Severo Ochoa se queda sin microscopios en Elche: de la fuga de vocaciones a los reels y la recogida de firmas para lograr un laboratorio
Docentes y alumnado del centro educativo ilicitano ponen en marcha una campaña para presionar a la Generalitat y recuperar las instalaciones, cerradas desde 2019 por la falta de espacio

Verónica Sánchez García y Manpreet Singh Kaur, en el patio donde está el mobiliario del antiguo laboratorio. / INFORMACIÓN
“¿Nobel de nombre? ¡Ilegales de derecho!”… “En 1959 teníamos recursos para un Nobel. En 2026 no tenemos ni para hacer una práctica en la ESO”... Incluso “un Nobel sin herederos”. Son tres de los eslóganes que forman parte de la campaña a la que, desgraciadamente, se han visto abocados docentes y alumnado del IES Severo Ochoa de Elche. Un instituto con nombre de uno de los dos Nobel de Medicina españoles que, sin embargo, lleva ya seis años, desde la pandemia de covid, sin laboratorio. Por eso mismo, hastiados, y con el fin de revertir una situación que, lejos de promover vocaciones científicas y talento, fomenta su fuga, han optado, en un centro ya de por sí masificado y asfixiado por la falta de espacio, por tirar de imaginación y reivindicar lo que por derecho y por ley les pertenece, además, con unas condiciones dignas: un laboratorio en el que poder hacer prácticas con los recursos materiales necesarios, garantizando el aprendizaje en condiciones de seguridad.

El alumnado, en el reel que crearon para Instagram con los enseres retirados del laboratorio. / INFORMACIÓN
Hasta 2.600 días
Los números en los que avalan su petición no pueden ser más elocuentes: 2.600 días sin laboratorio y 4.000 alumnos sin una formación adecuada en este tiempo. Las imágenes que muestran en los reels no lo son menos: bancos de trabajo, taburetes y fregaderos que en su día configuraban lo que era un laboratorio abandonados a su suerte en una terraza del instituto. Por eso mismo, han creado la cuenta de Instagram Proyecto.Severo, han iniciado una campaña de firmas de las que ya llevan recogidas medio millar, están preparando un documental que presentarán públicamente en unas semanas, y han creado una web, https://www.proyectosevero.es/, en la que dan cuenta de la situación e incluso los interesados pueden ver cómo aportar su apoyo a la causa.

Uno de los carteles creados por el profesorado y el alumnado, dentro de la campaña. / INFORMACIÓN
Desde principio de curso
Como explican los profesores de Biología Verónica Sánchez García y Manpreet Singh Kaur, todo comenzó a principio de este curso. Ambos se estrenaban en el centro y, nada más poner un pie en el instituto, vieron que la situación era desoladora. Entre otras cosas, porque, como narran, “ver al alumnado con tanto ímpetu y ganas de hacer cosas y que no pudieran hacer prácticas resulta frustrante”, afirman. Cierto es que la reivindicación del laboratorio no era nueva, pero, hasta la fecha, se había planteado dentro de un listado más largo de demandas para el centro. De ahí que trataran de conjurarse contra su realidad planteando una batalla específica para el laboratorio. Comenzaron así ambos profesores y el alumnado de primero de Bachillerato a dar forma a una campaña que aspiraban a que fuera disruptiva para que no acabara diluida entre otras peticiones educativas por más justas que fueran. Se diseñó un logo, se confeccionaron eslóganes, se impulsó una recogida de firmas, y, de por medio, reels rompedores como ése en el que las chicas dicen que van a hacer prácticas y saltan por la ventana, donde está arrumbado el mobiliario del laboratorio, mientras que los armarios con los útiles están cerrados y de alguno hasta se ha perdido la llave…

Un detalle de los enseres del laboratorio abandonados desde hace años. / INFORMACIÓN
Vocaciones
“Yo soy biólogo porque siempre he estado rodeado por mujeres y hombres que hacían ciencia, pero si los jóvenes no pueden hacer prácticas en un laboratorio difícilmente podremos fomentar las vocaciones”, explica Manpreet Singh Kaur. Unas carencias -la de un espacio para hacer ciencia aplicada- que, apostilla Verónica Sánchez García, intentan suplir a costa de echar horas de su tiempo, pero también del de sus alumnas, en femenino, resaltan, porque son mayoría: diez chicas por dos chicos. Hasta el extremo de que, fuera del horario de los profesores, aprovechan para habilitar alguna aula como laboratorio, para que puedan manejar los microscopios y hacer investigación práctica, e incluso el estudiantado de primero de Bachillerato ayuda a los profesores para que los chavales de tercero de ESO también puedan hacer prácticas. “Es un grupo extraordinario y las alumnas y alumnos tienen unas ganas y un ímpetu con los que están consiguiendo arrastrar a estudiantes de otros cursos. Cualquier otro joven a esa edad se habría conformado, pero esto está teniendo un efecto llamada en otros compañeros, que están dándose cuenta de que vale la pena luchar para pedir lo que por derecho les toca”, afirman con orgullo los dos profesores de un instituto dedicado a un científico de referencia español en el que se ha suprimido el laboratorio. Sobre todo, no ocultan su satisfacción por la lección de concienciación ciudadana que está dando este grupo de jóvenes a una edad en la que siempre se les recrimina que sólo estén pendientes de las pantallas. Sí, están utilizando las pantallas, pero para ponerlas al servicio de una causa que consideran justa.
Los próximos pasos
Una vez presentado el documental en unas semanas, en el marco de un gran acto con el que se quiere implicar a toda la comunidad educativa y a la sociedad en general, y ya culminada la recogida de firmas, lo que se pretende es entregar un escrito a la Conselleria de Educación respaldado por todas las adhesiones sumadas. Eso sí, siempre y cuando la Generalitat no mueva ficha antes, que es lo que les gustaría. No lo han hecho antes -lo de presentar una instancia formal ante la Administración autonómica- porque creen que peticiones educativas al Ejecutivo valenciano llegan muchas, y prácticamente todos los días, y no quieren que la suya sea una más. Por un lado, por las implicaciones pedagógicas, porque, como indican en la web, la falta de laboratorio impide desarrollar competencias científicas básicas, y el alumnado no puede formular hipótesis, contrastar resultados ni aprender experimentando. Por otro, porque se está incumpliendo la ley, ya que el Real Decreto 132/2010 y la Lomloe obligan a los centros de ESO y Bachillerato a disponer de laboratorio. Finalmente, apostillan, por una cuestión de desigualdad educativa: el barrio de El Toscar tiene indicadores de vulnerabilidad socioeconómica y, sin recursos, el talento depende del entorno de origen, alegan. Argumentos en los que se refugian profesorado y alumnado para apoyar su petición ante el Consell en un centro con el nombre de un científico que llegó a decir que, “en principio, la investigación necesita más cabezas que medios”.Y puede que estuviera muy acertado Severo Ochoacon eso de “en principio”, ya que casos como éste demuestran que, en ocasiones, los medios son totalmente indispensables para poder tener cabezas, y por eso es por lo que luchan Verónica Sánchez García y Manpreet Singh Kaur y sus alumnos y alumnas.
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