Fernando Penalva: "El órgano de Santa María tiene más valor musical, pero Elche ha perdido patrimonio del siglo XVIII"
El historiador ilicitano Fernando Penalva Martínez aborda cómo desapareció el principal instrumento de la basílica en una conferencia organizada por la Cátedra Pedro Ibarra este lunes, en el aula de la UMH en la Plaça de Baix, por el 90 aniversario de la quema del templo

El historiador Fernando Penalva dentro de la basílica de Santa María junto al órgano actual / AXEL ALVAREZ
¿Cómo surgió la idea de investigar y presentar esta ponencia sobre el órgano perdido de la basílica de Santa María de Elche?
Había estudiado los órganos históricos de la ciudad de Orihuela como capital de la diócesis, porque allí es donde más patrimonio organístico hay de la provincia. Elche ya lo conocía por cuestiones personales y siempre me había interesado desde adolescente. De hecho, incluso cuando comenzaron a montar el órgano actual, yo me acercaba y tengo fotografías que hice con una cámara digital compacta. El antiguo órgano del siglo XVIII me interesaba porque es un elemento patrimonial muy desconocido para la mayor parte de la gente y tiene mucho interés.
¿Qué sabemos con certeza sobre este patrimonio?
En las investigaciones sobre patrimonio destruido hay que acudir al rastro documental que deja. En este caso, al haber sido quemado, hay que recurrir a los contratos, a los pagos, a las crónicas, a las fotografías y a los testimonios de personas que visitaron Santa María antes del 20 de febrero de 1936 y que detallaron con mucha minuciosidad lo que habían visto. Tenemos el material fotográfico, el rastro documental y los testimonios. Con todo eso se puede reconstruir lo que se sabe con certeza. Sabemos que fue construido por Leonardo Fernández Dávila entre 1752 y 1754, y que se ajustó a los plazos previstos, lo cual es curioso. También conocemos su aspecto general gracias a esas fuentes.
¿Hay relación del artífice con otras obras reseñables?
Llegó a trabajar incluso con la Casa Real. Inició el órgano del Palacio Real de Madrid, aunque lo terminó después otro organero mallorquín, Jordi Bosch. Es el autor del órgano de Santa María y no hay ningún otro instrumento suyo en la provincia ni en la Comunidad Valenciana. Eso lo convierte en una pieza única dentro del ámbito geográfico en el que nos encontramos.
¿Qué valor tenía la caja del órgano?
Estaba construida como un retablo, con esculturas doradas y policromadas. Fue realizada por Ignacio Castell, un escultor ilicitano que era un gran retablista y tenía mucha obra en la provincia. En su momento fue una referencia en retablos y escultura religiosa en Alicante.

El historiador, que ejerce como guía en Praga, empezó a interesarse por la historia de los órganos hace más de dos décadas / AXEL ALVAREZ
¿Cómo fue exactamente la quema?
Fue el resultado de una escalada violenta muy rápida. No hubo intervención de las fuerzas del orden. Se inició sobre las cuatro de la tarde. Empezó por otras parroquias y lugares, y Santa María fue probablemente el último. Se hicieron piras con madera, textiles, bancos, esculturas. En un espacio cerrado se alcanza más temperatura. Además, los tubos eran de plomo y estaño, que funden a bajas temperaturas, así que la destrucción fue muy rápida. Los bomberos llegaron casi al anochecer. En ese tiempo, todo lo inflamable quedó arrasado.
¿Quedó algún rastro tras el incendio?
No se conservó absolutamente nada porque quedó totalmente arrasado. No solamente hablamos de que la caja sea de madera. Dentro hay fuelles, piezas pequeñas, varillas muy finas, infinidad de listones. Siempre lo comparo con iniciar una hoguera, porque primero arden los palitos pequeños y luego los troncos grandes. Dentro del órgano hay muchas piezas finas que actúan como iniciadores del fuego. Las crónicas indican que la zona más afectada fue la del crucero, donde estaba el órgano. Fue probablemente donde más virulencia alcanzaron las llamas.
¿Qué patrimonio se perdió, además del órgano?
No se conservó nada del retablo del Altar Mayor. Algunas imágenes se rescataron, como El Nazareno, pero solo se salvaron zonas más aisladas como la sacristía o el archivo. Hay fotografías, informes de Antonio Serrano Peral y testimonios que lo documentan.
¿Cómo se resolvió esa ausencia musical dentro de la basílica?
Se utilizó un armonio, con lengüetas, parecido a un acordeón. Era una solución provisional. Hasta los años 60, el órgano no se integra plenamente en el Misteri. Mucha gente lo asocia ahora, pero es una incorporación relativamente moderna. De igual modo, tras la guerra, se inauguró un órgano en 1948 y parte de él se conserva en Beniarrés. Fue construido con muchos menos recursos y en la basílica se mantiene la caja, que es la que vemos hoy. Ese órgano era de transmisión eléctrica a diferencia del actual, que es de transmisión mecánica, con varillas y mecanismos bajo el mueble. Todo el instrumento actual es nuevo mientras que el del 48 quedó a medio terminar en lo escultórico, y con el tiempo fue desmontado y sustituido.
¿En qué se diferenciaba el sonido del siglo XVIII del actual?
Era un órgano barroco ibérico, un tipo que se desarrolla únicamente en la península ibérica y en América bajo la corona española y portuguesa. El actual incorpora registros del siglo XIX y del órgano romántico, con innovaciones que no tenía el antiguo. Hay sonidos y recursos sonoros que se añadieron en ese periodo y, aunque no hay grabaciones del órgano antiguo, probablemente se parecería al restaurado de la catedral de Orihuela, aunque no haya conexión directa entre sus constructores.
¿Se ha dado un paso atrás a nivel de calidad musical?
Hay que sopesar autenticidad o riqueza sonora. El órgano actual tiene más variedad tímbrica, más registros y más recursos musicales. Tiene más valor musical, pero menos valor patrimonial que uno del siglo XVIII. Habría que sopesarlo y ponerlo en una balanza.
Si se hubiese salvado de aquella quema, ¿habría aguantado hasta la actualidad?
Probablemente sí, con un mantenimiento adecuado. Un órgano es un mecanismo gigantesco que necesita limpieza, afinación y reparaciones y el polvo es su mayor enemigo. Con cuidados, habría podido conservarse.
¿En qué se basaron para recrear el original?
Se tomaron referencias de órganos históricos conservados y de otros construidos por Leonardo Fernández Dávila, como los del Palacio Real o los de Granada. También hubo una base documental importante. En el libro que documentó todo el proceso, coordinado en su momento por Joan Castaño, se puede ver cómo no se trata sólo de construir un órgano, sino de recomponer un paisaje sonoro determinado.
"En Andalucía o en Castilla y León se conserva un patrimonio menos distorsionado y aquí ha habido incendios, expolios y desconocimiento"
¿Quedan bienes organísticos de aquella época?
En nuestra zona ha quedado poco y no solo por las guerras, sino porque muchas veces se hicieron intervenciones que desnaturalizaron los instrumentos. En Andalucía o en Castilla y León se conserva un patrimonio menos distorsionado. Aquí ha habido incendios, expolios y desconocimiento. Además, se puede modificar la parte instrumental sin cambiar la apariencia exterior, lo que dificulta saber qué se conserva realmente. Por ejemplo, el órgano de Monóvar es interesante, también el de Novelda. En Alicante se restauró el de la concatedral. Pero, en general, ha habido mucha pérdida patrimonial o modificaciones que han desnaturalizado los instrumentos originales.
¿Había más órganos en Elche en aquella época?
Sí, en San Juan y en El Salvador. Eran las tres parroquias mayores de la ciudad. De esos órganos hay menos datos, pero existían, y el de Santa María siempre destacó por su relación con el Misteri.
¿Qué papel ha tenido La Festa en este patrimonio?
Fundamental. Si no hubiese existido, no se habría construido el órgano de 1948 ni el actual, ni probablemente el del siglo XVIII. Gran parte del patrimonio organístico de Santa María se debe al Misteri.
"La rehabilitación integral apremia y cada día que pasa es un día que se pierde"
La basílica sigue acumulando redes mientras llega el esperado proyecto de rehabilitación. ¿Le preocupa su estado actual?
La rehabilitación integral apremia y cada día que pasa es un día que se pierde. No hace falta ser experto para ver que la situación no es la mejor. Hay mallas en todas las fachadas. El reloj corre en contra de la conservación del monumento más importante de la ciudad. Con las medidas adecuadas no tendría por qué afectar al órgano, pero, si el edificio se deteriora, todo lo que hay dentro corre riesgo.
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