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Aprender español contra la "automarginación" en Elche: Cruz Roja tiene a 90 migrantes en lista de espera

La organización detecta que el desconocimiento del idioma es la principal barrera para sociabilizar y encontrar empleo de quienes intentan regularizar su situación

Decenas de alumnos tras completar hace días en Elche la última formación en español de Cruz Roja

Decenas de alumnos tras completar hace días en Elche la última formación en español de Cruz Roja / INFORMACIÓN

J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

Sarae Benali llegó a Elche con su tía hace un año y medio tras dejar atrás su tierra, Marruecos, con el propósito de mejorar su calidad de vida. Desde entonces, no ha dejado de estudiar para tratar de dominar el idioma y se emociona cuando la animan diciéndole lo mucho que ha evolucionado en este tiempo.

Mientras consigue regularizar su situación en el país, no para de escuchar música en español, ver vídeos y repetir frases en casa. Ansía el día en que pueda trabajar de lo suyo en el mundo de la estética o la hostelería, campos en los que se ha formado.

Esta mujer de 36 años es una de las alumnas que en los últimos meses han participado en los cursos intensivos de español para extranjeros que ofrece la asamblea local de Cruz Roja en su centro de formación de Carrús. El recurso, al igual que otros similares que prestan más colectivos sociales de la ciudad y el propio Ayuntamiento, resulta crucial para multitud de migrantes que no pueden permitirse pagar clases en centros de idiomas.

Uno de los exámenes en los cursos de formación de español que ofrece Cruz Roja en Elche

Uno de los exámenes en los cursos de formación de español que ofrece Cruz Roja en Elche / INFORMACIÓN

Estas titulaciones resultan de utilidad de cara a empleadores que necesiten tener la certeza de que la persona pueda mínimamente defenderse en español e incluso a una parte les sirve como preparación para obtener la nacionalidad.

Integración

Tal es el interés que en estos momentos la entidad acumula hasta 94 personas en lista de espera. Personas que aguardan para acceder a algo que va mucho más allá de aprender un idioma, ya que les da la posibilidad de trabajar, integrarse y sentirse parte de la comunidad. Digamos que el número es el reflejo de una realidad migratoria en aumento, de personas que muchas veces llegan con lo puesto y con una enorme voluntad de salir adelante que, si no entran en un curso, esperan al siguiente.

Hace apenas unos días la organización humanitaria cerró su última convocatoria en la que se entregaron los certificados A1 de castellano a 36 alumnos, que representan el 85% del total al que se le impartieron las clases y que completaron el ciclo intensivo de tres meses.

Prácticamente, el 60% de los estudiantes procedían de países africanos como Senegal, Nigeria, Marruecos o Argelia, aunque el espectro de nacionalidades es muy amplio, y sobre todo en los últimos tiempos se vienen detectando más ciudadanos procedentes de rincones europeos como Bielorrusia, Ucrania o Francia, además de países asiáticos como Sri Lanka.

La media de edad es de unos 35 años y aproximadamente el 70% de las integrantes son mujeres que compatibilizan las clases con el cuidado de sus hijos, con trabajos muchas veces precarios o con la incertidumbre administrativa.

Lo curioso de estas formaciones es que terminan con jornadas en las que cada alumno trae platos típicos de su país, un ejercicio más para disolver fronteras.

“Sin idioma no hay oportunidades”

Antonio Ramón Guilabert, presidente de la asamblea local de Cruz Roja, sostiene que ellos ven vital dominar cuanto antes el español para lograr una oportunidad laboral. De igual manera, ven esta enseñanza como una especie de trampolín a otros cursos de la propia organización para aprender oficios como el de pescadero, carnicero o carretillero, perfiles profesionales que en los últimos años están muy demandados.

Caroline Soler, técnica responsable del aprendizaje del idioma de Cruz Roja, insiste en que el proyecto va mucho más allá de la gramática, ya que también se enseñan las costumbres locales, cómo funciona el sistema sanitario y educativo, y cómo son las normas sociales que hay en el país. "En España, a partir de las doce de la noche, no se hace ruido. Para muchos eso es nuevo”, ejemplifica la responsable. De igual manera, se les pone en contacto con las asociaciones de sus barrios para que conozcan la oferta de actividades en Elche.

La entidad prepara ahora nuevos grupos de A1 y A2, además de jornadas conjuntas con Cáritas y Elche Acoge para intercambiar experiencias. Eso sí, explican que, pese a que siempre hay demanda, la oferta tiene que adaptarse al número de voluntarios que se ofrezcan como docentes, ya que este es el perfil que sostiene estos cursos. Por ello, desde Cruz Roja hacen un llamamiento a que existan más interesados en enseñar.

"Caravana del bien"

Rafik Ouhibi es uno de los profesores voluntarios. Argelino, antiguo profesor universitario y enamorado de la literatura española, llegó a Elche tras pasar por Valencia, con trabajos precarios y una familia a su cargo.

Después de haber estado como operario en la obra, está intentando mantenerse con su vocación de enseñar y ofrece clases online de español compatibilizándolo con su labor altruista en la asamblea local. “Tenía la obligación moral de sumarme a esta caravana del bien”, narra a este diario. Digamos que enseña por convicción porque confía plenamente en que la integración pasa necesariamente por el idioma. “No se puede vivir en un país sin entenderlo. Te automarginas”, ataja.

Es así que más allá de aprender a armar frases coherentes se traducen expresiones, se explican códigos sociales y se desmontan prejuicios que los propios migrantes traen de sus lugares de procedencia. "Muchos vienen marginados por el nombre o el físico y, al tener suficiente conocimiento del idioma, empiezan a hacer el esfuerzo de intentar hablar bien y tener los modales que tenían en su país y perdieron al llegar aquí. Por eso, cuando conocen los códigos sociales y empiezan a entender, se sienten aliviados", traslada.

Expresiones populares

Cuenta, entre risas, que la típica expresión "ni fu ni fa" es una de las que más termina calando entre el alumnado magrebí, porque hay una equivalencia en árabe. Una anécdota que evidencia que el trabajo del profesional es tratar de conectar su cultura con la del país que les ha acogido.

El docente defiende una integración basada en tener derechos y obligaciones, es decir, en respeto mutuo. Al hilo, explica que con su papel ha ayudado a cambiar la mentalidad de quienes creían que no encajaban en la sociedad, por lo que reivindica aquella frase del filósofo Descartes de que "el cambio empieza a través de la instrucción".

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