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Santa Pola en blanco y negro: un homenaje al oficio pesquero

Entre redes y amarres, el fotógrafo Carratalá retrata la esencia del puerto en su libro Pescadores y Pescados

Trabajos portuarios en Santa Pola.

Trabajos portuarios en Santa Pola. / José Carratalá

María González

María González

El arte de la pesca. El trasiego de cajas repletas de especies marinas que acaban en carros camino a la lonja. Sobre el puerto se posa una nube densa y brillante, cargada de lluvia. “El atardecer es rojo”, cuenta José Manuel Carratalá, autor de la imagen. El color, sin embargo, queda a interpretación del espectador: la foto está tomada en blanco y negro, “un homenaje a la instantánea de hace cuarenta años”.

Así es como empieza el libro de fotografías Pescadores y Pescados, una dedicatoria al alma del puerto pesquero de Santa Pola, el que para Carratalá es “uno de los más importantes de la provincia”.

El volumen es el primero de una trilogía dedicada a la pesca y pertenece a la colección “Quaderns de Santa Pola”, que se presentará este mismo martes 17 de marzo en Baluarte del Duque, a las 19 horas. 

Un periplo fotográfico

La trayectoria de Carratalá es amplia, se ha dedicado toda su vida al fotoperiodismo, pero ahora, diez años después de su jubilación, sus proyectos se centran en sus dos pasiones: la fotografía y la pesca. Con esta última, tiene una relación casi nostálgica. Su familia contaba con una flotilla en El Campello y recuerda su infancia acompañando a su abuelo en la lonja. “Recuerdo ver las cajas de pescado, que eran de madera, y que me fuese diciendo qué tipo de criatura era, me asombraba el tema. Creo que por eso ahora, al estar jubilado, hago las fotos que siempre he querido hacer”. 

A pesar de su vínculo con la prensa gráfica, el objetivo de este periplo fotográfico es meramente artístico, puramente visual. “Me fascina el misterio de la pesca, del hombre que no sabe qué se va a encontrar en esa red”, cuenta el fotógrafo, que lleva más de diez años acudiendo al puerto de Santa Pola para observar los detalles más precisos de las labores portuarias. Y así, contemplando, fue como conoció a Paco, pescador del barco La Garrucha

Pesca en Santa Pola.

Pesca en Santa Pola. / José Manuel Carratalá

La búsqueda del detalle

Él paseaba por el puerto cuando, a través de la ventana de la embarcación, vio unas manos que estaban limpiando “gatets”, un pequeño tiburón. Se quedó embelesado con el movimiento de sus manos. “Me pareció algo especial por su rapidez, su agilidad, y a mí me fascinó el respeto que tenía hacia la pesca, cómo no quería matar un animal vivo”.

De esta forma, fuera del foco queda el rostro del trabajador, buscando el anonimato para centrarse en el trabajo propio: “manos, cabos, redes… salir de la típica fotografía que busca la atención de las fisuras de la cara para otorgar ese protagonismo al detalle, a la fuerza de los brazos para estirar los cabos al noray, o el descarte de las presas y la limpieza de las redes”.

Tatuaje de la Virgen de Loreto, patrona de Santa Pola.

Tatuaje de la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores. / José Manuel Carratalá

Pero este solo es el principio de un universo de fotografías portuarias de Santa Pola. Los libros que le siguen son Nostrum Mare, que habla de la simbiosis del cuerpo humano con las especies marinas; y Surgido del Mar, que se centra en todo lo que el mar devuelve a la orilla, “desde conchas hasta redes”.

Un homenaje

El homenaje al oficio pesquero, al final, también es un elogio al tiempo, a la dedicación. Durante generaciones, el puerto de Santa Pola ahí está, vivo, con sus trabajadores y con sus peces. Reside un arte en su ejecución, algo más allá del arrastre de las redes. Existe una entrega. Carratalá pone el ejemplo de Chubas, un maestro reguero que, esperando a que atraquen los barcos, se ha dedicado a hacer pequeñas maquetas. “No utiliza otra cosa que no sean las manos e instrumentos como navajas… no quiere técnica, no quiere taladros”. Busca los desperfectos, la artesanía, la manualidad. 

Quizás por eso el obturador de Carratalá procura lo efímero, lo gestual, en lo que nadie se fija: los brazos que tiran de un cabo, las manos que separan el pescado o remiendan una red. Son tiempos en los que la destreza apenas ocupa espacio, todo sucede demasiado rápido y cuesta, cada vez más, encontrar la belleza, la pulcritud. El fotógrafo observa con un respeto minucioso, porque sus imágenes se convertirán en memoria de un pueblo en el que todavía resultan imprescindibles quienes viven del mar.

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