Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

OBITUARIO

Toma el tren «A», amigo Carlos

Estuvo en Radio Elche, fue guitarrista y cantante de Los Brindis, y puso en marcha Oky Discos en las antiguas Galerías Hélike

Carlos Morante en 1971 en los estudios de Radio Elche.

Carlos Morante en 1971 en los estudios de Radio Elche. / Cátedra Pedro Ibarra. Colección Francisco Flores

Gaspar Maciá

Gaspar Maciá

Sonaban las primeras florituras al piano del genial Duke Ellington, acto seguido entraban los metales de la banda y poco después sobre ellas se deslizaba, tranquila pero firme, la voz del locutor dando la bienvenida al programa. Así, con Take The «A» Train (Toma el tren «A» ) se ponía en marcha los sábados por la tarde en Radio Elche el programa Jukebox, comandado por Carlos Morante Ferrández (Catral, 1946 – Elche, 2026) en los primeros años 70 y que seguían con auténtica devoción los amantes del jazz, aunque también tenían cabida otros estilos musicales.

La música fue una parte fundamental de su vida. Nos hizo amarla y disfrutarla en sus múltiples facetas y sutilezas (críticas incluidas) a todos cuantos tuvimos la suerte de compartir esa afición con él, además de una larga amistad. Conocí a Carlos Morante en esa época en la emisora, cuando comencé mis colaboraciones con otro grande de la radio ilicitana, José María Aguilar (fallecido el pasado año), en su programa señero El pueblo más pop, al que semanalmente enviaba un compendio de noticias extraídas la prensa musical inglesa (Melody Maker y New Musical Express), a mis 15-16 años.

Carlos tenía ya un buen bagaje musical, ya que había formado parte como guitarrista y cantante de uno de los grupos destacados del panorama pop ilicitano de los 60, Los Brindis. Aunque había estudiado para delineante en el Instituto Laboral y trabajado para Alemañ Ingenieros y en el despacho del arquitecto Jorge Soliva, su vocación le llevó finalmente a dedicarse de lleno a la radio.

Formó tándem ante los micrófonos con Aguilar, renovando las mañanas radiofónicas con el programa  El Show de los 800.000, hasta que unos problemas sobrevenidos de salud le obligaron a dejar las emisiones, justo cuando se ponía en marcha la programación autónoma de la FM. Tuvo ocasión posteriormente de volver a las ondas con el programa Fantasía en blanco y negro, en 1983-84, en la desaparecida emisora SER-Elche. Fue también disc-jockey en la discoteca Lord Pepe, en Crevillent, hasta que en 1973 pasó a hacerse cargo de la música en la novedosa discoteca-pub La Sabata, en la calle Ruperto Chapí.

Desde 1987 y hasta 2007 Carlos Morante pudo ver cumplido uno de sus sueños: tener su propia tienda, Oky Discos, en las antiguas Galerías Hélike, desde donde seguía impartiendo su magisterio musical recomendando grabaciones a sus numerosos clientes (amigos muchos de ellos). Algunos se llevaban también reprimendas cuando le solicitaban discos que no entraban en sus estándares de calidad.

Su pasión por el jazz le llevó a acudir a numerosos conciertos y festivales, como el de San Sebastián, del que fue asiduo durante muchos años. Tuve oportunidad de acompañarle en 1974 y aún recuerdo su magisterio en un género para mí entonces aún ignoto, y la pasión con la que compartimos el concierto de uno de los grandes genios de la música del siglo XX, el contrabajista Charles Mingus, en un pabellón deportivo de Anoeta.

Carlos acudía también con frecuencia a festivales más lejanos, como el de Cascais (Portugal) o North Sea, en los Países Bajos. Y, por supuesto, era un asiduo del de San Javier (Murcia) desde su puesta en marcha, así como los más cercanos de Alicante o Elche. Pero su pasión musical no se limitaba al jazz, abarcaba todos los estilos y géneros, como atestigua su discografía, cercana a los 7.000 volúmenes. Coincidimos en multitud de conciertos de artistas de todo tipo y a veces compartíamos aventuras viajeras cuando los largos desplazamientos por motivos musicales no eran tan habituales como en la actualidad. Así sucedió en el viaje con otros amigos en 1972 al festival Startruckin’ de Marbella o en 1975 a la primera edición de Canet Rock, en Barcelona.

De todos estos conciertos y festivales dejaba constancia con su inseparable cámara, porque la fotografía fue otra de sus grandes pasiones. Allá donde iba llevaba su bolsa con sus objetivos, registrando todo cuanto acontecía a su alrededor. Ya fuera como cronista gráfico de ese grupo de amigos del instituto La Asunción que nos hicimos llamar Los Polseguera, en el que se integró como uno más (pese a la diferencia de edad) desde mediados de los 70, como de las actuaciones a las que acudía.

Durante más de cuatro décadas reunió miles de instantáneas de músicos de jazz (y de otros géneros), que constituyen un fondo extraordinario, probablemente de los mejores de España en su género. Un legado que habría que mantener y poner en valor, contando con la colaboración de instituciones públicas o privadas por su gran valor histórico y artístico.

Carlos Morante tomó el pasado lunes el tren A hacia su próximo destino, mientras sonaba quizás When the saints go marching in, con Louis Armstrong al frente de la comitiva. Probablemente para reunirse con los grandes maestros del jazz a los que tanto admiró y de los que tanto disfrutó, y nos hizo disfrutar. Hasta siempre, maestro, amigo Carlos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents