Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Iñaki Alegría, pediatra cooperante en Etiopía, alerta en Elche de la desigualdad sanitaria: "Más del 90% de muertes de niños son totalmente evitables"

El fundador de la ONG 'Alegría Sin Fronteras', que participó esta semana en unas jornadas impulsadas por el Ayuntamiento, dice se ha desvirtuado el significado de la cooperación y señala que con los recursos actuales deberían evitarse la mayoría de fallecimientos por sangrado en el parto

El pediatra Iñaki Alegría, cooperante en Etiopía, visita Elche: "Nos horrorizamos de que muere un niño y a los 30 segundos celebramos un gol"

Iñaki Alegría, pediatra y fundador de la ONG ‘Alegría sin fronteras’ / Pilar Cortés

J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

⁠¿En qué momento entendió que su trabajo no podía quedarse solo en la consulta y que tenía que dar el salto al terreno con Alegría Sin Fronteras?

Bien, es una historia un poco larga. De hecho, ya cuando era estudiante de Medicina, en los últimos años vi que la universidad, en las prácticas en los hospitales, estaba formando para un tipo de medicina muy sesgada, por decirlo de alguna manera, muy orientada a trabajar con todo lo que tenemos disponible en España, que realmente tenemos una sanidad privilegiada. Me siento muy afortunado, pero no podía dejar de lado la mayor parte de la población mundial. La mayor parte de la población mundial no tiene acceso a un sistema sanitario como el nuestro, sino que muchas veces no tiene acceso directamente a ningún sistema sanitario. Viven en poblados muy aislados, sin ningún tipo de acceso, y a veces cuando consiguen llegar a un pequeño centro de salud o a un hospital, lo hacen caminando kilómetros y horas por caminos muchas veces intransitables, que solo pueden hacerse a pie. Allí se encuentran con personal poco cualificado y con muy pocos recursos, y las consecuencias de esto, obviamente, lo más dramático es que se están muriendo niñas y niños debido a ello. Realmente, lo que más me impactó cuando fui a Etiopía, tenía interés en conocer esta realidad, es que, sin exagerar, más del 90% de muertes en niños y niñas menores de cinco años son totalmente evitables, son evitables con los recursos que disponemos hoy día. Y en el caso, como pediatra, soy consciente de ello. Y el otro tema que más me impactó es que vi que mujeres jóvenes se quedaban embarazadas, pero lo dramático es que se morían en el momento del parto. Las principales causas de mortalidad materna son el sangrado durante el parto o el posparto, y aquí lo impactante es que el 99% de estas muertes maternas, que suelen ser mujeres jóvenes, son evitables. Entonces, las tasas de mortalidad materna y neonatal tan elevadas en Etiopía, y en muchos otros países, sobre todo del continente africano, podrían ser perfectamente las mismas que tenemos en España, porque sabemos lo que hay que hacer.

¿Tiene la percepción de que la cooperación internacional está fallando cuando, después de décadas, se sigue hablando de problemas tan básicos como el acceso a la alimentación o a la atención médica?

Bien, creo que la cooperación es imprescindible, es muy importante. Ahora bien, es cierto que tenemos que ser críticos y creo que es momento de hacer un nuevo enfoque de la cooperación. Muchas veces el término cooperación, cooperar, es una palabra muy bonita, pero que quizás hemos desvirtuado, hemos viciado y estamos destrozando su significado, en el sentido de que la cooperación internacional muchas veces se ha hecho desde una vertiente paternalista y muy vertical. En el sentido de que la persona que tiene el dinero, que suele ser el hombre blanco, es el que decide las cosas, y esto no es cooperación. Estos son intereses políticos y económicos. Esto no lo podemos llamar cooperación y, por desgracia, muchas veces la cooperación ha sido eso. Por ello creo que es importante ser críticos, que tenemos que colaborar unos con otros, pero tiene que ser de manera horizontal, de manera igualitaria, de tú a tú, y de manera radical con esa cooperación más supremacista, más elitista, más racista, incluso le diría.

El médico y cooperante Iñaki García visita una exposición de Cooperación en Elche antes de su participación en un congreso

El médico y cooperante Iñaki García visita una exposición de Cooperación en Elche antes de su participación en un congreso / Pilar Cortés

¿Existe el riesgo de normalizar el sufrimiento en África porque nos llega como una crisis permanente?

Es una buena pregunta. Yo creo que también hay que ponerlo en contexto. Vivimos en una sociedad en la que estamos llenos de estímulos y esta hiperestimulación a veces también nos puede volver más insensibles, por decirlo de alguna manera. En el sentido de que estamos viendo las noticias, nos podemos sentir horrorizados de que se está muriendo un niño en Etiopía, en Gaza, donde sea, y a los 30 segundos celebrar la victoria de nuestro equipo de fútbol. Creo que eso es lo que más me impacta.

Ha escrito acerca de ese “negocio” de sentirse bien en verano con el auge del ‘volunturismo’ y el ‘neocolonialismo médico’. ¿Están ayudando estos fenómenos en la cooperación o todo lo contrario?

Todo lo contrario: es profundamente perjudicial.El volunturismo no puede considerarse cooperación. Es, en muchos casos, una forma de “postureo”: una experiencia centrada en uno mismo, en acumular fotos ara redes sociales y “likes”, más que en generar un impacto real y sostenible. El problema se agrava cuando se mete todo en el mismo saco. Porque no, no es lo mism. La cooperación verdadera exige compromiso, formación, respeto, trabajo a largo plazo y, sobre todo, poner a las personas y a los sistemas locales en el centro. Todo lo demás es otra cosa.

¿Cómo se evita caer en una cooperación paternalista y se trabaja realmente desde la dignidad y con la población local?

La cooperación es imprescindible, es esencial. Pero no de cualquier manera. No todo vale. La buena intención es necesaria, pero no suficiente: hace falta también profesionalidad, excelencia y una profunda coherencia ética. Evitar el paternalismo empieza por un cambio de mirada. No vamos a “ayudar”, vamos a trabajar juntos. No somos protagonistas, somos acompañantes. La clave está en reconocer que el conocimiento, la capacidad y el liderazgo ya existen en las comunidades locales. Nuestro papel es reforzarlos, no sustituirlos. No se trata de brillar, sino de iluminar. La cooperación no puede ser paternalista. Tampoco puede reproducir dinámicas coloniales ni, de forma explícita o implícita, lógicas de supremacía blanca. Porque cuando eso ocurre, deja de ser cooperación para convertirse en imposición. Ser anticolonial implica cuestionar nuestras propias inercias: quién decide, quién lidera, quién define las prioridades. Y exige algo fundamental: ceder espacio, poder y protagonismo. Iluminar es acompañar procesos que ya están en marcha. Es fortalecer sistemas locales, formar, escuchar, aprender. Es trabajar desde la humildad y el respeto radical por la dignidad de cada persona. Porque la verdadera cooperación no busca destacar, busca transformar. Y solo transforma de verdad cuando lo hace desde la igualdad.

Enfermedades

Como pediatra, ¿qué problemas de salud infantil se encuentra con más frecuencia y cuántos de ellos serían evitables con recursos básicos?

Como pediatra, lo que más duele es que muchas de las enfermedades que vemos cada día son conocidas, prevenibles y tratables: neumonía, bronquitis, sarampión, meningitis, diarrea, desnutrición, malaria, infecciones neonatales, complicaciones del parto o de la prematuridad. No estamos ante enfermedades raras ni inevitables. Estamos ante vidas que podrían salvarse. La gran mayoría de estas muertes son evitables. En Etiopía, aproximadamente el 99% de las muertes maternas y neonatales podrían prevenirse con lo que ya sabemos hoy. No hace falta descubrir nada nuevo. No hace falta tecnología imposible. Hace falta algo mucho más básico: que ese conocimiento llegue, que los recursos estén disponibles, que haya manos formadas en el momento preciso. Porque detrás de cada número hay una historia. Un niño que no llega a cumplir su primer mes de vida. Una madre que no vuelve a casa. Y mientras eso siga pasando, no puedo mirar hacia otro lado, no puedo cerrar los ojos

⁠¿Qué es lo más duro que sigue encontrándose en el terreno, incluso después de tantos años de experiencia?

Hay cosas a las que uno nunca se acostumbra. Ver morir ante tus ojos a una niña por desnutrición, simplemente porque no ha tenido acceso a comida. Saber, con una claridad devastadora, que era totalmente evitable. O tener todos los cilindros de oxígeno ocupados y que entre por la puerta de urgencias un niño aún más grave. Mirar a los ocho que ya están conectados, valorar quién está “un poco mejor”… y tener que retirar el oxígeno a uno para dárselo a otro que acaba de llegar y lo necesita más. Eso es lo más duro: la injusticia.

¿Se puede volver igual de una experiencia así o hay un antes y un después en la forma de entender la vida?

No, no se vuelve igual. No puedo volver a ser el mismo. Cuando has puesto nombre y rostro al sufrimiento, cuando has mirado a los ojos a Meklit, a Muliena, a Bilisuma… ya no puedes cerrar los ojos. Ya no son cifras, ni estadísticas, ni “casos”. Son personas. Son historias que se quedan contigo para siempre. Hay un antes y un después. Un antes en el que quizá podías mirar hacia otro lado. Y un después en el que entiendes que no hacerlo ya no es una opción. Porque cuando has visto lo que es evitable y, aun así, ocurre… algo dentro de ti cambia para siempre.

Aportaciones

¿Qué puede hacer un ciudadano corriente desde aquí para colaborar de forma útil y responsable, más allá de una donación puntual?

Es cierto que, por desgracia, para comprar medicamentos, garantizar oxígeno o sostener los servicios más básicos, el dinero es necesario. Sin recursos, muchas intervenciones simplemente no llegan. Pero no todo es dinero. También es imprescindible la empatía, la conciencia y el compromiso. Informarse, entender la realidad sin simplificarla, hablar de ello, sensibilizar a otros. Elegir bien a qué proyectos apoyar, apostar por iniciativas que trabajan desde el respeto, fortaleciendo los sistemas locales y generando impacto real a largo plazo. Colaborar también es cuestionar ciertas miradas: rechazar el paternalismo, huir del “todo vale”, y entender que ayudar no es protagonizar, sino acompañar. No es brillar sino iluminar caminos. Y, sobre todo, es no ser indiferente.

⁠⁠¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta ahora mismo una organización como Alegría sin Fronteras sobre el terreno: financiación, inestabilidad política, falta de infraestructuras, acceso sanitario, sequía, desnutrición?

El mayor reto es, en el fondo, siempre el mismo: que es necesario hacer mucho más. Nos enfrentamos a muchas dificultades: falta de financiación, escasas infraestructuras, falta de acceso sanitario, desnutrición, sequías… Y eso duele. Duele atender un parto a la luz de una linterna, sabiendo que bastaría con electricidad para cambiarlo todo. Por eso estamos trabajando para instalar placas de energía solar en el hospital. Duele saber que muchos niños mueren en el camino al hospital. Por eso formamos a agentes de salud comunitaria en cada pueblo, para que la atención sanitaria se acerca lo máximo posible. Duele aceptar que no podemos tener un pediatra en cada comunidad. Pero también ahí nace la esperanza: estamos desarrollando una herramienta con inteligencia artificial que guía a esos agentes de salud, que les acompaña en la toma de decisiones, que les da, de alguna manera, esos “superpoderes” que marcan la diferencia entre vivir o morir y los convierte en pediatras.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents