Adiós al viejo barrio de San Antón en Elche: comienza el derribo del primer bloque de los cuatro previstos
El bipartito no da fechas del fin de las demoliciones pero dice que los expedientes judiciales de los edificios 12 y 13 están "muy avanzados" para desbloquear la regeneración urbana

Comienza la demolición del bloque 11 en el barrio de San Antón de Elche / Áxel Álvarez
El estruendo de las retroexcavadoras y el polvo suspendido en el aire marcó este martes un momento largamente esperado en el barrio de San Antón de Elche. Tras completarse la retirada del amianto de los patios interiores, esta semana ha comenzado la demolición del bloque 11, uno de los edificios más degradados que dará pie al derribo de los otros tres bloques pendientes con los que se podrá avanzar en la regeneración urbana de la zona.
El alcalde, Pablo Ruz, sostuvo en una visita a las obras que empieza a cumplirse con casi 20 años de reivindicaciones vecinales y tras una compleja tramitación administrativa y técnica. Ruz, que estuvo acompañado de su socia de gobierno, Aurora Rodil; el concejal de Estrategia Municipal, Francisco Soler; y de la edil de Acción Social, Celia Lastra, detalló que no se trata de un derribo aislado ni arbitrario, sino de una operación clave para liberar espacio y permitir la renovación integral de la fachada norte del barrio. El objetivo final es sustituir las edificaciones obsoletas y en estado ruinoso por viviendas adaptadas a las necesidades actuales.

Estado que presentaba este martes el bloque en pleno proceso de derribo / AXEL ALVAREZ
Sin plazos
Pese al arranque efectivo de los trabajos, el bipartito de PP y Vox evitó concretar plazos para la finalización de la demolición y el regidor lo justificó en que, aunque visualmente se ve que la intervención es rápida, técnicamente resulta compleja y puede verse condicionada por imprevistos, como la aparición de elementos subterráneos como pozos no documentados o la proximidad de otros edificios habitados como el 7.
Trasladaron desde el Ejecutivo local que, cuando llegue el momento de actuar en el margen con el siguiente inmueble, se darán instrucciones a los propietarios sobre cierres de puertas y ventanas para que minimicen al máximo el impacto de estas obras.
Tráfico
Incluso este martes se estaba estudiando si se extremaban más las medidas de seguridad con respecto al tráfico, ya que en estas primeras horas de actuaciones la circulación de vehículos era normal a escasos metros de los escombros, teniendo en cuenta que se trata de un enclave de alto tránsito, justo enfrente del nuevo centro social.

Un operario observa la dimensión de los trabajos de demolición. / AXEL ALVAREZ
Por otro lado, Ruz confirmó que la demolición del edificio número 14, el siguiente en la hoja de ruta municipal, no comenzará hasta que finalice por completo el derribo del 11. En este segundo edificio ya se ha completado también la retirada del amianto, aunque los trabajos serán más delicados por su cercanía a viviendas.
Ocupaciones
Más incertidumbre rodea al futuro de los bloques 12 y 13, situados entre ambos. En estos casos, la actuación está pendiente de resolución judicial debido a varios procesos de ocupación ilegal que el gobierno local cifró en dos o tres.
El concejal Francisco Soler aseguró que los expedientes están “muy avanzados”, aunque recalcó que el Ayuntamiento no puede intervenir hasta que los trámites judiciales queden definitivamente resueltos. También se siguen ultimando escrituras y los justiprecios, es decir, las indemnizaciones que la Administración deberá abonar por abandonar los inmuebles.
El inicio de la demolición llega después de que, al igual que ha ocurrido con el Mercado Central, se haya completado una fase clave con la retirada del fibrocemento, un material ampliamente utilizado en las décadas de los 70 y 80 y que se empleaba en las bajantes y en los cerramientos realizados por los propios vecinos.
Durante las semanas de desamiantado se colocaron carteles informativos en el vallado perimetral y se pidió a los residentes próximos que evitaran abrir ventanas o tender ropa, como medida preventiva ante la manipulación de materiales potencialmente cancerígenos. Según el Ayuntamiento, el impacto sobre el entorno fue mínimo y los trabajos se pudieron desarrollar con todas las garantías de seguridad.

El alcalde de Elche, Pablo Ruz, durante su visita a las obras de demolición en San Antón. / AXEL ALVAREZ
Coste
La demolición completa de estos cuatro bloques tiene un coste aproximado de 750.000 euros y se desarrollaría en los próximos meses siendo la prioridad en el horizonte. Si bien, sobre el esperado derribo también del bloque 8, que se enmarca en otro proyecto aparejado a la construcción de las 45 viviendas que sería asumido con los 2,5 millones de euros aportados por la Generalitat Valenciana, desde el bipartito mantuvieron que en el próximo verano se podrían iniciar las actuaciones para despejar el solar sobre el que se asienta esta infraestructura que fue desalojada por riesgo de colapso hace ahora diez meses.
La fase previa de demolición incluiría una revisión de las estancias para que propietarios y exinquilinos del ahora abandonado edificio puedan recuperar las pertenencias que en su día no pudieron sacar ni ellos ni los bomberos.
Plan de vivienda
El bipartito, no obstante, insistió como ha venido haciendo desde el desalojo de decenas de familias el pasado abril en que, pese a estos avances, la regeneración de San Antón no puede completarse sin una implicación decidida del Estado a través de un plan estatal de vivienda. A este respecto cargaron contra el Gobierno de Pedro Sánchez por "dar la espalda" a las necesidades del barrio ilicitano.
Ruz y Rodil, sin rodeos, coincidieron en reclamar una mayor financiación para poder abordar las siguientes fases del proyecto, recordando que los edificios que se derriban, que suponen 284 viviendas y 24 locales, apenas representan una tercera parte del barrio y que las nuevas construcciones triplicarán la capacidad residencial. “Sin hacer este hueco no se puede avanzar”, manifestó el alcalde, aludiendo a la necesidad de acelerar con las siguientes fases y que cuente con fondos estatales.
En varias ocasiones Ruz repitió este 3 de febrero que la imagen de los cascotes cayendo era “muy potente” por tratarse del "inicio de una nueva etapa" y agradeció expresamente la paciencia de los vecinos y el trabajo técnico desarrollado por la empresa municipal Pimesa. Rodil, por su parte, incidió en que la demolición, pese a que supone el fin de muchos años de recuerdos, abre la puerta a una "esperanza largamente reclamada" por quienes residieron en unas viviendas que ya no reunían condiciones de habitabilidad.
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