Sociedad
Elche une a tres amigas de la infancia 57 años después
Una sanitaria del Hospital del Vinalopó logra recomponer un lazo nacido en unas colonias escolares que se celebraron durante un mes de 1968 en un colegio de Alicante

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Hay amistades que no se desgastan con el tiempo, solo se ponen a prueba. Tres mujeres de 69 años, separadas durante 57 veranos, han demostrado en Elche que algunos vínculos nacidos en la infancia permanecen intactos, aguardando el momento preciso para volver a encontrarse. El reencuentro de esta narración fue posible gracias a la humanidad y la memoria compartida que surgieron en una habitación de hospital y culminaron hace unos días en Crevillent.
Todo comenzó en el Hospital Universitario del Vinalopó en Elche, donde Margarita Mas Ferrández, residente en la localidad alfombrera, recibe tratamiento por una enfermedad crónica. Allí, una conversación aparentemente trivial con una enfermera acabaría rescatando una historia dormida desde 1968.

Las amigas de Algueña acudieron a Crevillent para volver a encontrarse con Marga. De su primera vez juntas pasaban 57 años / INFORMACIÓN
Una frase que lo cambió todo
Durante una de sus visitas al hospital, la sanitaria comentó que era natural de La Algueña. Margarita reaccionó de inmediato: "Ah, sí, pues yo allí tengo a dos amigas". Luego añadió que hacía décadas que no sabía nada de ellas: "La primera vez que las vi tenía solamente 12 años. Y ahora con 69 me encantaría volver a verlas".
La paciente recordaba perfectamente los nombres y la edad de aquellas niñas. Todas habían nacido en 1956. Y se los dijo a la auxiliar de enfermería Idoia Abad García. Ésta, al regresar a su pueblo, localizó a María Remedios Pacheco López y a María Dolores Santularia Aldeguer, amigas inseparables que sí mantuvieron el contacto con los años, pero que jamás volvieron a saber de aquella joven crevillentina con la que compartieron uno de los veranos más intensos de sus vidas.
Un colchón para no tener miedo
El origen de la amistad se remonta a las antiguas colonias escolares, un campamento de verano de un mes, celebrado en agosto de 1968, que tuvo lugar en el entonces llamado colegio Víctor Pradera, en la calle Pinoso, en el barrio de Carolinas de Alicante. Allí durmieron juntas por decisión propia.
Sobre aquellos días, Mari Reme Pacheco rememora una de las escenas más íntimas: "Dormíamos todas las noches cogidas de la mano". Y explica por qué: "Solo teníamos 12 años y la verdad es que nos daba miedo; no sé muy bien por qué, pero la noche, la oscuridad, el estar solas era una experiencia inquietante para nosotras".
Aquel fue también el primer viaje lejos de casa: “Era la primera vez que las tres salíamos de nuestros pueblos. Y para nosotras, las de La Algueña, era la primera vez también que íbamos a Alicante y que veíamos el mar”.

Las amigas comieron juntas como hicieron durante un mes en las colonias escolares en un colegio del barrio de Carolinas en Alicante / INFORMACIÓN
Tres fechas, una misma cigüeña
El destino parece haberse divertido tejiendo coincidencias. Las tres nacieron el mismo mes de 1956: Margarita el 10 de marzo, María Dolores el 15 y Mari Reme el 28. Esta última lo cuenta entre risas y con una pregunta inevitable: “¿No vendríamos de la misma cigüeña?”.
Durante el último mes y medio, las amigas habían hablado por teléfono sin parar gracias al contacto facilitado por la enfermera, hasta que las dos del Medio Vinalopó decidieron viajar juntas a Crevillent para ver a Margarita. "Sabíamos que era muy importante para ella vernos. Se encuentra malita y tenía muchas ganas de reencontrarse con nosotras," explican.
Recuerdos que aún salvan vidas
La comida compartida en Crevillent estuvo cargada de emociones y recuerdos. Uno de ellos tuvo como escenario la playa del Postiguet, donde Mari Reme vivió un episodio que marcó su relación con el mar. "Me quedé atrapada en unas corrientes y un joven madrileño que estaba con nosotras, Emilio, me salvó la vida. No lo olvidaré”.
Nunca volvió a verlo. "Me dio su teléfono cuando nos despedimos, pero eran otros tiempos y me daba miedo llevar el papel con su número a casa y que mi madre me riñera por tener el contacto de un chico, así que me deshice de él”. Hoy, con perspectiva, reconoce que no lo hubiera tirado.
Ahora, las tres mujeres siguen en contacto constante. "Mis dos amigas de la colonia estarán siempre conmigo", les explicaba Margarita. Y Mari Reme lanzaba un deseo compartido: "Nos gustaría contactar con otras personas que también participaron en aquel evento que nos marcó la vida y que tantos años después recordamos con tantísimo cariño”. Porque hay amistades que, aunque estén separadas largo tiempo, duran toda una vida. Son infinitas. No tienen fecha de caducidad.
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