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Más cambios en el plan para renovar el barrio Porfirio Pascual en Elche: de los ascensores a los tejados

Las modificaciones, ya aprobadas por los vecinos, tienen como objetivo que no se afecte a la estabilidad de los edificios tras las deficiencias detectadas y ahora pasarán por el consejo de Pimesa

Las obras en el barrio Porfirio Pascual este mismo miércoles.

Las obras en el barrio Porfirio Pascual este mismo miércoles. / Matías Segarra

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María Pomares

María Pomares

Cualquiera que se haya enfrentado a una obra es conocedor de que siempre se sabe cómo empieza, pero que otra cosa es cómo acaba. Algo de eso está pasando con la rehabilitación del barrio Porfirio Pascual, uno de los proyectos clave que se están desarrollando en Elche en la actualidad porque, por una parte, supone la regeneración de un barrio caracterizado por su bajo nivel de renta y una población envejecida con 302 viviendas y, por otra, porque está financiado con cargo al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia enmarcado en los fondos Next Generation de la UE. La situación es tal que los trabajos se van adaptando a las circunstancias con las que se van encontrando. La prueba es que, por el consejo de administración de la empresa municipal Pimesa, pasará una nueva tanda de propuestas de modificaciones del proyecto de rehabilitación centradas fundamentalmente en los ascensores y en las cubiertas de los edificios, con el objetivo de no afectar a la estabilidad de los bloques, lo que implicará, como es obvio, un cambio también en el contrato. Lo que están haciendo ahora los técnicos es ajustar el presupuesto, compensando las partidas que bajan con las que se pueden incrementar para ver si puede o no haber algún tipo de sobrecostes.

La imagen que tendrán los edificios, una vez acabadas las obras.

La imagen que tendrán los edificios, una vez acabadas las obras. / INFORMACIÓN

De finales de los años 50

Los cambios en cuestión ya fueron presentados a los vecinos y vecinas del barrio antes de Navidad. En ese contexto, se recordó que los inmuebles se construyeron a finales de los años 50 del siglo pasado, con lo que eso supone, dentro de un conjunto con 18 edificios, 40 escaleras con sus correspondientes comunidades de propietarios en estos momentos; 302 viviendas y 18 locales, que, además, conforman una “construcción singular en terreno ribereño del río Vinalopó”, como se resalta en el dosier informativo que se mostró a los afectados el pasado mes de noviembre.

La construcción del barrio Porfirio Pascual a finales de los años 50, en una imagen del dosier de Pimesa.

La construcción del barrio Porfirio Pascual a finales de los años 50, en una imagen del dosier de Pimesa. / INFORMACIÓN

Problemas estructurales

Con estos puntos de partida, durante la ejecución, según explicaron desde Pimesa, se han detectado problemas estructurales, como el deficiente estado de los muros de carga de los edificios. Eso es lo que llevó a que se planteara una nueva solución para la construcción de los núcleos de los ascensores, que recibió el visto final por parte del Ayuntamiento de Elche el pasado 2 de octubre, después de que, previamente, el nuevo planteamiento hubiera recibido luz verde de los vecinos y de la Conselleria de Industria, como explicó a finales de septiembre el gerente de Pimesa, Antonio Martínez.

Uno de los sótanos en el barrio de Porfirio Pascual, en una imagen del dosier de Pimesa.

Uno de los sótanos en el barrio de Porfirio Pascual, en una imagen del dosier de Pimesa. / INFORMACIÓN

Una pasarela

Con la nueva propuesta, la instalación de los elevadores -hasta 40, uno por cada comunidad de propietarios- se sigue situando en la parte trasera de los bloques, pero toda la estructura se emplaza en la vía pública. De este modo, se hace posible que no se tengan que derribar las escaleras existentes, sólo que se reformen, salvando el escollo de los posibles desalojos de los residentes mientras duren las obras. Para ello, el elevador se apoya en una estructura de pilares junto al edificio, con lo que no será necesario tocar parte de la escalera como antes ni tampoco los sótanos, a lo que se suma el plus de que no tendrá que soportar el peso la fachada. Eso conlleva que, para acceder a las viviendas, se construyan una especie de pasarelas individuales a modo de balcones que permiten entrar a las casas por las zonas de las galerías o las cocinas. Una solución que, como ya explicaron en su día desde Pimesa, no implicaría más ocupación de la vía pública y, a la sazón, facilitaría las labores en la posterior reurbanización de las calles, ya que no sería necesario hacer pasarelas para acceder a los elevadores. El porqué del nuevo planteamiento viene dado por el hecho de que había sótanos en los que se había constatado que se había modificado la estructura inicial, a lo que se agrega que las fachadas no ofrecían garantías suficientes, por el material del que están hechas, para soportar el ascensor.

Maquinaria en el barrio Porfirio Pascual este mismo miércoles.

Maquinaria en el barrio Porfirio Pascual este mismo miércoles. / Matías Segarra

Cimentación con micropilotes

No obstante, ahora se ha incorporado algún cambio más, que se ha comprobado durante la ejecución de la losa de cimentación de los módulos de los ascensores, cuando se localizaron nuevos problemas, en el sentido de que los edificios están en buen estado, pero no se pueden sobrecargar con la base de los ascensores. Así, como paso previo, se hicieron catas para determinar el sistema constructivo de cimentación que certificaron esas sospechas. Por ello, lo que se ha planteado es la ejecución de la cimentación con micropilotes, para salvaguardar una vez más la estabilidad de las construcciones, de manera que no se apoyen las bases de los elevadores en los bloques.

El aspecto que presentaba este miércoles el barrio Porfirio Pascual.

El aspecto que presentaba este miércoles el barrio Porfirio Pascual. / Matías Segarra

Más anchura

También hay giro de guion en los tejados, que tampoco han estado exentos de problemas. El estado de las cubiertas es bastante deficiente hoy por hoy. Por ello, lo que se ha decidido es cambiar el panel sándwich proyectado, con dos chapas de acero exteriores y un núcleo de espuma rígida inyectado entre las dos hojas, de manera que pase de cinco a diez centímetros, ganando en anchura y, por consiguiente, en rigidez, y, con ello, disminuir el número de apoyos, algo que, a la vez, hará posible ganar en aislamiento y en eficiencia energética, señalan desde Pimesa.

Para finales de año

Pese a que los técnicos están ajustando el presupuesto, el programa anual de actuación, inversión y financiación de la empresa municipal Pimesa para el ejercicio 2026 ya apuntaba a un incremento de los costes de rehabilitación hasta los 12,5 millones, frente a los 11,5 millones planteados inicialmente, a lo que habría que sumar 1,2 millones de euros para la reurbanización del entorno y 240.000 euros de la oficina de rehabilitación que exigía la convocatoria de subvenciones. Ese mismo documento sitúa el final de las obras a finales de 2026, pese a que el acta de replanteo se firmó en febrero de 2025 y, teniendo en cuenta que el plazo de ejecución era de 18 meses, deberían estar los trabajos para finales de agosto de este año. Lo que también está pendiente es si el Gobierno central decreta algún tipo de moratoria que permita que este y otros proyectos del resto de municipios de España mantengan íntegramente las subvenciones, teniendo en cuenta que, inicialmente, los Next Generation daban de plazo hasta el 30 de junio de este año, fecha que parece prácticamente imposible para muchos de los planes propuestos dentro de este paquete de ayudas por su complejidad.

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