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Las residencias de estudiantes de Elche se rearman frente a los pisos con servicios como entrenador personal

El sector trata de ser competitivo ante el aumento de viviendas dedicadas a universitarios y la UMH proyecta un complejo para albergar a más de 200 alumnos

Boom de las residencias universitarias en Elche: de dos a más de diez en cinco años

Boom de las residencias universitarias en Elche: de dos a más de diez en cinco años / Áxel Álvarez

J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

El mercado del alojamiento universitario en Elche atraviesa una etapa de reajuste marcada por dos tendencias paralelas que van del encarecimiento del alquiler por habitaciones a la proliferación de pisos reconvertidos para estudiantes. En este contexto, las residencias han optado este curso por reforzar su oferta con nuevos servicios y prestaciones para diferenciarse de los particulares. Todo con tal de consolidar su atractivo entre los jóvenes.

Se calcula que en la ciudad existen algo más de 400 plazas operativas repartidas en cerca de una decena de centros que se anuncian como residencias principalmente entre Altabix y la zona centro. Compiten en un entorno cada vez más fragmentado y no solo por el precio. Si durante años el principal tirón de estos espacios fue la estabilidad con contratos cerrados, servicios básicos garantizados y un entorno controlado, ahora las empresas han comenzado a invertir en prestaciones vinculadas al bienestar y al estilo de vida, con gimnasios propios que incluso ya llegan a incluir entrenadores personales, fuentes de agua filtrada o zonas comunes rediseñadas para el estudio y el ocio.

Desde Elig Hall, la empresa que concentra la mayoría de plazas y que gestiona la residencia universitaria de la Universidad Miguel Hernández, además de otros seis centros para estudiantes, explican que este curso han incorporado la figura del entrenador personal porque se habían dado cuenta de que era uno de los servicios que podía resultar motivador para los usuarios. Y no porque se encuentren actualmente en la cuerda floja, si no en vista al futuro que se abre. En estos momentos están al límite de la capacidad y esperan para el próximo curso abrir nuevas dependencias en la Corredora para alojar a unos 17 estudiantes después de unas obras que hasta la fecha siguen ejecutándose.

Instalaciones comunes de una de las residencias Velarde de Elche

Instalaciones comunes de una de las residencias Velarde de Elche / AXEL ALVAREZ

Cuando se les pregunta por cómo ven el sector en unos años, vienen a decir que van a «echar el freno» porque entienden que es complicado seguir invirtiendo en este modelo de hospedaje tal y como está planificada urbanísticamente la ciudad. Y es que a diferencia de otros municipios como Sant Vicent del Raspeig, que cuenta con grandes residencias en el extrarradio para cubrir la alta demanda que acude a la Universidad de Alicante, en Elche los propios campus están integrados en el núcleo urbano, con lo cual la iniciativa privada se limita a espacios reducidos.

Capacidad bajo mínimos en verano por mantenimiento

Este modelo residencial tiene límites en cuanto a la actividad ya que termina siendo estacional y amoldada a los diez meses que dura el curso universitario. Así las cosas, durante el verano, la práctica mayoría de los centros directamente no oferta el servicio tras terminar el curso, y aprovechan para realizar tareas de mantenimiento con tal de poner a punto las instalaciones para volver a recibir al alumnado en el curso nuevo, de ahí que para algunos sea un hándicap ya que hay estudiantes de otros países o comunidades que no pasan toda la temporada estival en sus lugares de procedencia y echan en falta el tener la posibilidad de ampliar los plazos.

Por un lado escasean edificios que cumplan las condiciones idóneas para rehabilitarse para este fin y, lo más importante, que salgan las suficientes plazas como para ser rentables. Por contraposición, los empresarios del sector se encuentran en la disyuntiva de que están aflorando infinidad de pisos dedicados exclusivamente a estudiantes siguiendo una tendencia generalizada en el país de explotar las propiedades por habitaciones, lo que deja a las familias con mínimas posibilidades de encontrar un hogar asequible.

Dudas

Esta casuística también siembra dudas entre los propios estudiantes, que cada vez se plantean más qué camino escoger, teniendo en cuenta que el precio medio de una habitación en un piso compartido ronda ya los 380 euros mensuales de media generalmente sin suministros, con opciones mínimas por algo más de 200, unas cuantías que cada vez se parecen más a las de la cuota en una residencia, que puede ir de los 330 euros, donde suelen ser habitaciones compartidas, hasta 600 euros en los formatos más premium. Si bien, estos recursos, que normalmente solo han subido tarifas acorde al IPC, suelen incluir el servicio de lavandería, limpieza y hay hasta las hay que ofrecen el desayuno, además de contar con asistencia 24 horas y videovigilancia ante robos.

Son ventajas que, por ejemplo llamaron la atención de Samuel Gómez, toledano de tercero de Psicología que ve que puede centrarse en estudiar y en el ocio sin preocuparse de cuestiones domésticas.

Menos del 30% de alumnado termina el grado en los centros reglados

Las residencias de estudiantes están intentando todas las fórmulas posibles para fidelizar con los estudiantes hasta el punto que decidan quedarse durante toda la experiencia universitaria, lo que les daría más estabilidad a la hora de asegurar que todas las plazas se llenan. Si bien, la realidad es diferente, ya que sólo del 15 al 30% de los matriculados permanecen los cuatro años del grado ya que la mayoría suelen estar hospedados los dos primeros cursos a lo sumo. La explicación es que si de entrada el hecho de que haya unas normas y servicios agrada a la familias, los alumnos terminan buscando compartir piso con amigos o en pareja, mientras que en las residencias no puede pernoctar nadie ajeno.

Ahora bien, hay empresarios que también abren el melón de la profesionalización. Javier Gómez, socio del grupo Velarde que tiene dos residencias, el problema no es solo cuantitativo, sino también cualitativo ya que entiende que muchos de estos pisos se anuncian como residencias, pero no lo son. «Nosotros tenemos que cumplir normativa de seguridad, prevención, detectores de humo o desratización, y en muchos casos no sabemos si eso se cumple».

Gómez advierte además de un efecto colateral, que es el hecho de que existen estudiantes que llegan a mitad de curso descontentos con las condiciones de los pisos. «Nos llaman diciendo que no es lo que les vendieron», por lo que entiende que debería haber más control. A este respecto apunta que la Administración acumula años de retrasos en cuanto a la aplicación de las licencias y hay centros que siguen todavía operando solo con la declaración responsable. Precisamente para tratar de arrojar luz sobre qué instalaciones están en buenas condiciones se llegó a crear el portal AlohaElx que pone en contacto a propietarios con posibles inquilinos e incluso esta página se encarga de validar si las instalaciones pasan los filtros mínimos. Ahora bien, ni todos los pisos están anunciados ni todos los jóvenes conocen de la existencia de estos portales, pese a que universidades como CEU Cardenal Herrera cuentan en su propio portal web con una base de datos con infinidad de opciones de alquiler y alojamientos en las residencias.

Una de las estudiantes alojadas en una de las residencias de la firma Elig Hall en Elche.

Una de las estudiantes alojadas en una de las residencias de la firma Elig Hall en Elche. / AXEL ALVAREZ

Macro residencia

La UMH, por su parte, sólo promueve a través de sus canales institucionales la residencia universitaria que puso en marcha hace dos años y con gestión privada. Al hilo, desde la institución académica insisten en que la futura macro residencia de entre 200 y 300 plazas que ya anunció en diciembre el rector, Juanjo Ruiz podría suponer un alivio para un mercado cada vez más tensionado.

El vicerrector de Infraestructuras, Pedro Vicente, explica que la institución trabaja desde hace meses en la tramitación del expediente patrimonial necesario para sacar a concurso la concesión de la ejecución. Reconoce que se trata de procedimientos complejos, aunque espera que antes de acabar el curso pueda sacarse a licitación.

La UMH no construirá directamente el edificio, que estaría integrado en el propio campus en la avenida Unesco, sino que cederá una parcela durante un periodo de entre 50 y 75 años a una empresa privada, que se encargará de la obra y la gestión. Apuntan que hay mucha demanda, y no solo de estudiantes de grado y máster, sino también de doctorado y visitantes.

Desde la universidad confían en que este tipo de infraestructuras ayudan a frenar el encarecimiento del alquiler en los barrios próximos al campus, una preocupación creciente a nivel estatal, y que está respaldada incluso por programas del Ministerio de Universidades y con ayudas ICO para facilitar la inversión.

En vista al crecimiento ininterrumpido de la conversión de locales comerciales en viviendas, expedientes que cada semana pasan por junta de gobierno, desde la concejalía de Aperturas no tienen un dato claro sobre cuántos de esos locales van enfocados a estudiantes ya que aquí el libre mercado manda y los titulares no tienen que detallar las finalidades de esos pisos que se van a arrendar, si no sólo que se cumplan las condiciones de habitabilidad, con lo cuál es prácticamente imposible cuantificar la oferta real. En cuanto a residencias, la edil Caridad Martínez expone que le consta que haya en trámite sólo una nueva y entiende que al tratarse de un fenómeno relativamente reciente no ha surgido la necesidad de la Administración de regular la implantación porque descartan que haya una saturación o conflictos vecinales latentes.

Viviendas tuteladas como tránsito a la independencia

El modelo de pisos tutelados vinculado a residencias universitarias, implantado desde hace años en Cataluña, comienza a despertar interés en Elche como una posible solución intermedia entre la vida en estos alojamientos reglados y el alquiler tradicional. Se trata de un sistema que permite a los estudiantes trasladarse a viviendas compartidas bajo la supervisión de la propia residencia, manteniendo ciertos servicios como limpieza y lavandería, además de acompañamiento.

Según explican empresas locales que están planteándose este formato híbrido, la necesidad responde a la realidad de que muchos jóvenes no permanecen toda su etapa universitaria en residencias. Con el paso del tiempo, buscan mayor intimidad, autonomía y espacios menos controlados.

En la práctica, la residencia , gestionaría los contratos y supervisaría la convivencia con tal de reducir los riesgos habituales del alquiler estudiantil, como podrían ser impagos, deterioro de viviendas o conflictos vecinales. Blas Fernández, de la residencia Velarde, reconoce que pese a que están barajando esta posibilidad, y que ahora están con prueba-error, se encuentran con que uno de los principales obstáculos es su encaje en comunidades de propietarios.

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