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Universidad Miguel Hernández

Tonia Salinas, directora del Parque Científico de la UMH de Elche: «Los que invirtieron en PLD Space en 2012 pusieron un euro y hoy su acción vale mil»

Licenciada en Económicas y Derecho por la Universidad Pontificia de Comillas y la Complutense de Madrid, tras una etapa como gerente financiero sénior en Ernst & Young-Corporate Finance en Madrid, como directora de Consultoría y Corporate en Gesem y como presidenta de la Asociación de Empresarias de la Provincia de Alicante (AEPA), Tonia Salinas recaló en la Universidad Miguel Hernández de Elche en 2008 para dirigir su Parque Científico

Tonia Salinas destaca que el Parque Científico acompaña al emprendedor desde el principio hasta la reunión con fondos de capital riesgo. | MATÍAS SEGARRA

Tonia Salinas destaca que el Parque Científico acompaña al emprendedor desde el principio hasta la reunión con fondos de capital riesgo. | MATÍAS SEGARRA

V. L. Deltell

V. L. Deltell

¿Cuáles son las grandes prioridades del Parque Científico de la UMH para este año 2026?

Queremos que el parque consolide y haga crecer las líneas de actividad con las que empezamos: el área de emprendimiento de startups y el área de aceleración de estas empresas. Lanzamos en 2024 un programa de financiación para startup, un vehículo de inversión que se llamaba Vincle, y ahora queremos lanzar Vincle 2, por lo cual animo a todos los que tengan interés en invertir a que se pongan en contacto con nosotros porque abriremos este segundo vehículo en 2026. Además, vamos a ampliar las infraestructuras del parque: pasaremos a gestionar completamente el edificio Innova, lo que supone sumar unos 7.000 m² más, y completaremos el programa de escalado para empresas que ya facturan alrededor de 500.000 euros con un programa de comercialización muy ambicioso.

Si un particular quiere invertir 2.000 o 3.000 euros, ¿por qué se debería plantear entrar en este tipo de inversiones?

Lo primero es la ventaja de invertir en grupo, si nunca has invertido. Si eres un profesional independiente, un empresario o un autónomo interesado en meterte en este mundillo, pero no quieres arriesgar todos tus ahorros, aquí puedes aproximarte con cantidades pequeñas, 1.500 o 2.000 euros, sabiendo siempre que toda inversión conlleva riesgo y que puedes llegar a perder ese dinero. Además, esta opción te permite entrar en el mundo de la inversión de forma suave y agradable: te llamamos a las juntas, te presentamos los proyectos, aprendes el lenguaje propio de este entorno, que parece estratosférico pero es simple de entender, y nosotros te lo vamos traduciendo. Así puedes ver si te engancha o no la inversión en startups.

Más allá del aprendizaje, ¿qué atractivo económico tiene invertir en startups?

Invertir en startup tiene la ventaja de que a más riesgo mayor multiplicador. Los que invirtieron en PLD Space en 2012 pusieron quizá 3.000 o 6.000 euros y ahora tienen multiplicadores muy atractivos: entraron a un euro y hoy la participación está valorada en 1.000 euros la acción. Es verdad que asumieron un riesgo bestial: de negocio, tecnológico y de equipo, es decir, el riesgo de que ese grupo creciera y fuera capaz de escalar. Pero cuando el proyecto sale bien, los multiplicadores son muy atractivos, con independencia de las ventajas fiscales que ofrece la ley de apoyo al emprendimiento, pues si mantienes más de tres años la inversión y reinviertes las plusvalías, desgravas. Para mí, lo importante es que este tipo de vehículo tiene muchas ventajas para la ciudadanía en general, porque a bajo coste te da acceso a un panel de inversión atractivo y te evita tener que ir buscando startups por tu cuenta.

El caso PLD ha sido un antes y un después en la provincia. ¿Cómo se gestó esa primera financiación?

Cuando PLD necesitó completar un CDTI con 125.000 euros de inversión privada, no los conseguíamos porque al final eran dos chicos muy jóvenes con un powerpoint que te decían que iban a lanzar cohetes desde Elche para poner satélites en órbita. Nos costó Dios y ayuda: visitamos a casi todo el empresariado de la provincia, hicimos un llamamiento con el alcalde y el rector para apelar al ilicitanismo y al orgullo de la provincia, y al final la única forma de cerrar la ronda fue juntar a 20 personas que pusieron cada una entre 3.000 y 6.000 euros y se sindicaron. Si no se hubiese cerrado esa ronda, hoy no tendríamos 350 ingenieros trabajando allí, ni el Estado y la ESA habrían puesto más de 120 millones, ni tendríamos un Perte asociado. Muchos de los que invirtieron no eran grandes empresarios, sino profesionales liberales o pequeños empresarios que no podían arriesgar 50.000 o 100.000 euros, pero sí 3.000... De ahí sale la idea de replicar el modelo con Vincle.

Tonia Salinas, con su inseparable perrita Niebla en el Parque Científico de la UMH de Elche. | MATÍAS SEGARRA

Tonia Salinas, con su inseparable perrita Niebla en el Parque Científico de la UMH de Elche. | MATÍAS SEGARRA

¿Cómo nació exactamente el modelo de Vincle 1?

En Vincle 1 juntamos a 89 personas que pusimos 1.250 euros cada una; yo también invertí. De esos 89, 33 son de la propia comunidad UMH, profesores que se supone que tienen más aversión al riesgo, pero que ven que con 2.500 euros pueden apoyar proyectos interesantes. Muchas veces no lo hacen tanto por multiplicar ese dinero como por conseguir que empresas como Oscillum, Próspera o el resto de las ocho participadas se queden arraigadas en el territorio, generando empleo cualificado. Seamos egoístas: como trabajadores o como padres y madres de futuros trabajadores, nos interesa que haya aquí empresas de biotecnología, salud o tecnología que antes se habrían ido a Barcelona u otros polos porque allí estaba el dinero. Si de ocho empresas dos no salen y dos funcionan muy bien, habremos generado dos nuevas compañías de alto valor añadido en la provincia.

¿Qué efecto tiene Vincle sobre el ecosistema inversor que rodea a la UMH?

Para que haya volumen de proyectos, desde Vincle hacemos llamamientos a las empresas y hemos constituido un comité de inversión profesional. Eso ha conseguido atraer capital semilla y «family offices» que antes no miraban a esta provincia porque les costaba mucho encontrar proyectos y tenían que ir a mil sitios distintos. Ahora los concentramos en un punto: nosotros hemos levantado 400.000 euros, con los que hemos hecho ocho inversiones de entre 15.000 y 25.000 euros, reservando parte para segundas rondas, y esos inversores pueden coinvertir cuando un proyecto les interesa. También hay algún empresario que quería hacer sus pinitos en este mundo; para él, poner 6.000 euros es como para mí poner 50 céntimos, y a través de sucesivas rondas ha podido entrar ya con tickets mucho mayores en las empresas que le convencen.

Desde 2008, ¿cómo ha cambiado el perfil de empresas con las que trabajan?

Ha cambiado muchísimo. PLD es el caso más llamativo por el sector en el que opera, por el volumen de inversión y por la capacidad de crecimiento personal y profesional de sus promotores, capaces de pasar de un powerpoint a hablar con ministros y grandes inversores internacionales. Pero tenemos muchos otros casos de éxito quizá menos visibles para los medios: la spin‑off Centro CREA, referente en trastornos de la alimentación; Oscillum, premiados como jóvenes inventores europeos; Emxys, que diseña, fabrica y pone satélites en órbita desde 2005 -también genera sitemas electrónicos avanzados para misiones espaciales-; Prospera, que ha licenciado su cosmecéutico; o Avizorex, que ha desarrollado un medicamento para el ojo seco aprobado por la FDA y vendido a Alcon a partir de una patente del Instituto de Neurociencias de la UMH. Bioarray ha multiplicado por seis su actividad en diagnóstico prenatal y se está expandiendo por Latinoamérica, y Simplicity ha robotizado la fabricación de ciertos tipos de calzado reduciendo un 70% el coste y permitiendo relocalizar producción aquí. Son ejemplos de empresas que han nacido de nosotros, con nosotros o bajo nuestro paraguas y que están alcanzando sus metas.

¿Qué valor añadido tiene todo esto para los estudiantes que eligen la UMH?

Es indudable que tener estos referentes da un valor añadido a los estudiantes. La UMH, desde que nació, ha tenido en su ADN un carácter muy empresarial por la zona en la que está y la tipología de empresarios que la rodean, en ciudades muy emprendedoras como Elche u Orihuela. Tenemos programas de emprendimiento muy potentes: el Observatorio Ocupacional genera cultura emprendedora y nosotros ofrecemos programas ya orientados a la creación de empresas donde no se dan créditos por apuntarse, vienes porque quieres montar tu proyecto. Da igual que estudies salud, ingeniería, biotecnología, social-jurídico, Bellas Artes en Altea o agrotecnologías, siempre hay un programa para que veas que una opción es generar tu propio empleo y te acompañamos desde los primeros pasos de la idea hasta la reunión con fondos de capital riesgo.

También trabajan en que los equipos emprendedores sean más completos. ¿Cómo lo hacen?

Los equipos cuanto más mixtos mejor. Si te falta un informático para desarrollar tu idea, intentamos buscar a alguien que se enamore del proyecto y con quien haya química, porque la idea es como tu hijo: necesitas una pareja para criar a tu hijo y tiene que vibrar con él. No basta con «necesito un informático»; si no hay esa química, la idea no va a ningún sitio. Por eso, tenemos programas específicos para favorecer ese «match» entre perfiles técnicos, de negocio y creativos.

¿Qué papel juega el parque en la transferencia de la investigación universitaria a la sociedad?

Más que «transferencia» me gusta hablar de intercambio de conocimiento: hace falta lo que hay dentro de la Universidad y lo que hay en las empresas para crear algo nuevo. Cuando montamos una empresa de base tecnológica, el objetivo primario es que un resultado que estaba en un cajón salga a la sociedad, porque la sociedad, con sus impuestos, ha financiado esa investigación en la Universidad pública. El parque actúa como garante de que, cuando algo público pasa al sector privado, éste devuelva lo que lo público ha puesto, por eso tomamos participación y cuidamos esas empresas buscando retorno vía plusvalías y dividendos para financiar equipamiento, becas y nuevas iniciativas. El caso de Abizorex es muy claro: la UMH tiene un 3 % de la empresa y, según vaya alcanzando hitos regulatorios, ese porcentaje se traducirá en retornos, además de los «royalties» cada vez que un paciente se ponga la gota para el ojo seco.

Uno de los efectos colaterales que menciona es el cambio en la docencia. ¿Puede poner un ejemplo en este sentido?

Un profesor de la Escuela Politécnica Superior de Orihuela montó una spin‑off que acabó cerrando, pero eso tuvo un efecto muy positivo. Dos asignaturas de Tecnología de los Alimentos, una de desarrollo del producto y otra de economía y marketing, se alinearon en el mismo semestre para que los alumnos crearan un alimento, analizaran costes, diseñaran la campaña de marketing y lo llevaran a una feria. Es lo que hoy conocemos como New Food: una exhibición en Orihuela donde se pueden probar esos productos y donde muchas empresas del sector acuden, no solo por el producto sino para descubrir talento. Gracias a eso, muchos estudiantes se están colocando más fácilmente en las empresas agroalimentarias del entorno y salen mejor preparados al mercado.

Vincle 2 amplía el foco más allá de la provincia. ¿Cómo va a funcionar?

Pensamos lanzarlo en 2026 y, a diferencia de Vincle 1, queremos que sea de toda la Comunidad Valenciana. Los cinco parques científicos vinculados a las universidades públicas trabajamos en red desde hace años y nos llevamos muy bien. Ahora queremos que Vincle 2 aglutine inversores y proyectos de las tres provincias en un único vehículo. Colaboramos activamente también con el CEEIM de Murcia, que ya está en Vincle 1, porque nuestra ubicación hace que sea más fácil trabajar con Murcia que con Castellón, y el campus de Orihuela, muy agrotecnológico, encaja muy bien con la potencia de Murcia.

Si mira a diez años vista, ¿cómo le gustaría que fuera el Parque Científico de la UMH?

Me gustaría que la conexión sistemática con las empresas del entorno estuviera plenamente consolidada. Que cuando tengan un problema o un reto no se lo guarden, sino que lo vuelquen aquí para que les encontremos la tecnología adecuada, sea de la UMH o de otra universidad de la Comunidad Valenciana. Queremos haber puesto no un granito, sino una playa de arena para cambiar esa relación manida Universidad-empresa. El sueño es poder pasear por los parques industriales de alrededor dentro de diez o doce años y sentir el orgullo de haber contribuido a que 20, 30 o 40 empresas estén aquí, que nuestros ingenieros y biotecnólogos no hayan tenido que irse fuera y que nuestros hijos, si se marchan a Londres o donde sea, puedan volver si quieren.

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