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Los productores de palma blanca de Elche congelan precios pese a dispararse los costes

Los artesanos ofrecen sus elaboraciones en la Plaça de Baix y en mercados repartidos por la ciudad con la vista en vender existencias pese a que notan que cada vez cuesta más el relevo generacional de compradores y vendedores

Menos puestos en el tradicional mercadillo de palma blanca de Elche

Menos puestos en el tradicional mercadillo de palma blanca de Elche / Áxel Álvarez

J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

Una artesanía que sostiene la espectacularidad del Domingo de Ramos en Elche y que sale adelante con precios congelados pese a que prácticamente ha subido todo, desde la cesta de la compra hasta los combustibles. Los productores de palma blanca se estrenaron este viernes en el tradicional mercadillo de la Plaça de Baix como preludio de la Fiesta de Interés Turístico Internacional. Y lo hicieron como buenamente saben hacer: con su mejor sonrisa y haciendo gala de una humildad que refleja en la mirada el arraigo de décadas.

Si bien, la ilusión por mantener un legado familiar no lo es todo, teniendo en cuenta que el sector ha mantenido los precios de la mayoría de palmas, y en una tendencia generalizada en las últimas campañas en las que tampoco se detectó un incremento acorde a las subidas en prácticamente todos los ámbitos de la vida.

Preocupación

Por ello, tras la belleza de las piezas trenzadas se esconde una realidad cada vez más compleja: costes al alza, producción contenida y una preocupación creciente por la falta de relevo generacional. Los artesanos se han tenido nuevamente que debatir entre asumir el encarecimiento generalizado sin que se repercuta esta subida en el comprador para que la clientela no falle. "Ha subido el combustible, la comida y todo, y la palma la estamos vendiendo igual”, expone Pascual García, artesano con medio siglo de experiencia en el oficio que ha invertido unos 8.000 euros para trenzar, confiando en vender los cientos de artículos porque ya advierte que en caso de que tenga remanente le sale más a cuenta "quemarlo" que guardarlo en neveras frigoríficas para otro año por el alto coste energético.

“Cuesta mucho hacer una palma, lleva mucho mantenimiento desde que se encapucha la palmera hasta que llega al mercado, pero si subes el precio la gente se queja”, explica. Y como ha podido comprobar este diario, hay quienes llegan a regatear y hacen la ruta completa puesto por puesto no sólo en busca de los trabajos más elaborados sino también económicos. La horquilla oscila entre los dos euros para las solapas, los siete euros las palmas listas y entre 15 y 20 los ramos, aunque hay otras obras más complejas de mayor coste.

Un momento del mercado de palma blanca en la Plaça de Baix este viernes

Un momento del mercado de palma blanca en la Plaça de Baix este viernes / AXEL ALVAREZ

Minutos después de inaugurarse las 16 carpas de tela y madera que ya se estrenaron el pasado año, el alcalde, Pablo Ruz, resaltó antes de visitar los puestos que el objetivo municipal sigue siendo “fomentar la tradición ilicitana”, agradeciendo el esfuerzo de las familias que producen y venden. La concejala de Mercados, Loli Serna, incidió por su parte en la importancia de “comprar para que esta tradición sea rentable y pueda perdurar en el tiempo”, mientras que la edil de Festejos, Inma Mora, subrayó el valor artístico de unas piezas que calificó como “verdaderas obras de arte”.

Cultivos

No obstante, ese reconocimiento institucional llega a contrastar con las dificultades que trasladan los protagonistas del sector. Uno de los factores que explican este escenario es la transformación del campo ilicitano. La reducción progresiva de cultivos tradicionales y el abandono agrícola han tenido un impacto directo en la producción de palma blanca. “Como cada vez se planta menos, las palmeras están más sufridas y tiran menos palmas”, señala otro productor. “Antes había más cantidad y mejor calidad. Ahora se explotan más los ejemplares y eso se nota en el producto final”, añade.

Esta sobreexplotación de las palmeras disponibles repercute tanto en la cantidad como en la calidad de las hojas, un elemento clave para la elaboración de piezas de mayor tamaño y complejidad. La consecuencia es una producción más limitada y, en muchos casos, menos homogénea que la de décadas pasadas.

La imagen del mercadillo también ha cambiado con el paso del tiempo. Donde hace años se alineaban sobre el mismo espacio de 30 a 36 puestos, como recuerda el productor Andrés Quiles, hoy apenas se superan la quincena en el punto neurálgico de la ciudad. Este 2026 hay en total 30, dos menos que el pasado año porque no hay presencia en El Altet y se ha rebajado el número en otros emplazamientos, bajada que ligeramente se ha compensado al haber dos más en la Plaça de Baix.

Tanto este viernes como sábado estarán operativos los del centro junto a tres en Plaza de Barcelona, uno en el Mercado de San José, uno en la Plaza de Altabix de 9 a 21horas, mientras que en Torrellano se instaló integrado en el mercadillo de venta no sedentaria con el mismo horario matinal. Para los rezagados, el mismo Domingo de Ramos el Ayuntamiento instalará ocho puestos en el Paseo de la Estación junto a la Oficina de Turismo de 9 a 13 horas.

Preocupaciones

Cuando a las familias artesanas se les pregunta cuáles son las mayores preocupaciones que tienen, la falta de continuidad entre los jóvenes se cuela en el ranking de las primeras. Coinciden en que el interés de las nuevas generaciones por la palma blanca ha disminuido de forma notable. “No hay niños”, resumen con contundencia mientras la mayoría coincide en que suelen ser los abuelos quienes terminan comprando la palma.

Vendedoras muestran la variedad de artículos confeccionados con palma blanca

Vendedoras muestran la variedad de artículos confeccionados con palma blanca / AXEL ALVAREZ

En este contexto, los mayores se han convertido en los principales sostenedores de la costumbre. Rosario Labañera, vecina que acude cada año al mercadillo, lo explica desde su propia experiencia familiar: “Yo venía de pequeña con mi tía y ahora traigo a mis cuatro nietos. Si no vengo yo, ellos no vienen”, apunta a este diario. Aun así, percibe cierto repunte en el interés por salir durante este día especial con algún detalle hecho a base de palma blanca. “Puede que se estuviera perdiendo, pero ahora parece que vuelve otra vez. Tenemos ganas de que vuelva”. También desde fuera de Elche se mantiene el tirón de la tradición. Miriam Gambín, residente de Guardamar del Segura, asegura que cada año apuesta por el mercadillo ilicitano por la variedad que se encuentra. “Es una tradición muy bonita y no debería perderse”, explica.

Eso sí, a nivel municipal se está tratando de hacer atractiva la venta y por ello desde las concejalías de Mercados y Festejos repetirán este sábado, como se hizo ya en 2025, una serie de conciertos de bandas de cornetas y tambores de Semana Santa. En concreto, a las 12 horas actuará desde el arco del Ayuntamiento la banda de La Samaritana, con un pasacalles previo media hora antes, y por la tarde hará lo propio la banda Sangre de Cristo a las 19 horas, mientras que tiempo antes amenizarán igualmente las calles. Estos eventos cobran si cabe más sentido esta edición porque la exposición del concurso de artesanía se traslada por primera vez del Centro de Congresos al salón de plenos. El acceso a todos los ilicitanos se realizará desde el arco del Ayuntamiento este sábado desde las 12 a 14.30 horas y de 16.30 a 21 horas. La entrega de premios se celebrará a las 19.30 horas.

Innovación

Para adaptarse a los hábitos de consumo y tratar de atraer a nuevos públicos, los artesanos han apostado por la diversificación. Pese a que las tradicionales palmas lisas son la seña de identidad acompañando al Pas de la Burreta, cada vez cuesta más encajarlas entre el público general, ya que habitualmente suelen ser cofradías y hermandades quienes las encargan para lucirlas durante la procesión. Si bien, las que suelen portar especialmente los más pequeños son las rizadas o adornadas, aunque han proliferado productos todavía más pequeños y accesibles, o incluso productores que para tratar de diferenciarse han incluido a los ramos lazos de colores con figuras de Disney, aunque lo más común es que se lleguen a acompañar las elaboraciones con ramas de olivo.

Entre la amalgama de variedades, cada año cogen más peso las solapas porque apenas pesan y quienes las compran sienten que con este detalle simbólico ya le dan su toque al Domingo de Ramos. También han proliferado en los últimos años diseños de rosarios, diademas o incluso pendientes elaborados con palma blanca, una tendencia que ganó visibilidad en 2025 cuando Elche obsequió a la reina Letizia con unos pendientes de este material durante la feria de Fitur.

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