Del aula a la herida real: así fue “Aprende a curar CEU”, la jornada que acercó al alumnado de Enfermería al abordaje de lesiones complejas
La CEU UCH de Elche celebró el 18 de abril una formación práctica sobre heridas de difícil cicatrización con casos reales, actividades en grupo y criterios clínicos para orientar la toma de decisiones

La jornada “Aprende a curar CEU” se celebró el sábado 18 de abril en la CEU UCH de Elche. / INFORMACIÓN
Aprender a valorar una herida no consiste solo en mirar una lesión. Exige observar al paciente de forma integral, distinguir estructuras, interpretar signos, elegir materiales y decidir una estrategia de tratamiento con criterios clínicos. Sobre esa idea giró “Aprende a curar CEU”, la jornada celebrada el sábado 18 de abril en la CEU UCH de Elche, una formación presencial centrada en el abordaje de heridas complejas que reunió a alumnado de Enfermería en torno a una metodología práctica, dinámica y muy pegada a la realidad asistencial.
Organizada por Nancy Vicente, vicedecana de Enfermería de la CEU UCH en Elche, con la colaboración de los profesores José Antonio Robles y Eva García, la actividad se estructuró en una sesión intensiva de mañana y tarde en la que se combinaron imágenes reales, análisis de casos, trabajo en grupo, vídeos explicativos y revisión de materiales de cura. El objetivo no era ofrecer una aproximación superficial al tratamiento de heridas, sino introducir al alumnado en una forma de razonar clínicamente ante lesiones complejas y en la necesidad de tomar decisiones personalizadas en función de cada caso.
Una jornada para aprender a mirar mejor
Nancy Vicente resume el sentido de esta propuesta en una idea clara: “‘Aprende a curar CEU’ es una formación presencial práctica y dinámica centrada en la curación de heridas complejas”. Según explica, la jornada se diseñó para que el alumnado pudiera trabajar a partir de casos reales y aprendiera a valorar de forma integral tanto al paciente como a la herida. La vicedecana subraya, además, que durante la sesión se abordaron criterios clínicos para establecer una línea de tratamiento eficaz y personalizada y que toda la formación se orientó hacia objetivos clínicos “reales y medibles”.
Esa perspectiva marcó el desarrollo del programa desde primera hora. La mañana comenzó con la presentación del contenido y una primera actividad grupal de evaluación inicial de una lesión a partir de los conocimientos previos del alumnado. A continuación, la jornada avanzó con la clasificación y categorización de lesiones mediante imágenes reales, la valoración integral de la lesión, la diferenciación de estructuras y el planteamiento de estrategias de tratamiento. Hubo también actividades de detección y análisis en pizarra, una revisión del lecho de la herida organizada en seis pasos, un repaso de apósitos y material de curas y la exposición de distintos niveles de heridas y casos de éxito.

La formación se centró en el abordaje de heridas complejas. / INFORMACIÓN
Por la tarde, el esquema mantuvo ese enfoque aplicado. El alumnado participó en nuevas actividades grupales de valoración, recibió una introducción al desbridamiento, trabajó con vídeos explicativos basados en casos reales y cerró la jornada con una actividad final centrada en la resolución de situaciones clínicas. En conjunto, el programa buscó que los estudiantes no se limitaran a escuchar, sino que participaran de forma activa en el razonamiento clínico que exige este tipo de cuidados.
El laberinto de las heridas complejas
Los encargados de guiar esa formación fueron José Fco. Villalba y José Piedecausa, dos enfermeros con una trayectoria prolongada en el ámbito de las heridas complejas. Villalba cuenta con 18 años de experiencia, es especialista en enfermería geriátrica, paliativos y heridas de difícil cicatrización, licenciado en Antropología Social y Política y director, junto a Piedecausa, del primer máster nacional que integra heridas complejas y cirugía menor. Piedecausa, por su parte, suma 17 años de experiencia en el trabajo con pacientes de medicina interna y heridas complejas, además de ser diplomado en Fisioterapia.
Ambos ponentes explican que una de las dificultades de este campo es precisamente su complejidad. Según señalaron tras la jornada, el tratamiento de heridas “no se puede aprender en uno o dos días”, pero este tipo de formaciones sí puede ayudar a encontrar una primera orientación sólida. Para explicarlo, recurrieron a una imagen muy gráfica: la del laberinto. En su opinión, el abordaje de las heridas suele estar rodeado de conceptos, teorías y enfoques que pueden generar confusión, y por eso plantean sus sesiones como una forma de dar claridad a los alumnos y de ayudarles a encontrar “el camino más corto” en la toma de decisiones.
Ese fue, de hecho, uno de los ejes de la jornada en la CEU UCH. Más que acumular información, se trataba de ordenar criterios. Más que repetir protocolos de manera mecánica, de enseñar a valorar qué necesita cada caso. Los dos especialistas insistieron en que, ante una herida concreta y un paciente concreto, lo que se busca es ofrecer la respuesta más satisfactoria posible. Para ello, añadieron, es esencial que el alumnado aprenda pronto a distinguir lo importante de lo accesorio y a desenvolverse con claridad entre múltiples opciones terapéuticas.
Del razonamiento a la práctica
En esa transición entre teoría y práctica situó también Nancy Vicente el sentido de “Aprende a curar CEU”. La vicedecana explica que la formación quiso romper “con los enfoques tradicionales” para ofrecer una nueva manera de tratar las heridas, basada en el razonamiento crítico y en la toma de decisiones sustentadas en la práctica. Esa apuesta se reflejó en la dinámica del curso, donde los estudiantes trabajaron sobre imágenes reales, valoraron lesiones en grupo y contrastaron sus planteamientos a partir de ejemplos concretos.
Los dos ponentes coincidieron en destacar que el entorno facilitó ese aprendizaje. Señalaron que contaban con “todo lo que necesitaban” para que el alumnado tuviera una experiencia formativa real y explicaron que se sintieron muy cómodos trabajando en la universidad, tanto por el ambiente generado como por la relación con profesores y estudiantes. A su juicio, ese clima de confianza resulta decisivo en una formación de este tipo, porque favorece que los alumnos expresen dudas, planteen inquietudes y avancen con mayor seguridad en un terreno clínico que, por definición, exige observación y criterio.

La formación reunió al alumnado de Enfermería en torno a una metodología práctica, dinámica y muy pegada a la realidad asistencial. / INFORMACIÓN
También subrayaron la predisposición del alumnado de Enfermería. En su valoración conjunta, destacaron que los estudiantes participaron con interés, mostraron una buena disposición al aprendizaje y respondieron de forma activa a la metodología propuesta. Según apuntaron, esa receptividad resulta especialmente relevante en una etapa formativa en la que todavía no se han consolidado inercias profesionales y en la que, por tanto, es posible introducir de forma más clara determinadas formas de trabajo.
Despertar el interés por un campo clínico exigente
La jornada del 18 de abril dejó así una doble huella. Por un lado, acercó al alumnado a un ámbito clínico especializado que exige observación, método y capacidad de análisis. Por otro, abrió una vía para seguir profundizando en un terreno asistencial que forma parte de la práctica enfermera cotidiana y que, sin embargo, requiere una preparación muy específica. Los propios ponentes señalaron que ese era uno de sus propósitos: despertar en los estudiantes “el gusanillo del mundo de las heridas” y ayudarles a empezar un camino formativo que después deberán seguir ampliando.
Para Nancy Vicengte, esta edición de “Aprende a curar CEU” funcionó “como una primera inmersión en el razonamiento clínico que acompaña al tratamiento de lesiones complejas. No como un punto de llegada, sino como un punto de partida. Uno en el que valorar, clasificar, decidir y tratar dejó de ser una secuencia abstracta para convertirse en una práctica compartida dentro del aula”.
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