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El Cristo de Zalamea ilumina Elche

Miles de personas arropan al Cristico en una multitudinaria procesión a la medianoche en la que el cuerpo de Bomberos lo agasajó con pétalos desde una autoescalera

Miles de personas acompañan con velas al "Cristico" de Zalamea en el silencio y la oscuridad de las calles de Elche

Áxel Álvarez

J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

Dice que la fe puede iluminar una vida y, a juzgar por lo que ocurrió un año más en la madrugada de este Jueves Santo, el Cristo de Zalamea ilumina muchas. Hasta el extremo de que una marea de fieles volvió a acompañar al Cristico, dejando estampas sobrecogedoras como las que cada año se suceden en su subida por la calle Santa Ana, nada más salir junto a la parroquia de San José.

Como ya sucediera hace dos años, coincidiendo con la conmemoración del 60 aniversario de la fundación de la cofradía, el cuerpo de Bomberos lo agasajó con pétalos desde una autoescalera, dejando una estampa de inigualable belleza, acto tras el que se inició la estación de penitencia alrededor de la cuál había miles de personas pendientes, y es que esta es una de las imágenes por las que más veneración hay, teniendo en cuenta que la propia cofradía llegó a estrenar el pasado año un documental con desgarradores testimonios de personas que se amparan en la talla ilicitana del siglo XVI ante situaciones complejas entre enfermedades y pérdidas.

Historia

En cuanto a la historia de la cofradía, se remontaría al Sábado Santo de 1964 durante una visita a las nuevas instalaciones de Radio Elche, cuando Francisco López Sánchez y Juan Garrigós Piecho hablan de crear una cofradía totalmente nueva y que fuera distinta de las que en ese momento procesionaban en Elche. Con ello, buscaban dar a la Semana Mayor un espíritu de autentica religiosidad, suprimir el bullicio impropio de tales fechas e implicar a la juventud con austeridad y fervor en las procesiones. El domingo siguiente, víspera de San Vicente Ferrer, en el salón de actos de la emisora, se celebró la primera asamblea constitutiva, y se eleigió como presidente a Francisco López Sánchez; vicepresidente, a Juan Garrigós Piecho; y secretario a Elicio Gómez Curto.

Las siguientes semanas estuvieron marcadas por encuentros en distintos puntos de la ciudad, como el Casino de Elche, donde cada vez más personas se sumaban a la iniciativa. En un primer momento, la cofradía ni siquiera contemplaba una imagen titular. La propuesta inicial era portar una cruz negra bajo el lema “ese Cristo que falta puedes ser tú”, reforzando así el carácter penitencial. La indumentaria también respondía a esa idea: una túnica de saco, similar a un hábito franciscano, ceñida con una cadena y con una sencilla cruz de madera sobre el pecho.

Humildad

Sin embargo, la historia tomó un giro decisivo cuando José Sánchez Ribes propuso incorporar una imagen acorde con ese espíritu humilde: el Cristo de Zalamea. La idea fue acogida de inmediato. Comenzaron entonces las gestiones con las hermanas de la Orden de San Vicente de Paúl y con el párroco de San José, Juan Galiana Amorós, quienes respaldaron el proyecto y facilitaron la salida procesional de la imagen.

La respuesta de la ciudad fue rápida. En poco tiempo, la cofradía sumó un importante número de miembros y fijó su salida en la medianoche del Jueves Santo, con un recorrido marcado por el rezo del Vía Crucis y el rosario. Sin embargo, el contexto social y las tensiones entre cofradías alteraron ese plan inicial. En 1965, y por presión de la Cofradía del Silencio, las autoridades obligaron a adelantar la salida a las 20:30 horas. Aun así, la participación superó todas las expectativas.

Traslado

La solución llegó poco después. La Junta Mayor de Cofradías decidió trasladar la procesión a la medianoche del Viernes Santo, evitando así conflictos y consolidando una identidad propia que ha perdurado hasta hoy.

Con el paso de los años, la cofradía fue creciendo en estructura y simbolismo. En 1966 se nombró cofrades de honor a la Policía Local y al Cuerpo de Bomberos, una relación que se mantiene viva y que cada Jueves Santo se traduce en una solemne escolta al Cristo. También en esos primeros años se probó una procesión de parroquia en parroquia, aunque no se repitió por su complejidad organizativa.

Túnica

La imagen y su forma de procesionar también han evolucionado. La túnica actual, instaurada en 1993, mantiene la esencia original de saco, pero con un estilo más cercano al hábito carmelitano, incorporando la simbología del alfa y omega en el pecho. Y, más recientemente, en 2023, se vivió un momento histórico cuando el Cristo de Zalamea pernoctó en el camarín de la Virgen de la Asunción tras un Vía Crucis por la paz en Ucrania, reforzando su dimensión espiritual y su vínculo con la ciudad.

Hoy, la cofradía cuenta con más de 250 miembros y una estructura diversa en la que participan desde niños hasta mayores, organizados en distintos grupos que abarcan desde el acompañamiento musical hasta la organización del cortejo. Pero si algo define al Cristo de Zalamea es su capacidad de convocatoria: cada Jueves Santo, más de 40.000 personas, según la Policía Local, acompañan su recorrido por las calles de Elche.

El trono, otro de sus elementos más característicos, es también un legado cargado de historia. Procedente de la antigua Cofradía del Cristo de la Fe y datado en torno a 1942, está realizado en madera de nogal con remates dorados y es portado por 48 costaleros. Sus relieves representan escenas de la Pasión y están acompañados por símbolos como el cáliz, los dados o la cruz, mientras en sus esquinas cuatro angelotes de bronce sostienen hachones, completando una estética de gran riqueza simbólica.

Desde sus inicios, el paso ha mantenido una seña de identidad propia en su ornamentación, combinando elementos como flor seca, espigas o plumones, una tradición que aún hoy se conserva, mezclándose en los últimos años con flor natural.

Obra social

Más allá de la procesión, la cofradía ha extendido su actividad durante todo el año, especialmente a través de su obra social “Alfa y Omega”, demostrando que su razón de ser no se limita a una noche, sino que forma parte del pulso continuo de la ciudad.

Así, lo que nació como una idea sencilla en una conversación de radio se ha convertido en una de las manifestaciones más multitudinarias y emotivas de la Semana Santa de Elche. Un Cristo pequeño en tamaño, pero inmenso en devoción.

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