Quejas vecinales
Lanzamiento de excrementos a balcones y vandalismo en el Hort del Monjo ponen en jaque a vecinos de Elche
Residentes denuncian que menores arrojan bolsas con heces de mascotas a sus viviendas, actos incívicos reiterados y falta de vigilancia en un entorno apartado y degradado

Vandalismo en Elche: Vecinos del Hort del Monjo denuncian el lanzamiento de bolsas con caca de perro a sus balcones por parte de adolescentes / Pilar Cortés
Los vecinos del entorno del Hort del Monjo, en Elche, han elevado su preocupación ante el aumento de comportamientos incívicos protagonizados por grupos de adolescentes, que en las últimas semanas han derivado en episodios de mayor gravedad como el lanzamiento de bolsas con excrementos de mascotas a balcones y fachadas de viviendas. Los hechos se concentran en la zona próxima al parque y al colegio Hispanidad, junto a la calle Curtidores, donde la falta de visibilidad y vigilancia facilita la concentración de jóvenes. Un entorno apartado y cada vez más degradado.
Según relatan residentes afectados, la situación ha ido evolucionando desde molestias habituales —ruidos, gritos o música— hasta conductas más problemáticas que incluyen daños potenciales a propiedades y riesgos para la seguridad. Una vecina de la zona explica que “los adolescentes entran como siempre, como es costumbre al parque, y siempre han lanzado cosas, naranjas, limones…”, pero advierte de que recientemente “lo que hacen es coger excrementos de perros de las papeleras en las bolsitas y las lanzan a los balcones”.

Una afectada por el lanzamiento de excrementos en Elche muestra una fotografía reciente con varias bolsas con caca de perro / Pilar Cortés
Escalada de conductas incívicas
La denunciante asegura que los episodios se repiten con frecuencia, especialmente durante los fines de semana y en periodos vacacionales como la Semana Santa, cuando aumenta la presencia de jóvenes en el parque. “Depende del día, pero los viernes pueden ser unos 15 o más, en varios grupos”, señala.
El problema no se limita al lanzamiento de objetos. La misma fuente detalla que en una ocasión los menores manipularon una instalación eléctrica comunitaria: “bajaron los plomos del edificio”, tras acceder a un cuarto sin cerrar. Un hecho que califica de “superpeligroso”, ya que podría haber tenido consecuencias graves. “Se podrían haber quedado incluso electrocutados”, añade.

Una de las papeleras en las que se supone que recogen los excrementos los vándalos / Pilar Cortés / PILAR CORTES
Además, los vecinos denuncian el deterioro progresivo del entorno, con juegos infantiles “bastante mal” y suciedad acumulada en las inmediaciones. A ello se suma el uso intensivo del espacio para actividades como grabaciones para redes sociales, consumo de vapeadores o reuniones nocturnas que generan molestias.
Daños en viviendas y preocupación vecinal
El punto más conflictivo se sitúa en una zona de acceso al parque desde el entorno del colegio Hispanidad, junto a un paso peatonal con escasa visibilidad. “Es un sitio donde tienen menos vigilancia”, explican los residentes, lo que facilita este tipo de conductas.
En algunos casos, los objetos lanzados han impactado directamente en las viviendas. “La primera bolsa que me tiraron explotó contra la pared y se llenó todo de excrementos”, relata la vecina afectada. Aunque hasta ahora no se han registrado roturas materiales, sí advierte del riesgo: “si les cae una astilla o cualquier objeto, puede hacer daño”.
Ante esta situación, algunos vecinos han optado por instalar elementos de protección en sus balcones o reforzar medidas para dificultar los lanzamientos. “He tenido que gastarme dinero para poner un sistema que lo impida”, lamenta.
Petición de mayor vigilancia policial
Los residentes reclaman una mayor presencia policial, especialmente en horarios nocturnos y fines de semana. Aunque algunos han contactado con la Policía Local, aseguran que la respuesta está condicionada a que los avisos se realicen en el momento exacto de los hechos, algo que no siempre es posible.

Zona en la que se producen los actos vandálicos en Elche / Pilar Cortés
“Me dijeron que tenía que llamar cuando estuviera pasando, pero muchas veces ocurre por la noche y no te das cuenta”, explica la afectada. Por ello, piden patrullas preventivas que disuadan estas conductas y refuercen la seguridad en la zona.
Más allá de las molestias, los vecinos muestran preocupación por el impacto en la convivencia y en los menores que residen en el barrio. “Hay niños pequeños que ven esto y lo normalizan, dicen ‘son malos’”, comenta. En su caso, convive con dos hijos de corta edad, lo que incrementa la inquietud.
La situación, que hasta hace poco se percibía como un problema puntual, ha adquirido una dimensión mayor en las últimas semanas. Los residentes insisten en que no se trata de criminalizar a los jóvenes, sino de evitar conductas que “no tienen ningún sentido” y que están deteriorando la convivencia en uno de los espacios verdes del entorno urbano ilicitano y del vecindario en sus propios hogares.
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