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Ornitólogos resaltan el papel del críalo en el control natural de plagas como la procesionaria en Elche

Destacan la función de las aves insectívoras en espacios naturales del Baix Vinalopó ante el aumento de lepidópteros por el cambio climático

Captan cómo un críalo se alimenta de la procesionaria del pino en la Sierra de Crevillente

Jesús Alfonso Prieto

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V. L. Deltell

V. L. Deltell

Un ejemplar de críalo europeo (Clamator glandarius) ha sido observado en la zona baja de la Sierra de Crevillent, en el Baix Vinalopó, mientras se alimentaba de orugas de procesionaria del pino. La escena, documentada recientemente por la SIO (Sociedad Ilicitana de Ornitología), pone de relieve la relevancia de las aves en el equilibrio de los ecosistemas y su papel directo en el control de especies que afectan a los pinares.

El ave fue registrada introduciendo el pico en uno de los bolsones que la procesionaria instala en los pinos blancos. En su interior se concentran decenas de orugas que, en este caso, sirven de alimento a esta especie. Este comportamiento natural convierte al críalo europeo en un agente activo en la regulación de estas poblaciones.

Servicio ecológico invisible

Desde la SIO explican que este tipo de comportamiento forma parte de los denominados servicios ecosistémicos, procesos naturales que benefician directamente al entorno y, por extensión, a la sociedad. En este caso, las aves actúan como controladores biológicos, limitando la expansión de insectos que pueden causar daños.

Un ejemplar de críalo ataca un nido de procesionaria en un pino de la Sierra de Crevillente

Un ejemplar de críalo ataca un nido de procesionaria en un pino de la Sierra de Crevillente / Jesús Alfonso Prieto

Jesús Alfonso Prieto, miembro de la entidad, señala que «la presencia de aves insectívoras es fundamental para mantener el equilibrio de los ecosistemas forestales, ya que ayudan a reducir de forma natural la proliferación de especies como la procesionaria». Además, añade que «estos procesos son constantes, aunque muchas veces pasan desapercibidos para la mayoría de la población».

Junto al críalo europeo, otras especies como las abubillas, los carboneros comunes y pequeños pájaros insectívoros contribuyen también a esta función, creando una red natural de control que evita desequilibrios mayores.

Expansión

La procesionaria del pino ha incrementado su presencia en los últimos años, no solo en la Sierra de Crevillent, sino también en otros enclaves del entorno ilicitano como el Pantano de Elche o áreas próximas al Parque Natural de El Hondo.

Aunque no siempre se considera una plaga en sentido estricto, su proliferación está provocando defoliaciones significativas que debilitan los pinares y alteran el equilibrio forestal. A ello se suma su impacto sobre la salud, ya que sus pelos urticantes pueden afectar tanto a personas como a animales.

Desde la Sociedad Ilicitana de Ornitología apuntan que el cambio climático está favoreciendo este fenómeno. Los inviernos más suaves y las temperaturas más elevadas permiten que esta especie complete su ciclo con mayor facilidad, incrementando su presencia en el territorio.

Ante este escenario, los especialistas insisten en la importancia de preservar la biodiversidad. La presencia de aves insectívoras actúa como un mecanismo natural de regulación que reduce la necesidad de intervenciones artificiales.

Prieto destaca que «proteger a las aves implica también proteger sus hábitats, porque sin ellos perderíamos una herramienta natural clave para el control de plagas». En este sentido, subraya el valor de espacios como la Sierra de Crevillent o los humedales del entorno de Elche.

La observación del críalo europeo no es un hecho aislado, sino una muestra del funcionamiento de los ecosistemas cuando mantienen su diversidad. Cada especie desempeña un papel concreto que contribuye al equilibrio global.

Un equilibrio necesario

Más allá del valor ambiental, la acción de estas aves tiene un impacto directo en el bienestar humano. El control natural de insectos reduce la necesidad de tratamientos químicos y contribuye a la conservación de espacios naturales.

La imagen del críalo europeo alimentándose en un pinar del Baix Vinalopó simboliza ese equilibrio silencioso que sostiene los ecosistemas. Un proceso continuo que depende de la interacción entre especies y del respeto al entorno.

Desde la SIO concluyen que este tipo de observaciones deben servir para reforzar la conciencia ambiental y la necesidad de conservar la riqueza natural del territorio entre la sociedad. 

Una especie singular

El críalo europeo es un ave de tamaño medio, muy similar al cuco, aunque presenta un aspecto más esbelto, una cola más larga y un plumaje más llamativo. Su coloración combina tonos marrón grisáceos en el dorso, salpicados de motas blancas, con una zona ventral blanquecina y una garganta de tonos ocre-amarillentos. En la cabeza destaca un capirote gris plateado con una pequeña cresta ligeramente eréctil y un característico anillo ocular rojo.

Los ejemplares jóvenes presentan una coloración aún más vistosa. Su plumaje muestra tonos achocolatados con abundantes motas blancas en el dorso, mientras que el pecho y el cuello adquieren tonalidades amarillentas. Las plumas de vuelo presentan un tono rojizo, y el capirote es negro, con un anillo ocular más marcado que en los adultos.

Se trata de una especie muy sonora, que emite distintos tipos de vocalizaciones, desde graznidos repetitivos hasta sonidos más complejos como «ki-ki-kri-krie-krie» o «cherr-cherr». Su distribución abarca zonas de África, Oriente Medio y Europa, donde aparece como ave estival en regiones mediterráneas como la Península Ibérica. En España se encuentra en buena parte del territorio, especialmente en áreas de menor altitud, y su presencia está ligada a especies como la urraca o la corneja, a las que parasita para reproducirse.

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