Cuando la esperanza se cocina a fuego lento en Elche
La chef Susi Díaz participa en el programa de Cáritas con personas sin hogar que trata de hacerles aumentar su autonomía aprendiendo recetas

La chef Susi Díaz explica a personas atendidas en Cáritas alguna de las recetas / INFORMACIÓN
Cuando la esperanza se cocina a fuego lento entre fogones. Hace apenas unos días, el restaurante La Finca de la reconocida chef ilicitana Susi Díaz se convirtió en escenario de una curiosa iniciativa impulsada por Cáritas Elche que pretende ayudar a personas atendidas en los recursos de la organización diocesana a preparar platos típicos con los que ganar habilidades y mejorar la integración social.
La actividad, dentro del programa Recetas desde el corazón, es una propuesta anual del Programa de Personas en Situación de Sin Hogar que forma parte del Proyecto de Vida Autónoma. El objetivo va mucho más allá de enseñar a cocinar ya que a través de él se pretenden generar vínculos, fomentar la convivencia y dotar de herramientas prácticas a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
Más allá de la técnica
Así las cosas, desde La Finca los participantes conocieron de cerca técnicas culinarias y, sobre todo, se sintieron valorados, ya que el fin de Cáritas es que quienes participan en el programa recuperen la confianza y descubran nuevas capacidades.

Participantes durante el programa de Cáritas en colaboración con La Finca de Susi Díaz / INFORMACIÓN
El proyecto se desarrollará a lo largo del año por fases: desde la planificación de la receta y la elaboración de la lista de la compra, hasta la cocina conjunta con voluntarios, la grabación del proceso y las visitas a parroquias. Este enfoque no solo enseña a cocinar, sino que refuerza habilidades como el trabajo en equipo, la comunicación, la organización o incluso competencias básicas como el cálculo de costes o la lectoescritura.
Implicación
Pero si hay algo que define esta iniciativa es el impacto humano. En 2025 participaron 27 personas en situación de sinhogarismo, acompañadas por 47 voluntarios y la implicación de 11 parroquias. A lo largo del año se elaboran 12 recetas, desarrolladas en 48 sesiones, en un proceso continuo de aprendizaje y acompañamiento.
Los resultados también son positivos, ya que el voluntariado valora la experiencia con una puntuación media de 4,88 sobre 5 y destaca el contacto cercano con las personas atendidas como uno de los aspectos más enriquecedores.
Derribar barreras
En palabras de uno de los participantes, lo más valioso es «poder conocer de más cerca a las personas del centro», con lo que la iniciativa ayuda a derribar ciertas barreras invisibles. Así las cosas, en cada receta se comparten historias, se construyen relaciones y se recupera la autoestima, ya que para muchos estas sesiones representan pequeños pasos hacia la autonomía.
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