Paco Cerdà: "Deben quedar hitos importantes como el Valle de Cuelgamuros para que uno tenga la experiencia del horror"
El periodista y escritor valenciano Paco Cerdà, Premio Nacional de Narrativa por Presentes, una crónica coral sobre los olvidados, represaliados y vencedores vencidos de la primera posguerra, visita el viernes Elche

Paco Cerdà, en una imagen reciente en la ciudad de València. / JM LOPEZ
El periodista y escritor valenciano Paco Cerdà (Genovés, 1985) acaba de recibir el Premio Nacional de Narrativa por su última obra, Presentes, una crónica coral sobre los olvidados, represaliados y vencedores vencidos de la primera posguerra. Es en este contexto en el que este viernes llega a Elche. Primero, a las 19 horas, en la librería Ali i Truc se le entregará el I Premi d’Assaig a Autors Valencians de la Associació Sepdimar por 14 de abril, su obra anterior. Después, a las 21 horas, en el restaurante La Taula del hotel Port Jardín Milenio, participará en las Noches Gastronómico-Literarias para hablar de Presentes. Antes reflexiona sobre memoria, olvido y olvidados.
¿Cómo acaba un periodista después de tres libros publicados recorriendo esos 467 kilómetros que separan Alicante de El Escorial junto al féretro de José Antonio Primo de Rivera en el otoño de 1939?
Con pasión, que es el motor que mueve ya no mis libros, sino mi vida. Soy quizá demasiado apasionado, ya sea coleccionando cromos antiguos de mundiales de fútbol o medallas olímpicas antiguas o en mis relaciones. La pasión es lo que me ha movido siempre y, en este caso, la idea era tan cautivadora para mí, reconstruir aquel viaje siniestro desde Alicante hasta el Escorial e intentar adivinar cómo era la España que escondía, que así acabé: recorriendo uno a uno todos esos pueblos y a pie un buen tramo.

Paco Cerdà, en una imagen reciente en la ciudad de València. / JM LOPEZ
"La derrota, el fracaso y la pérdida generan en mí un magnetismo difícil de explicar"
¿De dónde viene esa fijación por los “peones” en sus libros?
Los peones, de hecho, creo que es lo que explica todos mis libros, ya sean los peones de la guerra fría y del antifranquismo en El peón; ya sean esos olvidados que perdieron su vida en un día de fiesta en 14 de abril; ya sea esa minúscula de la posguerra que es el reverso adolorido de ese desfile tétrico del ataúd de José Antonio. Creo que la derrota, el fracaso y la pérdida generan en mí un magnetismo difícil de explicar, y lo hacen en el deporte, y en la política, y en la vida. No sé, seguramente será una especie de desarrollo excesivo de la compasión.
Los jóvenes y lo punk
Desde su experiencia por las investigaciones desarrolladas para sus libros, ¿cómo se explica que aún hoy haya jóvenes que digan que con Franco se vivía mejor o que canten Cara al Sol?
Yo solo lo entiendo desde el desconocimiento, la ignorancia y la provocación. Hay momentos en la historia que provocador es salir a la calle y correr delante de los grises, y hay momentos en los que nos podemos permitir el lujo de banalizar el bienestar y los derechos que proporcionan la democracia, y frivolizar con las falsas ventajas que propiciaba una dictadura desconocida para la gran mayoría de españoles. Hoy más de la mitad de españoles no vivieron la dictadura, y hoy casi ninguna persona joven tiene un abuelo que le pueda contar sobre la guerra civil y los primeros compases de la dictadura. Por tanto, ahí fermenta ese punk extraño que es el de ser joven y reivindicar el franquismo.

Paco Cerdà, en una imagen reciente en la ciudad de València. / JM LOPEZ
"Hay momentos en la historia que provocador es salir a la calle y correr delante de los grises, y hay momentos en los que nos podemos permitir el lujo de frivolizar con las falsas ventajas que propiciaba una dictadura desconocida para la gran mayoría de españoles"
¿Y qué hemos hecho mal para que sea punk ser joven y reivindicar el franquismo?
Habremos hecho muchas cosas mal, y la primera seguramente es estirar el pacto del olvido de una forma innecesaria casi 50 años. Podría haber sido comprensible atender otras cuestiones y no arriesgar hasta pasado el 23F, por decir alguna referencia histórica, que son seis años de cortesía, digámoslo entre muchas comillas. Pero, ¿cómo es posible que tardase tanto en llegar una Ley de Memoria Histórica, ahora de Memoria Democrática, que atendiese lo fundamental, primero las víctimas en cunetas, segundo la reparación o la demostración de la verdad de aquellos abusos y de aquellos crímenes que cometió el franquismo? Por tanto, por un lado, se estiró demasiado el pacto de olvido y, por otro lado, quizás las turbulencias partidistas han impedido en muchas ocasiones enfocar desde un prisma meramente humanista todo el horror que supuso el franquismo y también la guerra. Porque me parece igualmente incomprensible que, desde ciertos espectros ideológicos, se tengan todavía complejos a la hora de reivindicar la memoria de un sacerdote fusilado o de un alcalde conservador que fue torturado o vejado.

Paco Cerdà, en una imagen reciente en la ciudad de València. / JM LOPEZ
"A todos nos asombra y nos horroriza por igual el caso de Perico Corneta, el caso del alcalde fusilado y vejado de Villena, que el de Federico García Lorca. A estas alturas de la historia, elaborar rankings de dolor me parece incomprensible"
¿Cómo el de Villena?
Claro, y es más frecuente de lo que aparece en el debate público. A todos nos asombra y nos horroriza por igual el caso de Perico Corneta, el caso del alcalde fusilado y vejado de Villena, que el de Federico García Lorca. A estas alturas de la historia, elaborar rankings de dolor me parece incomprensible.
La resignificación de símbolos
Hablaba del pacto del olvido, pero, ¿qué lectura hace de que en determinados lugares se hayan mantenido símbolos franquistas, como en Elche, sin ir más lejos, la Cruz de los Caídos?
No me gusta sentar cátedra al respecto, no soy historiador, no soy un experto memorialista, soy un simple contador de historias, un periodista, pero, si me preguntas mi opinión personal, es importante que se orille el enaltecimiento de cualquier vestigio de una dictadura y es importante también que no se caiga en un olvido simbólico o en una exterminación simbólica que no tendría demasiado sentido. La palabra resignificar me gusta. Es importante conservar Auschwitz para mostrar el horror que supuso el Tercer Reich. Es importante también que haya algunos elementos que bien acompañados o bien dotados de un contexto educativo, divulgativo, instructivo, no permitan que se olvide el horror que fue el franquismo.

Paco Cerdà, en una imagen reciente en la ciudad de València. / JM LOPEZ
"Es preferible la resignificación al borrado sistemático del callejero o de los símbolos"
¿La resignificación de símbolos franquistas es posible, pues, hoy en día?
La resignificación es posible, y para mí es preferible la resignificación al borrado sistemático del callejero o de los símbolos, pero ya digo que sistemático. Deben quedar hitos importantes como el Valle de Cuelgamuros para que uno tenga la experiencia del horror, para que uno tenga esa cercanía sensorial a lo que era un proyecto totalitario que pretendía crear un homofranquismus, como era el homosovieticus de Svetlana Alexiévich, un ser humano nuevo en aquellos años de ideales y de utopías desbocadas y a veces tan peligrosas, y siempre tan necesarias, porque las utopías siempre son necesarias, otra cosa son las probetas de laboratorio.
Habla del peligro de las utopías desbocadas, como describe por ejemplo en Presentes y en 14 de abril, pero el individualismo exacerbado como ocurre hoy tampoco trae nada bueno. ¿Tenemos solución como sociedad?
Las utopías desembocaron en los gulags, en los campos de exterminio o en el Valle de los Caídos, pero también desembocaron las utopías en los hospitales, en las escuelas, en el feminismo y en un intento de ser menos agresivos contra el planeta. Soy un firme partidario de las utopías, pero soy un lector de la historia, o intento serlo, y veo lo que ocurre cuando se impone el a toda costa, y el a toda costa es lo que explica parte de mis libros: el precio que paga el individuo por servir a una causa, servir a un ideal, ser el engranaje necesario para mover una sociedad hacia una dirección. Y, en ese caso, para mí, el dolor, el sufrimiento y la muerte de un individuo sea de la causa que sea siempre me apela y me plantea la misma pregunta: ¿Compensa? ¿Vale la pena? Y es en esa dialéctica en la que siempre acabo girando en estos libros. ¿Tenemos solución como sociedad? La historia demuestra un progreso innegable en derechos, en libertades, en garantías, en sensibilidad, en justicia, pero también hay unas acentuaciones de desigualdades y de tics neoautoritarios preocupantes.

Paco Cerdà, en una imagen reciente en la ciudad de València. / JM LOPEZ
"Soy un firme partidario de las utopías, pero soy un lector de la historia, o intento serlo, y veo lo que ocurre cuando se impone el a toda costa"
Franco, en la sombra
El libro se llama Presentes, y, con el telón de fondo del traslado de José Antonio Primo de Rivera de Alicante a El Escorial, pone el foco en el primer franquismo. Sin embargo, las referencias a Franco son muy limitadas y prácticamente llegan al final. ¿Por qué?
El protagonista es el franquismo y la resistencia antifranquista, esos presentes que querían borrados, olvidados y escondidos, pero que estaban bien presentes en nuestro país en aquel otoño tan duro del 39. Y, efectivamente, el nombre de Franco no sale hasta casi el final, porque quería justamente provocar ese efecto, que se viera su sombra, su sombra encharcándolo todo, su sombra presidiéndolo todo, su sombra manipulándolo todo, pero su sombra, no él hasta el final del libro, porque eso fue en definitiva también el dictador: un hábil estratega capaz de actuar de demiurgo, de marionetista en muchas ocasiones, e ir mutando o metamorfoseándose en función de las necesidades de cada momento, cuando tocaba ser camisa azul, cuando tocaba ir bajo palio, cuando tocaba ser un tecnócrata, cuando tocaba vender este país a los americanos de facto o cuando tocaba rescatar la monarquía ya pasada. Por eso el juego. El libro parece que va de José Antonio, pero en realidad va del José Antonio que construye el franquismo y sobre todo del coro casi griego de voces, de figuras y de dignos herederos republicanos que, de alguna forma, se erigen en el discurso de la dignidad de aquel duro otoño.

Paco Cerdà, en una imagen reciente en la ciudad de València. / JM LOPEZ
"El nombre de Franco no sale hasta casi el final, porque quería justamente provocar ese efecto, que se viera su sombra"
Usted mismo plantea en el libro: “Y por qué tú no cuentas esa otra vida rematada en plomo y laurel, sangre de tu sangre, un trozo de tu historia, quizás el motor de algunos de tus libros, si cuentas tantas vidas lejanas. Pero esa pregunta la evitas, nunca te la quieres responder”. ¿Por qué Paco Cerdà evita esa pregunta?
Será imposible que añada nada más de lo que escribo ahí, porque lo reflexioné en ese momento para escribir esas páginas para mí muy emocionantes: la historia de mi bisabuelo; la historia de mi abuelo, que ha cumplido 100 años hace una semana. Creo que hay muchas familias en España marcadas por ese trauma compartido, que es un trauma no solo por la muerte, por los fusilamientos, por las cunetas, por las fosas, sino también por los silencios. Silencios transidos de dolor, silencios que explican mucho más de lo que callan y que constituyen una especie de fermento ideológico en este país, no sé si suficientemente estudiado: cómo el silencio ha edificado compromisos políticos tan intensos en este país y a veces de una forma privada, callada, no necesariamente con militancias públicas. El silencio en este país ha sido un grito privado e íntimo muy fuerte.
Y, a estas alturas, hay poco margen para sanar, ¿no?
En muchos casos no, por una cuestión biológica. Se han muerto miles de personas sin poder recuperar los cuerpos de sus familiares. Y por una cuestión familiar sí que sería deseable que aquellos que pudieran acercar una sanación simbólica aunque fuera lo hicieran. Hay veces en las que decir una sola palabra como perdón, o siento tu dolor y lo comparto, es muy reparador y no sé por qué lo fácil cuesta tanto.

Paco Cerdà, en una imagen reciente en la ciudad de València. / JM LOPEZ
"Hay veces en las que decir una sola palabra como perdón, o siento tu dolor y lo comparto, es muy reparador y no sé por qué lo fácil cuesta tanto"
Nueva generación
Nicolas Sesma, David Ucles, usted mismo… ¿A qué responde esta revisitación de la guerra y la posguerra por parte de una generación de escritores más joven?
Cada generación ha de mirar a su pasado y el pasado reciente que tenemos con más potencia literaria o narrativa quizás sea la guerra, la posguerra, la dictadura, también ETA y todo el dolor que causó durante muchos años. También el machismo o la prostitución podrían ser unos unos vectores narrativos como protesta o como exploración de cómo se han permitido durante tanto tiempo esas injusticias. Es bueno que cada generación mire a su pasado y eso es la memoria. Al final, la memoria es una reescritura constante del pasado desde el presente para intentar guiarnos, como una brújula, hacia el mañana. Me parece estúpida la vieja frase de “otra novela sobre la guerra civil”. Faltan tantas.
"La memoria es una reescritura constante del pasado desde el presente para intentar guiarnos, como una brújula, hacia hacia el mañana. Me parece estúpida la vieja frase de 'otra novela sobre la guerra civil'"
Lo que está por llegar
El peón, 14 de abril y Presentes están muy relacionadas entre sí. ¿Ahora qué?
Estoy trabajando en una historia, pero muy lentamente porque ahora hay otra historia en paralelo que es una niña de 13 meses y ese libro intentaremos escribirlo bien, porque es más importante que los otros, pero sí que es verdad que para mí la historia es una pasión, las vidas minúsculas lo son, me apelan muy adentro y siempre estaré agradecido porque hay alguien al otro lado del libro que sigue acompañando estas historias.
Cuenta ya con varios reconocimientos literarios a lo largo de su trayectoria. Sin embargo, ¿cómo cambia la perspectiva un Premio Nacional de Narrativa?
Intento engañarme a mí mismo con una frase que no paro de repetirme, y es que esto no ha pasado y es lo que intento hacer: que esto no ha pasado y que ya está. Será lo mejor para mí, será lo mejor para mis libros y para mis lectores, pero, bueno, a ver si es verdad que me creo esa mentira.
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