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Semana Santa

Crevillent revive su procesión más austera y sobrecogedora

El evento en torno al Cristo de Difuntos y Ánimas de Benlliure llena de recogimiento las calles históricas con antorchas, polifonía en voces graves y profundo silencio

El Cristo, a las puertas de la iglesia.

El Cristo, a las puertas de la iglesia. / V. L. Deltell

V. L. Deltell

V. L. Deltell

La noche de Martes Santo volvió a detener el pulso de Crevillent con la celebración de la Procesión de Penitencia del Santísimo Cristo de Difuntos y Ánimas, conocida popularmente como la “Procesión de los Sacos”, en una edición que se desarrolló con normalidad y sin incidentes, confirmando de nuevo su condición de uno de los momentos más intensos y singulares de la Semana Santa crevillentina. A las 22.30 horas, con puntualidad, se abrieron las puertas de la parroquia de Nuestra Señora de Belén y la Vila Vella quedó sumida en un silencio absoluto que marcó el inicio de un recorrido cargado de simbolismo.

El cortejo, caracterizado por su sobriedad, volvió a desplegar esa atmósfera única en la que la oscuridad, el fuego tenue de las antorchas y el caminar pausado de los penitentes construyen una escena de profunda espiritualidad. Vestidos con los tradicionales hábitos cistercienses, los llamados “sacos”, los participantes avanzaron por las calles más antiguas del municipio en un acto que es, ante todo, oración y recogimiento.

Un momento de la procesión de este Martes Santo.

Un momento de la procesión de este Martes Santo. / V. L. Deltell

Un silencio que se hace protagonista

A diferencia de otras procesiones, aquí no hay música festiva ni elementos ornamentales que distraigan la atención. El protagonismo lo asume el silencio, roto únicamente por el sonido seco del tambor, el leve crujir de las sandalias sobre el pavimento y el murmullo contenido de los coros. Ese lenguaje austero volvió a envolver a vecinos y visitantes en una experiencia que trasciende lo visual.

La imagen del Santísimo Cristo de Difuntos y Ánimas, obra de Mariano Benlliure, fue portada a hombros en un desfile que avanzó con solemnidad entre las calles estrechas de la Vila Vella, generando escenas de gran carga emocional. La ausencia de trono y de adornos refuerza el carácter penitencial de una procesión que se mantiene fiel a sus orígenes.

El Cristo, a su salida del templo.

El Cristo, a su salida del templo. / V. L. Deltell

La Vila Vella, escenario de la tradición

El recorrido volvió a discurrir por el casco histórico, atravesando enclaves emblemáticos como Purísima, Asunción Lledó, José Manuel Magro, Doctor Mas Candela, San Francisco, Peine, Blasco Ibáñez y la Plaza de la Constitución. Calles que, durante unas horas, dejaron de ser tránsito cotidiano para convertirse en espacio de memoria, fe y contemplación.

Las antorchas, encendidas progresivamente al inicio del cortejo, dibujaron una estampa de gran fuerza visual, considerada una de las más fotogénicas de toda la Semana Santa local. La iluminación tenue, unida al humo del incienso, contribuyó a crear un ambiente sobrecogedor que volvió a atraer a numerosos asistentes.

Este Martes Santo, en Crevillent.

Este Martes Santo, en Crevillent. / V. L. Deltell

Penitencia, memoria y recogimiento

La procesión volvió a evidenciar su esencia como acto de penitencia colectiva y recuerdo a los difuntos. Muchos de los participantes caminaron en silencio, algunos descalzos o con cadenas, reforzando ese carácter austero que la distingue del resto de desfiles procesionales.

El componente espiritual se vio reforzado por la intervención de los coros, cuyas voces graves y contenidas acompañaron el recorrido con piezas de carácter sacro. La combinación de canto coral, silencio y luz de antorchas configuró una escena de gran intensidad que conectó con el público desde lo emocional.

A lo largo del recorrido, el comportamiento de los asistentes volvió a ser ejemplar, respetando el silencio y el ritmo de la procesión, lo que permitió que el acto se desarrollara con la solemnidad que lo caracteriza.

La “Noche de los Sacos” se reafirma así como uno de los momentos más profundos de la Semana Santa de Crevillent, una celebración declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional que mantiene intacta su esencia. En esta ocasión, una vez más, el silencio volvió a hablar más alto que cualquier palabra.

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