Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Sanidad

Mutilación genital femenina: el Vinalopó detecta en Elche 50 casos en diez años y alerta de que queda camino por delante

El hospital del departamento de Elx-Crevillent mantiene en seguimiento a más de 40 menores para evitar que este tipo de violencia se perpetúe en las siguientes generaciones

Equipo multidisciplinar del Hospital del Vinalopó de Elche que trabaja para erradicar la mutilación genital femenina

Equipo multidisciplinar del Hospital del Vinalopó de Elche que trabaja para erradicar la mutilación genital femenina / INFORMACIÓN

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
V. L. Deltell

V. L. Deltell

El Día Mundial de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina se conmemora este viernes, 6 de febrero, una fecha que vuelve a poner el foco sobre una práctica que sigue afectando a millones de mujeres y niñas en todo el mundo y que también está presente, aunque de forma invisible, en Elche en concreto y en toda España, por el fenómeno migratorio. El Hospital Universitario del Vinalopó, centro de referencia en esta problemática, ha detectado más de 50 casos de mujeres mutiladas desde 2017. Actualmente, además, el hospital mantiene en seguimiento a más de 40 menores para evitar que esta violencia se perpetúe en las siguientes generaciones.

Según Naciones Unidas, se estima que cerca de 230 millones de mujeres y niñas han sufrido algún tipo de mutilación genital femenina. A pesar de estar reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos, esta práctica persiste y provoca daños físicos y psicológicos extremos, independientemente de cómo o dónde se lleve a cabo.

Diez años de protocolo y trabajo coordinado

La Comunidad Valenciana cumple ahora diez años desde la implantación del primer protocolo autonómico para la prevención y abordaje de la mutilación genital femenina. En el departamento de salud del Vinalopó, el trabajo comenzó de forma sistemática en 2017 y ha ido ganando peso gracias a la coordinación entre servicios y a la formación del personal sanitario.

En el servicio de Trabajo Social del área sanitaria desarrollan su labor 15 profesionales para apoyar a los pacientes más vulnerables. | MATÍAS SEGARRA

En el servicio de Trabajo Social del área sanitaria desarrollan su labor 15 profesionales para apoyar a los pacientes más vulnerables / Matías Segarra

Leticia Beltrán Giménez, coordinadora de la Unidad de Trabajo Social del Hospital Universitario del Vinalopó, explica que el impulso inicial vino de la mano de la ginecóloga referente del departamento, la doctora María Vizcaino. A partir de ahí, ambos departamentos comenzaron a formarse y a actuar como referentes, extendiendo el conocimiento al resto de profesionales.

Beltrán subraya que la clave ha sido “la sensibilización, porque hemos formado a los profesionales que han contado con más herramientas para detectar casos”. Desde entonces, cada nuevo diagnóstico no solo permite atender a la mujer, sino también activar medidas de prevención con sus hijas menores.

"La formación y sensibilización del personal sanitario ha sido clave para aumentar la detección y activar protocolos de prevención"

Leticia Beltrán Giménez

— Coordinadora de la Unidad de Trabajo Social del Hospital Universitario del Vinalopó

Más detección, atención integral y prevención

La mutilación genital femenina engloba todos los procedimientos que implican la extirpación total o parcial de los genitales externos de la mujer u otras lesiones con fines no médicos. Se practica principalmente en niñas desde la primera infancia hasta los 15 años y no aporta ningún beneficio para la salud. Entre los riesgos inmediatos figuran hemorragias, infecciones, dolor intenso o incluso la muerte, mientras que a largo plazo puede provocar infertilidad, complicaciones en el parto y graves secuelas psicológicas.

En el Vinalopó, la detección suele producirse en consultas de ginecología o a cargo de las matronas, a menudo cuando la mujer acude por otro motivo, como un embarazo o una urgencia ginecológica.

A partir de la detección, se realiza un abordaje integral: se informa del protocolo, de la gravedad de la práctica y de las opciones disponibles, incluida la posibilidad de reconstrucción, que se deriva al hospital Doctor Peset de València. Aunque no todas aceptan, Beltrán confirma que “sí, hay varias que se han derivado, aunque muy pocas”. En el Vinalopó se han dado sólo media decena de casos, pese a que “los resultados son muy positivos, con mejoras muy potentes y significativas tanto para la salud como para la recuperación de la sensibilidad”.

Ayudar a las mujeres mutiladas es fundamental, pero el trabajo no se queda ahí. El eje central del programa está en evitar nuevos casos. “El groso de todo este trabajo es la prevención. Prevención de las hijas de esas mujeres mutiladas”, insiste la trabajadora social. En estos casos se activa un seguimiento coordinado con atención primaria, pediatría y trabajo social comunitario.

Una realidad ligada a la migración y al peso cultural

El departamento del Vinalopó atiende a una población con alto flujo migratorio, especialmente en barrios como Carrús, donde residen familias procedentes de países del cinturón meridional de África, una de las zonas con mayor incidencia. Entre ellos figuran Mauritania, Mali, Senegal, Gambia, Sudán, Nigeria, Etiopía o Somalia.

"El abordaje se basa en el respeto, el diálogo y la no culpabilización para evitar el rechazo y proteger a las niñas en riesgo"

Leticia Beltrán Giménez

— Coordinadora de la Unidad de Trabajo Social del Hospital Universitario del Vinalopó

Beltrán recuerda que la práctica se mantiene por fuertes presiones sociales y culturales: “Lo argumentan para, por ejemplo, poder casarse su hija. Para ello tiene que estar mutilada, si no es una mujer que no va a ser aceptada socialmente”. Aunque alguna vez se intenta justificar con la religión, aclara que ni el islam ni el cristianismo la respaldan y su origen es fundamentalmente cultural y patriarcal.

Se trata, además, de una práctica ejercida por mujeres dentro de un sistema “machista”: “Es una práctica patriarcal, ejercida y ejecutada por mujeres, porque las que practican este corte en las aldeas son las propias mujeres”, afirma.

En cuanto al aumento de casos detectados, Beltrán es clara: “Detectamos más porque el personal está formado y sensibilizado”. A ello se suman los flujos migratorios y la existencia de profesionales de referencia que facilitan el abordaje cuando surge una sospecha.

Trabajadoras del servicio social que ofrece el Hospital del Vinalopó en Elche

Trabajadoras del servicio social que ofrece el Hospital del Vinalopó en Elche / Matías Segarra

El protocolo contempla situaciones de especial riesgo, como los viajes al país de origen. En estos casos, los progenitores firman un compromiso informado y se revisa a la menor antes y después del viaje para confirmar que no se ha practicado la mutilación.

Beltrán insiste en que el éxito del trabajo reside en la forma de acercarse a las familias: “Trabajamos desde el respeto, evitando culpabilizar del proceso”. El diálogo, la humanización y el conocimiento de las creencias culturales son esenciales para generar un vínculo que permita avanzar. “Es muy complejo que se entienda el mensaje que queremos trasladarles. Ellas ven la práctica como algo normal, a la mayoría se la han practicado cuando no habían cumplido ni los tres años. Llevan toda la vida así”, añade.

Tras una década de experiencia, la trabajadora social reconoce que sigue siendo un reto complejo y lento, pero imprescindible. Una frase que le marcó resume la magnitud del desafío: “Leticia, tranquila, porque en mi aldea ya no lo hacen las parteras, lo hacen los médicos”. Para Beltrán, ese comentario evidenció que “aún queda mucho camino por recorrer” para erradicar una práctica que sigue dejando secuelas de por vida.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents