Sisi visitó el Huerto del Cura de Elche vestida de amarillo para celebrar que se salvó de un naufragio
La investigadora Silvia Santibáñez arroja luz sobre cómo fue el paso de la emperatriz hace 132 años en el marco de unas jornadas del jardín artístico que incluyen el domingo una recreación histórica

La Palmera Imperial de Elche, en imagen de archivo. / Matías Segarra
Durante décadas, la visita de la emperatriz Sisi a Elche permaneció envuelta en una mezcla de tradición oral, referencias dispersas y datos imprecisos, pero este miércoles se despejaron algunas dudas en una ponencia celebrada en el Centro de Congresos que permitió reconstruir con detalle aquel episodio gracias a un trabajo de investigación que se ha prolongado durante más de dos años.
La conferencia, impartida por Silvia Santibáñez, una de las principales especialistas españolas en la figura de Elisabeth de Austria (Isabel de Baviera), formó parte de un programa cultural impulsado por el Jardín Huerto del Cura para conmemorar el 132 aniversario de la estancia de la soberana en el Palmeral, e incluso no descartan promover cada año el "Sisi Day" para poner de relieve la efeméride.

El director del jardín Huerto del Cura, Vicente Federico Orts, junto con la investigadora Silvia Santibáñez en la ponencia / AXEL ALVAREZ
Viaje al pasado
Las conclusiones de este trabajo, en el que también se ha involucrado el director del jardín, Vicente Federico Orts, ha servido también de base para una recreación histórica que se celebrará este domingo a partir de las 11 horas en el entorno de la Palmera Imperial, nombrada así en su honor, para escenificar cómo fue aquella llegada a la ciudad vestida de amarillo, pese a estar en pleno proceso de duelo por la pérdida de su hijo, y tras quedar varada su embarcación.
Con sus investigaciones Santibáñez pudo lanzar en 2025 su obra "El Diario de la Hija de Sisi" que ofrece la primera traducción al español del diario personal de María Valeria de Habsburgo, la primera de los cuatro hijos de la emperatriz, así como el ensayo "El Guardián de Majestades", que recoge a través de las memorias del comisario Xavier Paoli cómo fue su relación con personajes como la emperatriz. En el plano local la autora, gracias a sus indagaciones, pudo dar con el día definitivo en el que visitó Elche: el 18 de febrero de 1894, cuatro años antes de ser asesinada. Hasta hace no mucho, incluso en el propio Huerto del Cura se manejaban fechas erróneas.
No obstante, la corrección fue posible gracias al análisis cruzado de fuentes internacionales así como a la consulta del diario personal de su hija. El trabajo, por tanto, incluyó el rastreo de hemerotecas, registros marítimos, crónicas diplomáticas y correspondencia privada, así como la colaboración con especialistas húngaros que facilitaron documentación conservada en archivos de Budapest.

Uno de los carteles informativos sobre la ponencia acerca de Sisi / AXEL ALVAREZ
Avería
La llegada de Sisi a Alicante estuvo precedida por un episodio dramático. Su barco, El Greif, sufrió una grave avería frente a las costas de Almería, con una rotura en el casco que provocó que quedara varado durante horas en alta mar hasta que un buque francés acudió en su auxilio.
La noticia del rescate se difundió rápidamente cuando el barco llegó a puerto con los supervivientes. Tras ser remolcado hasta la capital de provincia, la emperatriz decidió desplazarse hasta Elche para conocer el Palmeral, del que había oído hablar por referencias literarias y por recomendación de su primo, el archiduque Luis Salvador.
En tiempos sin Instagram: libros de viaje
Tal y como relata la autora, a finales del siglo XIX los huertos históricos gozaban ya de una notable reputación e incluso viajeros y escritores de la época lo habían descrito como un paisaje exótico dentro del continente europeo. Entre ellos se encontraba Hans Christian Andersen, cuyas crónicas ayudaron a consolidar la imagen ilicitana como oasis mediterráneo. "Si ahora la gente busca referencias por Instagram, estos libros de viaje eran consultados por aristócratas y burgueses antes de desplazarse", ejemplificó la investigadora.
Ahora bien, ¿por qué viajaba tanto la emperatriz? Tras el suicidio de su hijo Rodolfo en Mayerling en 1889, su equilibrio emocional quedó profundamente afectado. Desde entonces, “viajaba para no hundirse”, ya que para ella la corte vienesa, con su rígido protocolo, le resultaba asfixiante. Incluso su marido, el emperador Francisco José, la animaba a marcharse.
España, de alguna forma, se convirtió en uno de sus refugios y viajaba “de incógnito”, lo que en la época significaba evitar recepciones formales. Por ello, visitó Sevilla en dos ocasiones, recorrió la costa mediterránea y pasó por Valencia y Alicante, aunque evitó Madrid para no verse sometida al ceremonial oficial. Habitualmente, la acompañaban su dama de compañía, un lector de griego, ayudantes y escoltas, formando un séquito que podía rondar la docena de personas.

El director del jardín artístico junto a la escritora / AXEL ALVAREZ
Vestimenta
Uno de los aspectos más reveladores abordados en la ponencia fue el vestuario que lució en Elche. Frente a la imagen habitual de luto riguroso, aquel día apareció vestida de amarillo claro. Santibáñez narró que la emperatriz era profundamente supersticiosa y asociaba determinados colores a estados emocionales. El amarillo, en este contexto, simbolizaba celebración y renacimiento tras el naufragio sufrido días antes.
Parte de este relato histórico se apoya en la memoria familiar de la escritora, que expuso que sus antepasados, que se encontraban en Elche en aquellas fechas, la vieron pasear por el huerto con tonos claros y luminosos. Lo llamativo es que muchos de esos datos orales coincidieron posteriormente con los hallazgos documentales y aquellos recuerdos, acompañados de libros y cuadros conservados en la familia, fueron el origen de su interés por la emperatriz.
De la Macarena a la Maredéu
Aunque la estancia de Sisi en Elche duró apenas una jornada, fue intensa. Visitó el Huerto del Cura, recorrió la plaza del Ayuntamiento y entró en la basílica seguramente en busca de la patrona, teniendo en cuenta que su dimensión espiritual se acentuó con la pérdida de su hijo. Si en Sevilla permaneció de rodillas durante una hora ante la Virgen de la Macarena, es muy probable que hiciese lo propio frente a la Virgen de la Asunción.
Fue complejo obtener más información de aquel paso por tierras ilicitanas, ya que no hay constancia en imágenes ni firmó en ningún libro de honor como ahora ocurre con las personalidades, por lo que la información que se tiene es de los recortes de prensa de entonces.
Uno de los momentos más simbólicos fue su encuentro con la Palmera Imperial. Lo que se sabe es que quedó impresionada por la singular estructura de la datilera de siete brazos y, según cuenta el propio jardín en su web, parece ser que ella sugirió al cura Castaño que debía tener un nombre. El capellán decidió, en su honor, bautizarla con este nombre.
Senderista
Uno de los datos que pocos conocían, y que causó sensación, fue la anécdota de que la reina consorte de Hungría tenía por costumbre comprar vacas durante sus desplazamientos para enviarlas a su granja en el palacio de Schönbrunn o que era amante de senderismo y la escalada.
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