Elche protege a una de las gacelas más amenazadas del planeta de la que solo quedan 200 ejemplares
Río Safari revalida un convenio con el CSIC para remar contra la extinción de esta y otras especies así como para apoyar la reintroducción en sus hábitats

Ejemplar de gacela dama asentado en Río Safari, en Elche / Río Safari
La ciencia y la conservación se cogen de la mano desde Elche para asegurar la población de uno de los animales más amenazados del mundo. Se calcula que en el Sahel africano sólo quedan entre 100 y 200 ejemplares de gacela dama en estado salvaje, uno de los mamíferos que más se ha visto expuesto a amenazas como la caza incontrolada, la disminución de sus zonas de pastoreo y la desertización por la escasez de lluvias. La cifra, recogida por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), sitúa a esta especie en la categoría de Peligro Crítico de Extinción.
En ese contexto global, Río Safari se ha convertido en un pequeño pero importante refugio en el mapa de la conservación. Y todo después de que se haya aprobado la renovación de un convenio entre el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el zoo ilicitano como espacio de custodia y apoyo científico para varias especies de gacela norteafricanas, entre ellas la amenazadísima gacela dama (Nanger dama) y ejemplares de gacela de Cuvier (Gazella cuvieri).

Una de las gacelas de cuvier en el zoo ilicitano / INFORMACIÓN
Esta colaboración va a permitir la preservación genética con tal de planificar el futuro de una especie que podría desaparecer en cuestión de décadas si no se mantienen estrategias coordinadas a nivel internacional. El acuerdo está firmado con la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA), dependiente del CSIC, que actúa como eje científico y técnico del proyecto. El proyecto se enmarca dentro de los llamados Ex Situ Endangered Species Programmes (EEP), que vienen a ser planes europeos que gestionan poblaciones de especies amenazadas bajo cuidado humano.
Estos programas operan a través de comités científicos que analizan la situación genética y demográfica de las poblaciones en zoológicos europeos. A partir de esos estudios se planifican las parejas más adecuadas para garantizar diversidad genética así como evitar consanguinidad para mantener poblaciones sanas a largo plazo. Para ello, se estudian los parentescos, los historiales reproductivos y la diversidad genética antes de autorizar cualquier movimiento.
Por ese motivo, los animales viajan entre centros sin que exista ninguna transacción económica. No se compran ni se venden sino que se trasladan cuando su perfil genético resulta útil para fortalecer otra población.
Desde el centro ilicitano explican que el parque debe cumplir unas estrictas recomendaciones emitidas por la coordinación del programa, que decide cuándo un animal debe reproducirse, trasladarse o permanecer en su centro actual. Precisamente hace semanas el zoo divulgaba a través de sus redes sociales cuál es el procedimiento que debieron seguir para transportar una de las gacelas a otro zoo en Holanda.
Señalaban que el transporte por carretera es realizado por profesionales que se dedican exclusivamente a esta labor, con vehículos equipados y en un transportín especialmente diseñado para garantizar el bienestar del animal hasta el zoo de destino.
Cuatro años
En la práctica el convenio, que será por una duración de cuatro años, establece un reparto claro de responsabilidades: el CSIC mantiene la tutela científica y genética de los animales, mientras que el parque se encarga de proporcionarles instalaciones, cuidados veterinarios, alimentación y un entorno adecuado para su bienestar.
Genética
Elche alberga actualmente tres gacelas de Cuvier (Gazella cuvieri) y un ejemplar de gacela dama (Nanger dama). No se reproducen en el parque, al ser todos machos, pero forman parte de la planificación genética europea. Permanecen allí hasta que el coordinador del programa determina un traslado estratégico mientras que su estancia en cautividad se convierte en una herramienta clave para evitar la desaparición total.
Cuando la población gestionada en zoos alcanza un tamaño suficiente, así como una estructura genética adecuada, se pueden poner en marcha proyectos de translocación o reintroducción. Un ejemplo reciente es el de la gacela de Cuvier, con ejemplares trasladados desde Elche al Parque Nacional del Jebel Serj, en Túnez, territorios donde ancestralmente habitaba la especie.
Collares GPS
En el caso de la gacela dama, se trabaja en una planificación similar. Dentro del marco del convenio, desde Río Safari participa también en la financiación de collares GPS destinados a ejemplares que podrían ser translocados a Marruecos en los próximos años. Estos dispositivos permitirían monitorizar sus desplazamientos, supervivencia y reproducción, información clave para evaluar el éxito de cualquier reintroducción.
Aunque el convenio se centra en las gacelas, desde Río Safari explican que hay a lo largo del recinto cerca de 500 ejemplares y al formar parte de la red de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA) le permite participar en programas de conservación de especies como orangutanes de Borneo, leopardos de Sri Lanka, jaguares, mangabeys de cresta negra, jirafas de Angola o gibones de manos blancas. Entre esas iniciativas estaría, por ejemplo la de Sierra Leona con esfuerzos centrados en la protección del hipopótamo pigmeo y en el desarrollo de herramientas de monitorización ambiental como el análisis de ADN ambiental.
Colaboran también con el santuario Jeunes Animaux Confisqués au Katanga (J.A.C.K.), en República Democrática del Congo, dedicado al rescate de primates víctimas del tráfico ilegal. Según la memoria, en 2024 este centro albergaba 195 animales rescatados, con apoyo económico del parque ilicitano. De igual forma, en el ámbito nacional, el parque colabora con la Asociación al Servicio de la Polinización Forestal (ASAF) para la conservación de abejas y polinizadores.
Al margen de la labor con animales, desde la fundación Río Safari también mantienen terapias intensivas para familias con menores en riesgo de exclusión, como las del Proyecto TAO que combina la intervención terapéutica con animales marinos, el trabajo acuático y la integración familiar.
El programa está dirigido a familias con niños y niñas que presentan condiciones como Trastorno del Espectro Autista (TEA), Síndrome de Down, o Parálisis Cerebral Infantil (PCI), entre otros supuestos de diversidad funcional.
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