Un taller de mantecados en el Museo de Pusol que, paso a paso, endulza la Navidad
Varias familias aprenden una de las recetas más características de estas fechas con una actividad que pretende recordar a los antepasados y conectar a generaciones

Matías Segarra
Harina, azúcar, manteca, aceite, huevos, ralladura de limón y canela son, principalmente, los ingredientes con los que se hace la magia de la Navidad, aunque lo importante es que las manos que están detrás de amasar le pongan esmero e ilusión. Este fin de semana quedó comprobado en el Museo Escolar de Pusol que hay tirón por mantener viva esas recetas de antaño, y sólo hacía falta ver cómo abuelos, padres, nietos y primos se juntaron para mantener vivo el legado de esos antepasados que deleitaban con mantecados artesanales a sus seres queridos.
Más allá de entretener
El museo, un diciembre más, ofreció su taller de elaboración de estos dulces tan típicos, una actividad consolidada por el trasfondo que tiene, que más allá de entretener a la treintena de inscritos, perseguía poner de relieve un patrimonio culinario que cada año se va perdiendo más.
Sólo hay que ver que conforme pasa el tiempo menos gente tiene un horno de leña en casa y para muchos dedicar tiempo a elaborar los dulces les supone un engorro, pese a lo fácil que es el proceso, porque la mayoría tiende a ir al trabajo hecho y compran ya los artículos a granel en los lineales de los supermercados. Por no hablar de que otro tipo de dulces como los panettone han ido eclipsando a aquellas pastas, mantecados y polvorones que no podían faltar en cada Nochebuena o víspera de Año Nuevo.
Olvidarse del móvil
Precisamente para mantener viva esa esencia vecinos de Pusol consiguieron este sábado que un extenso grupo, en una larga mesa, se pusiera manos a la masa y por una mañana se olvidase de estímulos externos o de coger el móvil para ojear las redes sociales.
El secreto del éxito estaba en integrar muy bien todos los ingredientes hasta formar una masa homogénea maleable que después pasaría a unos moldes con formas de estrellas y corazones.
El siguiente paso fundamental era conseguir la cocción perfecta midiendo mucho para que no se quemasen los dulces. Fue ahí cuando los asistentes salieron al patio para introducir en el horno de leña tradicional, que en su momento donó el horno de Paco de las Bayas, las creaciones como se estilaba antiguamente, unos procesos artesanales que se han perdido con la industrialización de estos manjares.
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