El Pantano de Elche, entre la nostalgia de la mona y la falta de mantenimiento
Visitantes reivindican baños públicos y papeleras en los merenderos y mejor señalización para acceder al enclave natural ante días de alta afluencia como este segundo Lunes de Pascua

Segundo Lunes de Mona en el Pantano de Elche con quejas por falta de mantenimiento / Áxel Álvarez
Este Lunes de San Vicente, conocido como segundo Lunes de Pascua, volvió a sacar a los entornos naturales y al campo a multitud de ilicitanos e ilicitanas que, fieles a una tradición que se resiste al paso del tiempo, se fueron desplazando para comerse la mona. Eso sí, la jornada soleada, y nublada a ratos, estuvo condicionada por el viento que hizo que muchos se pensasen antes de salir de casa qué rumbo coger. Entre los enclaves elegidos destacó el entorno del Pantano de Elche, un paraje natural simbólico que, pese a ser el lugar por excelencia desde hace décadas para celebrar esta cita, muestra signos evidentes de abandono.
Y es que todas las familias consultadas por INFORMACIÓN redundaban en la misma idea de que un enclave tan característico necesita una mejor imagen, especialmente el extremo más elevado donde se ubican los merenderos, un punto que, aseguraban, dista mucho de aquellos tiempos de mayor apogeo para la zona.

Señalética vandalizada con las normas del merendero del Pantano / AXEL ALVAREZ
Con sólo echar la vista a esta zona habilitada se puede ver algún tramo del vallado perimetral roto y precintado para evitar que alguien caiga por un desnivel de varios metros. Entre las defiencias se apreciarían bancos y mesas de obra visiblemente deteriorados por el paso del tiempo, o incluso baños públicos que llevan años clausurados para, supuestamente, evitar actos vandálicos, una circunstancia que obliga al visitante a tener que hacer sus necesidades en plena naturaleza porque no hay alternativa. También había quienes echaron de menos que se hubiera retirado maleza cerca de bancos y sillas, en vista de que la vegetación se ha propagado en este área después de las últimas lluvias.
Civismo
“Al principio estaba bastante bien y ahora está como abandonado, las cosas como son”, señalaba Ginés Carrasco, uno de los vecinos que desde joven frecuenta con asiduidad la zona. Precisamente por el cariño que le tiene al paraje pedía más civismo mientras miraba algunos elementos en el paisaje que rompían la armonía por la falta de decoro de quienes, por ejemplo, han hecho pintadas en muros o dejan restos tirados.

Toñi González muestra la mona junto a familiares y amigos / AXEL ALVAREZ
En vista de que esta zona de esparcimiento concentra a multitud de personas a la vez en momentos señalados, los usuarios también reclamaron más facilidades para cuidar del espacio, como por ejemplo que se instalen papeleras.
"Nosotros intentamos recoger lo que ensuciamos pero no todo el mundo es igual”, reconocía la ilicitana Marga Maciá mientras elegía el rincón donde menos aire hacía para colocar la tortilla y el resto del aperitivo como manda la tradición. A primera hora de la mañana había brigadas de limpieza en el lugar para recoger los residuos, especialmente plásticos, a la vista.
"Cada vez hay más prohibiciones, no dejan subir a los ciclistas y falta limpieza", lamentaba a escasos metros por su parte Emilio Maciá, quien señalaba que ese fenómeno de incluso ir de madrugada para coger sitio ya no se ve, porque, directamente, no hace falta. Rememoraba, además, ciertas costumbres que se han ido perdiendo entre las nuevas generaciones como la tradición de ir el día de la Ascensión a "fer herbetes", es decir, recoger plantas aromáticas como el espliego, el tomillo o el cantueso.

Una parte del vallado rota en el merendero del Pantano / AXEL ALVAREZ
Aunque persistan familias que acuden con los peques para que cumplan con el ritual de esclafar el huevo de la mona en la cabeza del ser querido, este hombre manifestaba que el desarraigo cultural vinculado a la zona es uno de los factores que han ido confluyendo para que el entorno se haya ido devaluando con el paso del tiempo, mientras que también lo achacaba a la restricción de prácticas que atraían a más gente, como el hecho de hacer barbacoas. Una actividad que quedó terminantemente prohibida hace años por el alto riesgo de incendio.
Señalética
Aún y así, podía verse sobre el lugar alguna tabla de madera con clavos, prueba de que hay quienes incumplen haciendo fuego en la zona. Ahora bien, tampoco están muy claras las normas ya que la señalética es escasa, prácticamente nula, teniendo en cuenta que se ha vandalizado también el cartel principal que indica qué usos están permitidos y cuáles no. Al menos este lunes el panel indicativo del Ayuntamiento, casi ilegible, estaba tirado por el suelo.
En el caso de este lunes de mona, los coches fueron llegando casi a cuentagotas, y al menos hasta el mediodía se apreciaba bastante menos tránsito que el pasado lunes, lo que podría explicarse por el tiempo inestable y el hecho de que había municipios donde la jornada era laborable como Santa Pola, de ahí que tampoco llegase la afluencia en la costa al nivel registrado hace justo una semana.
Concentración
En el caso del Pantano, la mayor parte de los vehículos se concentraron en la explanada, pero sin llegar a masificarse el sector, teniendo en cuenta que no había demasiadas familias que eligieron esta parte para pasar el día. Había rotación porque la mayoría optó por hacer la ruta hacia la presa para comer en casa.

Las familias eligen el Pantano como opción para pasar el segundo lunes de mona / AXEL ALVAREZ
Precisamente durante el recorrido de la senda para llegar al icónico patrimonio hidráulico los senderistas también reclamaban que se cuidase más de la vegetación durante el recorrido, ya que, por ejemplo, se apreciaba alguna que otra palmera volcada tras los últimos temporales que está interrumpiendo el paso y hay varios focos de acumulación de hojas secas de palmáceas en algunos tramos, por no hablar de que hay quienes pasean y terminan tirando colillas de cigarrillos, como criticaba Vanesa Yolanda Rodríguez, que suele hacer la ruta a menudo.
Cuestión aparte es la señalización. "La gente que es de fuera no sabe ni por dónde ir, no hay carteles”, señalaba Trinidad del Peral, que apuntaba que se ha encontrado estos años con muchos extranjeros atraídos por las sendas que se confunden y arrancan el camino equivocado por la falta de señales claras.
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