Fiestas
Luces y sombras en la Navidad de Crevillent: un Niño Jesús robado, belenes en la sierra y uno de esparto
El Ayuntamiento condena la sustracción de una figura del nacimiento instalado en el Centro de Mayores, mientras crece la familia del belén de la Associació d'Amics de l'Espart "Antonio i Matilde"

El belén de la Associació d'Amics de l'Espart “Antonio i Matilde” ha incorporado dos figuras nuevas en los bajos del puente de San Sebastián en Crevillent / INFORMACIÓN
La Navidad no se limita a luces y villancicos en Crevillent. Aquí adopta formas inesperadas, casi de leyenda susurrada al caer la tarde contemplando las luces y sombras que salen de la chimenea. Este año, la celebración navideña se mueve entre lo insólito, lo artesano y lo silenciosamente épico, con un Niño Jesús que desaparece, belenes de esparto que crecen bajo un puente y otros que esperan al caminante en lo alto de la sierra.
El robo
La primera de las historias llega desde un lugar pensado para la calma y la convivencia. Desde el Centro de Mayores se ha comunicado el robo de la figura del Niño Jesús del belén instalado en esta dependencia municipal. Un gesto pequeño en apariencia, pero cargado de simbolismo, que ha provocado el rechazo del Ayuntamiento. Desde la Concejalía de Bienestar Social y Familia se ha informado de que el nacimiento era un préstamo realizado por un particular y se ha condenado y lamentado profundamente este tipo de actos incívicos, más aún cuando se producen en un espacio destinado al bienestar, el encuentro y la vida compartida. El pesebre ha quedado incompleto, como si alguien hubiese arrancado el corazón del relato.

Belén del Centro de Mayores de Crevillent sin la figura, que ha sido robada, del Niño Jesús / INFORMACIÓN
El buey y la mula
Muy cerca, aunque en un escenario completamente distinto, la Navidad se recompone con paciencia, mucho trabajo artesano y manual, así como fibras tradicionales. Bajo el puente de San Sebastián, el belén de esparto elaborado por la Associació d’Amics de l’Espart “Antonio i Matilde” vuelve a ocupar su lugar por segundo año consecutivo. Allí, donde antes solo había tránsito y sombras, ahora brota un paisaje tejido a mano, impulsado desde las concejalías de Obras y Cultura para poner en valor un arte tradicional que forma parte del alma del municipio. Este año, además, el belén crece: la asociación ha incorporado dos nuevas figuras, el buey y la mula, completando una escena que se construye despacio, hebra a hebra, como las historias que no quieren olvidarse. La iniciativa se enmarca en las actuaciones de embellecimiento urbano del gobierno municipal, pero también en algo menos tangible: el orgullo de lo propio.
Y mientras tanto, lejos del ruido y del asfalto, la Navidad vuelve a dejar huella en la sierra de Crevillent. Allí, donde el silencio es más hondo, excursionistas y aficionados al deporte de montaña encuentran estos días un motivo añadido para hacer senda: la presencia de belenes repartidos por collados, cuevas y cumbres. No se anuncian ni se inauguran; se descubren. Aparecen tras una curva del sendero o al coronar una loma, como si el monte también quisiera contar su versión del nacimiento.
Los belenes de la Sierra de Crevillente
Entre los más visitados siempre está el belén situado a media subida del Castellar Colorat, promovido desde hace más de una década por el crevillentino Emilio Ibáñez, que lo planta cada Navidad en uno de los lugares más legendarios del enclave. A él se suman los nacimientos del Centro Excursionista de Crevillent, en el collado del Picatxo de San Cayetano, y el de la Societat Acclivis, en la cumbre de El Puntal, además de los que mantiene el grupo Amigos de la Montaña en cuevas de los Altos del Cantalesdéu. Otros belenes, más discretos y particulares, se esconden en el Barranc dels Mondongos, el pico de El Frare o El Campanà, dibujando un mapa navideño que solo se revela al caminante paciente. El último en conocerse lo han plantado este mismo domingo un grupo de jóvenes de la promoción XI del Colegio Aitana y se encuentra en el paraje del Castell Vell, en la Colla Amarga, muy cerca del Autautet.

Los alumnos de la XI del colegio Aitana se suman a la tradición crevillentina de plantar el belén en la sierra, donde las formaciones naturales se prestan a dar cobijo al nacimiento / V. L. Deltell
Estos, son belenes efímeros, expuestos al viento y a la lluvia, que se recogen cuando pasan las fiestas para no herir al paisaje que los acoge. Y quizá por eso tienen algo de leyenda: aparecen, emocionan y desaparecen. Así, entre una ausencia injusta, una tradición que se renueva y un sendero que conduce a un pesebre inesperado, la Navidad en Crevillent se cuenta este año como las viejas historias: con luz, con sombras y con un misterio que invita a seguir caminando.
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