Sanidad
Ratas bien alimentadas en pleno centro de Elche
En pleno centro de Elche, a pocos metros del Ayuntamiento, una colonia de ratas vive sin esconderse en un solar abandonado, alimentada por algunos vecinos y observada con asombro, preocupación y división en el barrio

Solar de la calle San Isidro donde los vecinos denuncian que hay quien alimenta a las ratas / Áxel Álvarez
Una cosa es alimentar a las palomas —aves urbanas tan habituales como polémicas, acusadas desde hace años de generar problemas de insalubridad— y otra muy distinta es cruzar una línea invisible que separa la convivencia de lo insólito. Porque lo que está ocurriendo en pleno centro de Elche parece más propio de una escena de película que de una calle a escasos metros del Ayuntamiento, en una zona muy concurrida.
El escenario es la calle San Isidro. Allí, en un solar abandonado, descuidado y cubierto de maleza, vive desde hace meses una pequeña colonia de ratas que se ha convertido en parte del paisaje cotidiano del barrio.
Tan integrada está ya en la vida de la zona que algunos vecinos han terminado por ponerles nombre a los componentes de la familia animal: Rafael, Miguel Ángel, Donatello y Leonardo. Como las famosas Tortugas Ninja, aunque en este caso no viven en las alcantarillas de Nueva York, sino en un terreno baldío del corazón de Elche.

Una de las ratas olisqueando el suelo en plena calle San Isidro de Elche / INFORMACIÓN
Un solar como refugio
Según relatan los vecinos, estos roedores llevan tiempo campando a sus anchas por el solar, donde se refugian bajo un viejo colchón abandonado y entre la vegetación que crece sin control. Desde allí se mueven con soltura por el entorno, utilizando tanto las alcantarillas como los recovecos de un local contiguo al solar, al que acceden por la zona de los aparatos de aire acondicionado. Lo más llamativo es que ya no se esconden. Es frecuente verlas a plena luz del día, sin temor aparente, cruzando el solar o asomándose por los alrededores en cualquier momento. Algunos vecinos aseguran incluso que las ratas están «domesticadas». Tanto, que se acercan a los clientes de una cafetería situada en la esquina, aguardando pacientemente a que alguien deje caer una miga o les acerque algún trozo de bollo.
«Antes había más»
Actualmente, los residentes calculan que hay entre cuatro y cinco ratas distintas, aunque hace un par de meses llegaron a contabilizar hasta siete u ocho ejemplares. Las han visto juntas en varias ocasiones, moviéndose con total naturalidad, como si el solar fuera su territorio consolidado.
Pero el verdadero detonante de la polémica llegó cuando algunos vecinos comenzaron a alimentar a los animales de forma deliberada. Según varios testigos, una vecina de la zona, movida por la lástima al pensar que las ratas no tenían acceso suficiente a comida, decidió llevarles incluso pienso.

Los vecinos se quejan de que alguien les lleva comida a las ratas de un céntrico solar en Elche / Áxel Álvarez
Un gesto que fue reprochado por otros residentes, preocupados por los riesgos sanitarios y por el efecto llamada que podía provocar.
La situación ha generado un debate vecinal entre quienes sienten compasión por los animales y quienes consideran intolerable su presencia tan cerca de viviendas, locales y espacios frecuentados. Lo que hace unos días publicó este periódico referido a personas que alimentan a palomas, pero ahora con este poco afamado animal.

La colonia de ratas ha llegado a ser de casi una decena según los vecinos / INFORMACIÓN
Atracción inesperada
Mientras tanto, las ratas se han convertido, de forma inesperada, en una curiosa atracción para los más pequeños. Hay padres que reconocen que sus hijos les piden pasar cada día por la zona para verlas, observarlas y seguir sus movimientos, como si se tratara de un improvisado zoológico urbano.
Entre la incredulidad, la preocupación y la ternura mal entendida, el solar de la calle San Isidro se ha transformado en un escenario donde conviven la dejadez urbana, la falta de control y una historia que, aunque real, muchos aún tienen dificultades para creer. Porque una cosa es convivir con la fauna urbana… y otra muy distinta es ponerle nombre y servirle la comida.
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