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Crevillent celebra 115 años de Félix Candela, su arquitecto más universal: del Oceanogràfic a México

La Casa de Cultura lanza un documental y acoge una muestra internacional que reivindica el legado estructural y su vínculo emocional con el municipio

Las cubiertas de Félix Candela son mundialmente conocidas y reconocibles

Las cubiertas de Félix Candela son mundialmente conocidas y reconocibles / V. L. Deltell

V. L. Deltell

V. L. Deltell

Crevillent está conmemorando el 115 aniversario del nacimiento de Félix Candela mirando hacia el cielo, igual que lo hacían las cubiertas que lo hicieron célebre en medio mundo. La Casa Municipal de Cultura “José Candela Lledó” acoge hasta abril de 2026 la exposición “Félix Candela. La conquista de la esbeltez”, un recorrido por la trayectoria del arquitecto más universal vinculado a la localidad y una oportunidad para reconciliar memoria, identidad y proyección internacional.

Aunque nació en 1910 en Madrid, hijo de una familia crevillentina que emigró a la capital a comienzos del siglo XX, Candela siempre estuvo ligado simbólicamente a la tierra de sus abuelos. Exiliado tras la Guerra Civil y asentado definitivamente en México, desarrolló allí la mayor parte de su carrera y se convirtió en una referencia mundial de las estructuras laminares de hormigón armado.

La muestra sobre Félix Candela se compone de paneles explicativos y maquetas sobre edificaciones singulares del arquitecto con raíces en Crevillent

La muestra sobre Félix Candela se compone de paneles explicativos y maquetas sobre edificaciones singulares del arquitecto con raíces en Crevillent / V. L. Deltell

Una muestra para entender su legado

La exposición está organizada por el Ayuntamiento de Crevillent junto al Cedex y la Fundación Juanelo Turriano, con la colaboración de la Cátedra de Arquitectura Sostenible, la Universidad Politécnica de Madrid y el Departamento de Construcciones Arquitectónicas de la Universidad de Alicante. Comisariada por Pepa Cassinello y coordinada por Ana Satorre y Bernardo Revuelta, plantea un itinerario en tres tiempos: el contexto internacional de la “aventura laminar” y sus primeras obras en México; las colaboraciones y proyectos posteriores, incluida su etapa madrileña; y su faceta como profesor y pensador de la arquitectura.

Maquetas originales, planos, fotografías históricas, modelos experimentales y análisis estructurales permiten comprender cómo Candela convirtió el hormigón armado en una escultura habitable. La propia sala expositiva, de geometría curva y espacio esférico, acompaña ese relato visual y técnico, reforzando la idea de ligereza y tensión que definió sus cascarones.

La exposición sobre Félix Candela y su arquitectura estará en la Casa de Cultura de Crevillent hasta abril

La exposición sobre Félix Candela y su arquitectura estará en la Casa de Cultura de Crevillent hasta abril / V. L. Deltell

En paralelo, la Casa de Cultura ofrece visitas guiadas y un homenaje audiovisual dirigido y producido por Ana Satorre y realizado por Roque A. Ortiz, con la participación de la concejala de Cultura, la comisaria de la exposición, un arquitecto colaborador, un amigo personal del propio Candela y el director de la Fundación Juanelo Turriano. El documental puede verse en el canal “Cultura Crevillent” y amplía el recorrido desde el municipio hasta Ciudad de México, Madrid o Valencia.

La aventura laminar del siglo XX

Candela formó parte de una generación de ingenieros y arquitectos -junto a nombres como Maillart, Nervi, Torroja o Niemeyer- que exploraron las posibilidades del cemento armado en la llamada “aventura laminar”. En sus manos, los conocidos como “thin concrete shells” dejaron de ser una mera innovación técnica para convertirse en arte estructural.

Tras la Guerra Civil, en la que fue capitán del Ejército republicano, cruzó la frontera hacia Francia y acabó recalando en México, donde encontró un contexto propicio para experimentar: mano de obra asequible, clima favorable y libertad para ensayar nuevas formas. En 1950 fundó Cubiertas Ala, la empresa familiar desde la que levantó más de 800 estructuras laminares en poco más de veinte años, una producción extraordinaria guiada por una obsesión: conquistar la esbeltez y hacer más con menos material.

Su firma geométrica fue el paraboloide hiperbólico, una superficie reglada que, pese a su complejidad matemática, podía ejecutarse con encofrados rectos. Esa solución le permitió diseñar cubiertas de apenas unos centímetros de espesor capaces de salvar luces de hasta treinta metros sin apoyos intermedios.

De ahí surgió su elemento más célebre, el “paraguas”: cuatro paraboloides que confluyen en un pilar central y que, repetidos modularmente, generaban fábricas, almacenes o estaciones de servicio donde la luz se filtraba por los encuentros y el techo parecía flotar. El almacén de Río en Lindavista o la Fábrica High Life en Coyoacán son ejemplos paradigmáticos de esa solución.

Las cubiertas de Félix Candela son mundialmente conocidas

Las cubiertas de Félix Candela son mundialmente conocidas / V. L. Deltell

Entre sus obras más reconocidas figuran el Pabellón de Rayos Cósmicos de la UNAM (1951), la Iglesia de la Medalla Milagrosa (1953), el restaurante Los Manantiales de Xochimilco o la embotelladora Bacardí. En todas ellas, la estructura no se oculta tras revestimientos: es forma, espacio y economía constructiva al mismo tiempo.

Un círculo simbólico

A finales de los años sesenta, el contexto técnico y económico cambió y la gran aventura laminar fue perdiendo peso frente a nuevas soluciones espaciales y metálicas. Candela supo adaptarse. Participó en proyectos como el Palacio de los Deportes de Ciudad de México en 1968 y colaboró en España en iniciativas vinculadas a Madrid y a la Universidad Islámica de Riad.

En su última etapa dejó una huella especialmente reconocible para el público valenciano: el Oceanogràfic de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, donde se reinterpretó formalmente el restaurante Los Manantiales. Esa pieza blanca y curva que emerge sobre el agua simboliza, para muchos, el cierre de un círculo entre el Mediterráneo y México.

Pese a los numerosos reconocimientos —Medalla de Oro de la Institution of Structural Engineers en Londres, premio Auguste Perret de la UIA, Medalla de Oro de la Arquitectura en España y varios doctorados honoris causa—, Candela mantuvo siempre una actitud humilde. Solía comenzar sus conferencias afirmando que, “en cualquier caso, quiero dejar bien sentado que no creo tener autoridad alguna para hablar sobre Arquitectura”. Y explicaba su trayectoria vital recordando que había podido “viajar en diligencia de caballos desde Crevillente a Alicante y terminar subido a un jet”.

El profesor y el pensador

Esa misma coherencia marcó su labor docente, primero en la Escuela de Arquitectura de Madrid y después en la Universidad de Illinois en Chicago. Defendió una “nueva filosofía de las estructuras” basada en comprender las leyes de la naturaleza, experimentar a escala real y huir del formalismo vacío. Sus textos, como “Hacia una nueva filosofía de las estructuras” o “En defensa del formalismo y otros escritos”, siguen siendo referencia para estudiantes y profesionales.

El homenaje que ahora impulsa Crevillent no es solo un repaso cronológico a una carrera brillante. Es también un gesto de recuperación simbólica hacia un hijo ausente que apenas regresó unas horas al municipio en 1993, tras descubrirse públicamente su vínculo con la localidad. Hoy, a través de maquetas, fotografías, planos y proyecciones, el arquitecto vuelve de manera figurada a la tierra de sus abuelos.

Con esta exposición, el municipio sitúa su nombre en el mapa internacional de la arquitectura contemporánea y reivindica la figura de un creador que transformó el hormigón en ligereza, cálculo y emoción. A 115 años de su nacimiento, Crevillent mira hacia arriba y reconoce en Félix Candela una biografía atravesada por la innovación y la búsqueda constante de la esbeltez.

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