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El particular Día de la Marmota en el Camp d’Elx: esto es lo que predicen los almendros sobre el invierno con el dicho de “si la Candelaria flora…”

El campo ilicitano vuelve cada 2 de febrero al mismo gesto: mirar a los árboles, recordar el refrán y preguntarse cuando acabará el frío

Los almendros sin flor en el campo de Elche en el día de La Candelaria predicen que el invierno se alarga

Los almendros sin flor en el campo de Elche en el día de La Candelaria predicen que el invierno se alarga / Áxel Álvarez

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V. L. Deltell

V. L. Deltell

Cada 2 de febrero, en el Camp d’Elx ocurre algo parecido a lo que sucede con el denominado Día de la Marmota en un pequeño pueblo de Pensilvania, en Punxsutawney, que este día centra la atención en EE UU porque, según la tradición, que se remonta al siglo XIX, si la marmota ve su sombra al salir de la madriguera, el invierno se alargará durante seis semanas más, mientras que si no la ve, la primavera llegará antes. En Elche, sin embargo, no hay cámaras de televisión ni marmotas saliendo de una madriguera, pero sí una escena que en se repite, casi idéntica, año tras año. Amanece. Se mira el cielo. Se recorren los bancales. Y, al final, todas las miradas acaban posándose en el mismo sitio: en el almendro. Como si el campo despertara atrapado en un bucle antiguo, repitiendo la misma pregunta con palabras heredadas: “Si la Candelària flora, l'hivern està fora, i si no flora, ni dins ni fora” (“Si la Candelaria flora, el invierno está fuera; y si no flora, ni dentro ni fuera”).

Este año, como en tantas otras ocasiones, la respuesta ha sido el silencio. Las ramas del almendro siguen desnudas -en su mayoría-, contenidas, sin ese estallido blanco o rosado que suele anunciar, con bastante antelación, la llegada de la primavera. No hay flor. Y en el lenguaje del campo, esa ausencia también habla. El invierno continúa. "Y que siga como hasta ahora", es el deseo del hombre de campo. Ha llovido, lo ha hecho bien, y no ha helado haciendo frío.

Las flores están muy cerca de abrir, pero ya no lo harán antes de la Candelaria

Las flores están muy cerca de abrir, pero ya no lo harán antes de la Candelaria / Áxel Álvarez

“Realmente aún no he visto mucha flor por aquí”, comenta Pedro Valero, presidente de Jóvenes Agricultores-Asaja Elche, mientras continúa faenando sobre la tierra húmeda que han dejado las últimas lluvias. “Donde hay almendros, nadie ha visto flor. Y eso, de toda la vida, se ha dicho que significa que todavía hará frío”. No es una queja ni una predicción alarmista. Es una constatación serena, casi ritual, dicha con la misma naturalidad con la que se comenta el estado de la tierra o el color del cielo.

El meteorólogo natural

El almendro es, en el Mediterráneo, una especie de meteorólogo vegetal. El primero en arriesgarse. El primero en equivocarse cuando el invierno decide volver. Su floración temprana, a finales de enero o en febrero en zonas cálidas, lo convierte en símbolo y en termómetro. Si florece pronto, se celebra. Si se retrasa, se entiende. Porque el agricultor sabe que el verdadero peligro no siempre está en el frío que se va, sino en el que puede regresar cuando nadie lo espera.

En la carretera de Torrellano desde Elche hay varios campos de almendros y en ellos se puede comprobar que no han florecido

En la carretera de Torrellano desde Elche hay varios campos de almendros y en ellos se puede comprobar que no han florecido / Áxel Álvarez

“Hasta ahora el invierno ha sido bastante positivo para las cosechas de hortalizas y en general para el campo”, explica Valero. “Si sigue así, bienvenido sea. El problema serio suele venir después, en marzo, con esas heladas tardías cuando los árboles ya están movidos, ya tienen flor. Ahí es cuando hace daño de verdad”. En el campo, como en la película "Atrapado en el tiempo", rodada en Punxsutawney, en Pensilvania, y donde se cuenta la historia de Phil Connors, un meteorólogo que queda atrapado en un bucle temporal, no importa tanto el día que se vive como lo que se aprende repitiéndolo.

Otras flores tempranas

Mientras el almendro espera, otros árboles y arbustos se adelantan con discreción. El calicanto de invierno abre flores amarillas y aromáticas en pleno enero. El durillo resiste con ramilletes blancos incluso en los días fríos. La madreselva de invierno perfuma el aire sin llamar la atención. El brezo aporta color cuando casi todo parece dormido. Son señales de vida, sí, pero ninguna tiene el peso simbólico del almendro. Ninguna decide refranes como él.

“La flor se ha retrasado un poco”, apunta Valero. “Puede que por el frío o simplemente porque el árbol sabe esperar mejor que nosotros”. La frase resume una forma de estar en el mundo. El agricultor no necesita romper el bucle; lo habita. Sabe que cada año parece el mismo, pero nunca lo es del todo.

Una almendra de la temporada anterior y capullos a punto de estallar

Una almendra de la temporada anterior y capullos a punto de estallar / Áxel Álvarez

Cambios en el clima

El año pasado, recuerda, el tiempo volvió a jugar a despistar: lluvias tardías, temperaturas frescas en mayo, una primavera que no acababa de cuajar. No hubo heladas graves, pero sí esa sensación de desajuste que se repite cada vez con más frecuencia. Como si el clima, igual que el protagonista de la película, hubiera decidido improvisar.

En los márgenes de la carretera de Torrellano, en el camino viejo de El Altet, en La Garganta entre Crevillent a Aspe, o en ya pequeñas plantaciones junto al parque industrial, los almendros siguen quietos. Para quien pasa deprisa, es un detalle sin importancia. Para quien vive del campo, es el mismo plano que se repite cada 2 de febrero, con pequeñas variaciones.

Y así, año tras año, el Camp d’Elx vive su particular día de la marmota. No para desesperarse, sino para reafirmarse. Porque, a diferencia de la película, aquí no se trata de escapar del tiempo, sino de entenderlo. El almendro florecerá cuando tenga que hacerlo. Y cuando ocurra, el invierno, por fin, sabrá que esta vez el bucle se ha roto.

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