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Universidad Miguel Hernández

Adictos al juego, conclusión de la UMH de Elche: los hombres, más influenciables que las mujeres por los pronosticadores de apuestas online

Un estudio, realizado contando con casi 800 jóvenes de unos 15 años, concluye que los "tipsters" empujan a adolescentes a jugar con contenidos que presentan la práctica como una actividad rutinaria, rentable y socialmente aceptada

Niños juntos manejando el móvil

Niños juntos manejando el móvil / INFORMACIÓN

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V. L. Deltell

V. L. Deltell

Seguir a tipsters —pronosticadores de apuestas deportivas— en redes sociales se asocia directamente con una mayor intención de apostar entre adolescentes, así como con una mayor frecuencia de juego y una menor percepción del riesgo. Así lo concluye un estudio coliderado por la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche y la Universidad de Vigo, basado en una encuesta a 782 jóvenes de unos 15 años, que pone el foco en el papel de estos perfiles digitales en la normalización del juego entre menores.

La investigación advierte de la necesidad de establecer límites a las estrategias de marketing vinculadas al juego y de reforzar los mecanismos de prevención temprana, en un contexto en el que las redes sociales se han convertido en un canal clave para atraer a nuevos usuarios.

Influencia directa en la conducta

Los tipsters recomiendan apuestas a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas especializadas. Lejos de la figura tradicional del corredor de apuestas, se trata de un fenómeno profesionalizado y con alcance global, que conecta con los hábitos digitales de los más jóvenes.

“Su estrategia en redes sociales consiste en generar contenidos que presentan el juego como una actividad rutinaria, rentable y socialmente aceptada”, explica el profesor de Psicología Social de la UMH Daniel Lloret Irles, colíder del estudio.

Una persona compra a través de su móvil.

Una persona compra a través de su móvil / INFORMACIÓN

Según el investigador, estos perfiles no actúan de forma aislada, sino que forman parte de un ecosistema más amplio de promoción del juego. “Forman parte de una cultura del éxito económico como valor principal promovida por influencers, donde se difuminan los límites entre entretenimiento y apuestas; y los tipsters actúan como amplificadores de estos mensajes”, apunta Lloret.

En sus contenidos, predominan los mensajes centrados en las ganancias, mientras que las pérdidas quedan relegadas, generando una narrativa de éxito que puede resultar especialmente atractiva para los adolescentes.

Menor percepción del riesgo

El análisis distingue entre tres perfiles de jóvenes: quienes no conocen a los tipsters, quienes los conocen pero no los siguen y quienes consumen activamente sus contenidos. Es en este último grupo donde se detectan mayores niveles de vulnerabilidad.

“Los resultados muestran un patrón claro: los adolescentes que siguen a tipsters presentan mayores niveles de intención de apostar —tanto en plataformas online como en locales de apuestas físicos—, así como mayor frecuencia de juego y perfiles psicosociales de mayor riesgo”, señala Lloret.

Además, estos jóvenes perciben menos los peligros asociados al juego y creen que apostar es una práctica más extendida entre sus iguales. También muestran motivaciones más intensas, especialmente vinculadas al dinero.

“No es el hecho de saber que existe el mundo de las apuestas lo que marca la diferencia, sino el sentirse vinculado a él”, explica el investigador, quien añade que “la exposición activa —seguir a tipsters— es lo que realmente se asocia con un mayor riesgo”.

Diferencias por género y contexto

El estudio también detecta diferencias significativas entre chicos y chicas. Los varones presentan una mayor intención y frecuencia de juego, algo que, según los autores, responde a factores conductuales y culturales.

“En el caso de los varones, se produce una tormenta perfecta”, apunta Lloret: “Sabemos que los hombres tienden a empezar antes, a apostar más en deportes y a hacerlo por impulsividad o por búsqueda de emoción. Y los mensajes de los tipsters —basados en el éxito, la estrategia y el control— encajan perfectamente con el perfil masculino del apostador”.

Más allá de su función aparente como asesores, los tipsters influyen mediante dos mecanismos clave: por un lado, refuerzan la idea de que apostar es algo normal; por otro, generan una falsa sensación de control al destacar aciertos y ocultar errores. Esto lleva a los adolescentes a sobreestimar su capacidad para predecir resultados inciertos.

“En este contexto, cabe preguntarse para quién trabajan realmente los tipsters”, plantea Lloret, recordando que, en muchos casos, sus ingresos dependen de atraer nuevos usuarios a plataformas de juego.

Un fenómeno en crecimiento

El contexto actual refuerza la preocupación de los investigadores. Aunque la edad legal para apostar en España es de 18 años, el 24,4% de los adolescentes de entre 14 y 18 años ya ha jugado, según datos del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones de 2025. La prevalencia es mayor en chicos (34,7%) que en chicas (14%), y cerca de un 5% presenta indicios de juego problemático.

Los expertos recuerdan que la adolescencia es una etapa especialmente sensible a este tipo de influencias. Estudios previos de la UMH ya han demostrado que reducir la presión publicitaria disminuye la actitud favorable hacia las apuestas. También han vinculado el uso intensivo de redes sociales en menores de 16 años con un aumento de síntomas depresivos.

Prevención y regulación

“El lado positivo es que ahora sabemos que la exposición a tipsters puede actuar como una señal temprana de vulnerabilidad, incluso antes de que los jóvenes empiecen a apostar”, destaca Lloret.

A partir de estos resultados, el equipo investigador propone reforzar la regulación del marketing de afiliación en el ámbito del juego, especialmente en redes sociales, así como impulsar programas de alfabetización mediática dirigidos a familias y centros educativos.

Entre las iniciativas existentes, destacan propuestas como el programa QTJ? (Qué te juegas) de la UMH, orientado a desmontar la ilusión de control y ofrecer una visión más realista de los riesgos asociados al juego.

El estudio ha sido coliderado por Manuel Isorna Folgar, de la Universidad de Vigo, y ha contado con la participación de investigadores de la Universidad Católica San Antonio de Murcia y de la Universidad Internacional de Valencia.

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