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Un Jueves Santo de fe y devoción multitudinaria en Elche

El quinto día de procesiones destaca con la Virgen de Salud portada por primera vez a costal y un esperado encuentro de la Paz en la que la Esperanza brilla a lo largo de un cortejo en el que se estrena el presidente de la Generalitat

Las mejores imágenes de las procesiones de Jueves Santo en Elche

Las mejores imágenes de las procesiones de Jueves Santo en Elche / Áxel Álvarez

Caía un sol de justicia, pero con fresco a la sombra y alguna que otra gota discreta a mitad de la tarde de este Jueves Santo mientras por el centro histórico de Elche sobresalía el alboroto de cofrades, fieles y muchos turistas tratando de coger el mejor sitio para las procesiones. Entre redobles de tambor, y el olor inconfundible a incienso, se producían estampas comunes como la de niños repartiéndose chucherías, notas de color que marcarían el preámbulo de la jornada más intensa de la Semana Santa ilicitana en la que la ciudad no duerme. Y es que los cortejos vespertinos se entrelazarían después con los primeros de la madrugada del Viernes Santo como antesala a la Trencà del Guió, que representará el fin del luto y un año de buena suerte si se completa el ritual como manda la tradición.

De lo que no hubo duda es de que el arraigo volvió encumbrar este 2 de abril con algunos momentos que se quedaron en la retina como el encuentro del Cristo de la Fe y la Esperanza desde el arco del Ayuntamiento, horas después de que acudieran a su encuentro autoridades como el president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, y entre una marea de fieles mientras también se iluminaba la Plaça de Baix con los móviles de infinidad de devotos tratando de inmortalizar el momento.

Sangre

La cofradía de la Sangre y Salud, una de las más antiguas con reminiscencias del siglo XVI, fue la primera en oficiar su estación de penitencia al filo de las 18 horas desde la basílica de Santa María. Por segundo año el Santísimo Cristo de la Sangre, en plena fase de ejecución de tallas laterales, avanzó con la sobriedad que le caracteriza sin terminar el recorrido procesional en su parroquia de San Antón, decisión que tomó la entidad en 2025 para que el trayecto no fuese demasiado largo y sufrido, sin recurrir a portar con ruedas los tronos a la vuelta desluciendo la llegada. Aún y así, este año se estiró el recorrido total unos 20 minutos más por algunas calles del centro, una ampliación que se prestó en vista del aumento de vestas y rostros jóvenes después de que sólo este último año hayan tenido 78 altas en la cofradía, se hayan triplicado las mantillas y hayan tenido que confeccionar una veintena más de trajes para los músicos, como relataba el presidente, Ramón López.

Bajo palio impresionó la salida de la Salud, protagonizando una de las grandes novedades de este Jueves Santo. Por primera vez, el paso salía portado a costal por un centenar de costaleras y no a hombro al estilo original malagueño, transformando no solo la estética del paso, sino también su forma de moverse por el entramado de calles estrenando parihuela.

La reestructuración completa se notó en cada levantá para la que había cuadrillas completas ya que este año incluso había lista de espera para salir acompañando a la Virgen, que dicho sea de paso, lució el nuevo techo del palio, elaborado por las camareras Apolonia Pérez y Remedios Pérez y la renovación de orfebrería, trabajada en talleres sevillanos, para el encuentro con el Cristo donde ambos tronos se acercaron tanto, casi al punto de rozarse.

Virgen de la Salud junto a la basílica de Santa María

Virgen de la Salud junto a la basílica de Santa María / AXEL ALVAREZ

Caridad

Entre el murmullo contenido del público, la Virgen de la Caridad emprendió con los últimos rayos del sol la carrera procesional desde la parroquia de San Juan dejando claro que la cofradía ha sabido recomponerse de las adversidades, después del incendio hace ahora un lustro que arrasó con multitud de patrimonio. El gesto más visible fue el estreno de su nueva corona, una pieza salida de los talleres de Orfebrería Villena que brilló con una intensidad que iba más allá de lo material al simbolizar la reconstrucción paciente, de años de esfuerzo silencioso, y después de que la Hermandad de la Estrella les cediese durante años la corona.

Bajo el palio, los detalles también hablaron con el terminal, con el cuerpo de Cristo, y el baldaquino con el cordero de San Juan, un guiño directo a la parroquia. El paso avanzó con firmeza, llevado por una cuadrilla que también reflejó ese renacer con más de 210 personas en la calle y 45 nuevas incorporaciones entre costaleros, mantillas y nazarenos. “Queremos ser una hermandad joven”, apuntaba el hermano mayor, Héctor Poveda. Uno de los momentos más entrañables fue con el paso del trono infantil del Dulce Nombre de Jesús, portado por 16 niños.

Influencia ilicitana

Minutos después, el imponente trono de la Oración en el Huerto, uno de los pasos más ilicitanos de la Semana Santa, comenzó a procesionar desde el Huerto de Abellán, a cien metros de l'Hort de la Rinconà, el lugar desde el que habitualmente sale el paso. Esta cofradía es la única que procesiona sin cuadrilla de costaleros, llevando el trono a ruedas por las dificultades técnicas que conlleva la espectacular palmera natural que se alza sobre el conjunto, un detalle que marca su identidad y condiciona la forma de portar el paso.

Nazarenos de la Oración en el Huerto durante el paso por la Corredora.

Nazarenos de la Oración en el Huerto durante el paso por la Corredora. / AXEL ALVAREZ

Este tradicional símbolo aporta un realismo singular a la escena de la Oración de Jesús en el huerto de Getsemaní, con una estética que evoca inevitablemente al paisaje ilicitano. Junto a la imagen, alrededor de 60 nazarenos, entre adultos y niños, recorrieron las calles de la ciudad mientras las marchas de la Unión musical de Hondón de las Nieves acompañaban el avance pausado del trono.

La esperanza

La siguiente en tomar las calles fue la Hermandad de la Flagelación y Gloria, que protagonizó uno de los momentos más esperados de la jornada. En la Plaça de Baix se escenificó el emotivo encuentro de la Virgen de la Esperanza y el Cristo de la Fe. Ella, bailada por más de sesenta costaleros, avanzó entre aplausos. Él, cruficado e inclinado hacia su madre, fue portado por más de setenta fieles en una escena de gran carga simbólica.

El momento fue seguido por una aglomeración de público que aguardó expectante hasta el instante en el que ambas imágenes estuvieron frente a frente. Más de 800 devotos arroparon después en a ambos tronos por los estrechos viales de la vila murada, en un cortejo al que también se sumó el president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca; y el alcalde, Pablo Ruz, que marcharon tras la Virgen de la Esperanza presidiendo el pulso procesional.

Pérez Llorca con Ruz, el presidente de la Junta Mayor y representantes de la cofradía de Flagelación y Gloria junto a la Esperanza

Pérez Llorca con Ruz, el presidente de la Junta Mayor y representantes de la Flagelación y Gloria junto a la Esperanza / AXEL ALVAREZ

Minutos antes de la salida de la Cruz de guía desde la plaza de El Salvador el jefe del Consell reconoció a este diario sentirse ilusionado por participar por primera vez en la Semana Santa ilicitana, y no solo en calidad de presidente, y quitarse esa "espinita clavada" de no haber podido estar durante el Domingo de Ramos por un compromiso fuera de la Comunidad Valenciana. El representante del Consell señaló que quiso acudir arropando a la imagen mariana de la Flagelación y Gloria tras la recomendación del primer edil por ser uno de los cortejos más emblemáticos.

Una marea de fieles

La jornada estaba previsto que se cerrara con el trono del Cristo de la Misericordia, que despierta siempre un profundo fervor entre el público que aguarda en silencio su salida desde la basílica de Santa María. La imagen de Jesús crucificado siempre avanza por las calles arropada por una marea de fieles que, vela en mano, alumbran su caminar en una escena de intenso recogimiento.

Miles de personas acompañan con velas al "Cristico" de Zalamea en el silencio y la oscuridad de las calles de Elche

Áxel Álvarez

Hombres y mujeres ejercieron de pilares y más de 5.000 velas se pusieron a disposición de los fieles, que se lanzaron a las calles para acompañar el cortejo. El trono, adornado con sendas capillas que reproducían la puerta mayor de la basílica y el retablo del altar mayor con el camarín de la Virgen de la Asunción en plata, avanzó mientras las luces de las calles se apagaron.

Cristo de Zalamea

Ya a las doce de la madrugada miles de fieles se ampararon en el Cristo de Zalamea desde San José, punto en el que se inició el tradicional recorrido por el que durante dos horas el «Cristico», imagen característica por su tamaño reducido y que podría datar del siglo XVI, fue arropado por una marea de devotos y pétalos por parte del cuerpo de bomberos en señal de amor y respeto a la imagen.

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