Las playas de Elche refuerzan el escudo de las dunas en 2,8 kilómetros y los vecinos urgen más civismo
El proyecto del Miteco de renovación de vallas y pasarelas avanza mientras los residentes piden más señalización para que los bañistas respeten el paisaje

Usuarios en la playa del Carabassí junto al perímetro de vallado para evitar el acceso a las dunas / Jose Navarro
Cuando los turistas llegan a puntos del litoral ilicitano se quedan con esa magia natural de un ambiente de playa entre dunas. Precisamente para que este paisaje se preserve, sin sufrir daños fruto de la masificación, en las últimas semanas se está haciendo más visible el refuerzo que la Dirección General de Costas está haciendo para proteger el ecosistema con nuevos cordones dunares a lo largo de casi tres kilómetros de costa en el término municipal de Elche.
Eso sí, hay parte de los visitantes que desconocen las funciones de estos limitadores físicos y se los saltan porque tampoco hay una señalética clara que indique el motivo de estas instalaciones, como manifiestan a este diario residentes de las pedanías afectadas.

Un cartel que invita a no fumar junto a las dunas en El Carabassí. / Jose Navarro
Sobre el terreno ya se aprecian avances en varios puntos del litoral ilicitano como Arenales del Sol. Hasta la fecha, hay un tramo completado entre la pasarela 12 y la 11, además de actuaciones en los accesos de la M2 y en tramos comprendidos entre la pasarela 6 y la 0.
La intervención del proyecto del organismo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) busca un objetivo claro: que el acceso a la playa se haga por itinerarios definidos y no a través de las dunas, donde cada atajo improvisado y cada gesto incívico termina acelerando el deterioro de un entorno de alto valor ambiental. El proyecto técnico, redactado por la Dirección General de la Costa y el Mar, a través del Servicio Provincial de Costas en Alicante, parte la idea de que la fuerte presión de uso sobre el dominio público marítimo-terrestre obliga a conservar y mantener los accesos para evitar la degradación progresiva del entorno, especialmente en zonas naturales muy sensibles.
El proyecto, que lleva varios meses ejecutándose, y que aún no está completado, se fijaba un plazo de medio año y contempla tanto la rehabilitación de pasarelas existentes como la instalación y reposición de vallado blando para proteger los sistemas dunares.
Sectores
En el caso de Elche, las actuaciones previstas se concentran en cuatro grandes ámbitos, que van de las playas de El Carabassí y Arenales del Sol, a la playa de El Altet y la playa de El Rebollo-La Marina. Entrarían en el proyecto la rehabilitación de varias pasarelas en el frente litoral de Arenales-Carabassí y la instalación de nuevo vallado blando en El Altet y en El Rebollo-La Marina, dos enclaves donde el objetivo principal es disuadir el paso por las dunas a través de estos postes de madera con cuerda de nylon colocados para delimitar claramente las zonas sensibles, todo con tal de que los bañistas respeten una infraestructura natural que, como indica el propio proyecto, ayuda a fijar el sedimento, amortiguar temporales, sostener la vegetación específica y actuar como barrera frente a la erosión.
Por un lado, se están rehabilitando y conservando pasarelas de madera que han superado su vida útil media y presentan degradación, podredumbre o carcoma, por no hablar de que había tablones astillados, abiertos o girados, de la misma forma que se proyectó el desmontaje de 104 metros cuadrados de pasarela, además de sustituir numerosos postes y pasamanos. Donde ya se ha actuado se ha empleado el tratamiento protector a base de lasur para conservar la madera.
A ello se suma la reposición de elementos no estructurales, como tarimas y barandillas, y de elementos estructurales, como postes de madera tratada en autoclave. El representante pedáneo de Arenales del Sol, Alejandro García Radúan, se muestra satisfecho de que a estas fechas ya estén desplegadas las pasarelas, en vista de la temporada de verano, aunque hay residentes que trasladan que hay tramos que todavía no se han repuesto.

Vallado de madera roto en Arenales del Sol que abre la puerta a que haya quienes accedan directamente a las dunas / INFORMACIÓN
Por otro lado, se está colocando nuevo vallado blando en aquellas zonas donde los sistemas dunares están en riesgo de grave deterioro o incluso de desaparición. El presupuesto parcial del proyecto contempla 2.014 metros de nuevo vallado en El Rebollo-La Marina y otros 846 metros en El Altet, aunque también se ha idoen playas de Arenales, como trasladan los vecinos.
En total, son 2.860 metros de cerramiento blando previstos solo en esos dos tramos del litoral ilicitano, una longitud que da idea del alcance de la actuación, además de los 3.961 metros previstos para las playas de Ortigues-El Campo y Moncayo, o los más de 1.500 metros en Tosales, incluidos en el proyecto de regeneración de más de 430.000 euros.
Ejemplo de Maspalomas
Los residentes agradecen la inversión en el entorno pero entienden que falta más pedagogía y señalización sobre los usos permitidos y los que no como ocurre en otros entornos dunares reconocidos del país como Maspalomas. “La gente se sienta y no se protegen las dunas porque siguen pasando por las cuerdas", trasladan.
En varios tramos del paseo marítimo también se observan vallas de madera resquebrajadas o vencidas, según afean los vecinos, porque algunas personas las usan como columpios, bancos improvisados "o incluso como percheros", reprueban, lamentando que no servirá de nada que haya nuevas infraestructuras si acaban degradándose a la misma velocidad a la que se reparan.
En la documentación del proyecto se recuerda que varias de las zonas de actuación se localizan en entornos con hábitats dunares de elevado valor ecológico, con presencia de formaciones propias de dunas embrionarias, crestas dunares y matorrales estabilizados, como en El Rebollo-La Marina y en el frente de El Carabassí, Arenales y El Altet se identifican hábitats ligados precisamente a dunas y arenales costeros.

Una parte del vallado del paseo marítimo de Arenales ciertamente vencido por el paso del tiempo. / INFORMACIÓN
De hecho, el sentido último de las pasarelas no es solo por “comodidad” del bañista, que es obvio para garantizar que el visitante se sienta atraído por la playa, si no también para evitar que el camino a la orilla se convierta en una sucesión de pisadas sobre la vegetación y los cordones de arena.
Cuando una pasarela está rota, hundida o mal resuelta, muchas personas optan por bordearla o bajar por donde les resulta más directo. Ese gesto, repetido cientos de veces, termina dibujando senderos espontáneos sobre la duna, destruyendo plantas fijadoras y favoreciendo la erosión. Por eso el proyecto habla de garantizar un acceso adecuado al litoral y de conservar debidamente estos elementos.
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