realizará piezas más complejas, las llamadas ‘máquinas para el espíritu’, que parten del mismo concepto espacial que las anteriores pero que están mucho más trabajadas y perfectamente terminadas; son máquinas de precisión que pueden adoptar hasta mil formas diferentes”, y se detalla que, “generalmente, utiliza acero inoxidable solo o combinado con madera, la mayoría de las veces pintada de bellos colores”. Soria fallecería en marzo de 2010 en Benissa, pero para el recuerdo queda, por ejemplo, la celebración de su 81 años, que tuvo lugar en Elche, en un acto en el que también se conmemoró al 80 aniversario del mítico Sixto Marco, con una comida con más de 40 compañeros del mundo del arte.

El homenaje a Soria y Sixto Marco en Elche, en una foto que se publicó el día del fallecimiento del pintor ilicitano. / INFORMACIÓN
Sus obras
Además de ser hijo adoptivo de Benissa, tanto la Diputación Provincial como el Ayuntamiento de Alicante cuentan con varias creaciones suyas, y hay obra suya en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, el IVAM de Valencia o el Museo Salvador Allende de Santiago de Chile. Además, sus trabajos se han expuesto en Madrid, Londres, Chicago o Nueva York. Hasta Rockefeller compró una de sus obras después de trasladarse expresamente al estudio que el artista tenía en Madrid, según se publicó coincidiendo con su fallecimiento. Incluso en el Museo de Arte Contemporáneo de Elche hay obra suya. En la propia web del museo ilicitano, en la que se especifica que está “cerrado por reformas”, se habla de “figuras muy emblemáticas y representativas de la vanguardia valenciana y española, como Arcadi Blasco, Juana Francés, Salvador Soria, Toni Miró, Equipo Crónica, Viola, Genovés y Amalia Avia, entre otros, constituyen el corpus central de este valioso patrimonio”, en referencia a las creaciones de esta sala clausurada.
Ni rastro de las dos esculturas planteadas
Lo peor es que para el puente de la Generalitat se plantearon a principios de los años noventa del siglo pasado, como relataba el entonces concejal de Urbanismo, José Fernández, del PSOE, dos esculturas: una de Arcadi Blasco y otra de Soria, en lo que se pretendía que fueran “alegorías sobre el nuevo puente”. Para la de Blasco hasta se hablaba de un presupuesto de 6 millones aportados al 50 % por el Ayuntamiento y la empresa Dragados y Construcciones. En estos momentos, no hay rastro de escultura alguna, ni al principio ni al final del puente. Y lo peor es que de lo que se quejaban en Elche hace 25 años es de que los monumentos ilicitanos se llevaran “a zonas innacesibles para el observador que callejea”. Ahora puede ocurrir que ni eso.
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