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Testigos apuntan al moho en neveras y opacidad con los historiales clínicos en la supuesta estafa millonaria a pacientes con lesión medular

Exdirectivos del hospital IMED aseguran que el centro resultó perjudicado a nivel reputacional por la actividad que realizaba una empresa externa, que utilizaba las instalaciones pero con su propio personal

Colas para acceder a la Ciudad de la Justicia de Elche

Colas para acceder a la Ciudad de la Justicia de Elche / Áxel Álvarez

J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

De neveras con moho donde se acumulaban muestras biológicas a la falta de informes médicos en el sistema informático del hospital. Estas son algunas de las aseveraciones de testigos en la tercera sesión este jueves del juicio por la presunta estafa millonaria vinculada al Centro de Innovación Médica en Regeneración Medular (CIMERM) que ofrecía en el Hospital IMED de Elche unas terapias punteras para devolver la movilidad a decenas de pacientes con lesión medular que nunca llegaban a la fase final del tratamiento pese a que había quienes desembolsaron hasta 50.000 euros por él.

Sobre los hechos, que se remontan a más de una década, ex altos directivos del hospital ilicitano manifestaron ante la Audiencia Provincial de Alicante, con sede en Elche, que el centro hospitalario resultó perjudicado a nivel reputacional por la actividad que realizaba esta empresa, que utilizaba las instalaciones del hospital pero con su propio personal y bajo la dirección de la investigadora Almudena Ramón y su socio, los dos acusados y para quienes el Ministerio Fiscal solicita hasta ocho años de prisión por un delito continuado de estafa agravada, además de la correspondiente indemnización a los más de 40 perjudicados.

El primero en declarar fue el exdirector médico del hospital ilicitano, quien durante más de una hora se desmarcó de cualquier responsabilidad en los hechos, teniendo en cuenta que el hospital está personado también en el proceso como acusación particular. A su juicio, el hospital fue víctima del supuesto uso fraudulento de las instalaciones pese a que en los primeros contactos y cuando se firmó el contrato el proyecto parecía tener una sólida base científica y generó interés por su potencial innovador.

Resaltó que nadie tenía acceso al historial clínico de los pacientes de esta terapia de rehabilitación, salvo los dos investigadores del CIMERM, y que entonces lo achacaron, según las explicaciones que recibieron de los acusados, "porque era algo novedoso y querían tener la salvaguarda de los datos". Señaló que el sistema de gestión de información de este centro estaba "fuera del círculo habitual" del hospital, e incluso hubo una ex trabajadora del CIMERM que en calidad de testigo señaló que los expedientes clínicos se guardaban en archivadores bajo llave en el despacho de la doctora acusada.

De la confianza a la manipulación

El ex director médico reseñó que había interés por parte del hospital en el desarrollo de esta terapia en la que inicialmente confiaban "porque el proyecto era muy atractivo solo con que un paciente hubiera andado". El directivo reseñó que al tiempo de cederles el espacio en el hospital, la relación con los investigadores cada vez era menos fluida, e incluso ya sólo por la vía de los correos electrónicos.

Por otra parte, declaró que IMED y el citado centro de investigación llegaron a mantener contactos con el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca ante la posibilidad de que pudiera implantarse allí una sala blanca, es decir, una zona de esterilidad controlada para realizar estudios de cultivo celular que sirvieran para completar el tratamiento del CIMERM, que en su fase final, a la que no llegó nadie, consistían en unos trasplantes ofrecidos por neurocirujanos ajenos al hospital.

Si bien, la iniciativa se frustró, y según el testigo sólo quedó en una "declaración de intenciones" porque este centro externalizado se negaba a hacer públicos los protocolos de trabajo, requisito imprescindible para la acreditación oficial, según el director médico.

Es más, el profesional señaló que también se gestionó la implantación de esta sala blanca en el hospital ilicitano y que nunca llegó a ponerse en funcionamiento porque no pasaron las acreditaciones pertinentes. Concluyó que tanto él como el equipo médico se sintió manipulado por esta empresa y que nunca conoció los fines del centro de innovación de forma profunda y que en cualquier caso quien mantenía más contacto con este centro era un anterior doctor del hospital ya fallecido. Durante la sesión se exhibió un email, aportado por la defensa, en el que un médico del IMED, ya fallecido, informaba a otro centro, en este caso el hospital de Los Arcos en Murcia, sobre la terapia de regeneración medular impulsada por la doctora Ramón.

Moho en las neveras

El segundo testigo, exdirector administrativo del hospital, relató que fue él mismo quien presentó en junio de 2016 una denuncia ante la Guardia Civil en junio de 2016, que ha sido clave en el proceso judicial. En ella sostenía que el CIMERM retiró del hospital toda la documentación y equipos sin autorización. Según la inspección, alguna nevera donde se guardaban las muestras que utilizaba el centro contenía moho, lo que para la Fiscalía evidenciaba el descuido con el material científico. En este sentido, la defensa atribuyó la aparición de hongos microscópicos a un posible fallo en el suministro eléctrico del hospital, argumento que el exdirector médico rechazó tajantemente incidiendo en que todos los hospitales tienen generadores en caso de fallos con la luz.

Documentación en un camión

El exresponsable de la administración del hospital señaló que personal del hospital identificó a trabajadores del CIMERM cargando en un camión cualquier prueba del trabajo que realizaban mientras el hospital acumulaba facturas impagadas.

Durante la sesión también intervinieron profesionales asistenciales que tenía contratado el CIMERM en las instalaciones del hospital. Una de las auxiliares de enfermería narró que en el espacio cedido para las terapias no había tecnología de alto nivel sino elementos manuales para trabajar con los pacientes, y que las sesiones de fisioterapia encajaban más como una actividad convencional que como algo puntero dentro de una terapia de reactivación medular. Por otro lado, la ex trabajadora reseñó que junto a sus compañeros llegó a pasar "un periodo de nuestra vida que queremos borrar" por la falta de dirección en el proyecto. Llegó un punto en el que no había responsables físicamente allí y las órdenes que se daban era por vía telemática, expuso. Después de un receso intervinieron por videollamada algunos pacientes afectados por la supuesta estafa.

Todavía hay una quincena de sesiones previstas hasta junio de 2026 desde que a finales de octubre arrancó la vista oral, y la previsión es que se retome el juicio el próximo jueves con la participación de más testigos.

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