Patrimonio
Un estudio aboga por un gemelo digital para conservar el puente de Santa Teresa en Elche
La investigación realizada por los ingenieros José Andrés y Carlos Coves plantea una herramienta de seguimiento para preservar un hito histórico del Vinalopó, que es parte de la Via Augusta que cruza la ciudad

José Andrés Coves señala el puente de Santa Teresa en uno de sus puntos donde se observa su desgaste. | ÁXEL ÁLVAREZ
El Puente de Santa Teresa de Elche, también conocido como Pont Vell o Puente de la Virgen, puede abrir una nueva etapa en su conservación patrimonial con la creación de un gemelo digital que permita registrar su estado, sus elementos constructivos, sus patologías visibles y la evolución de futuras intervenciones. Esa es la principal propuesta del estudio presentado por los ingenieros José Andrés Coves García y Carlos Coves Campos en el II Congreso Internacional de Patrimonio de la Obra Pública y de la Ingeniería Civil, celebrado en abril entre Castellón, València y Alicante.
La comunicación, titulada «El Puente de Santa Teresa sobre el Río Vinalopó. Vía Augusta Romana, Carretera del Mediterráneo N-340 (Elche). Gemelo Digital», sitúa esta infraestructura como una de las obras más representativas del patrimonio histórico de la ingeniería civil valenciana por su continuidad funcional, su integración en el paisaje ilicitano y su valor simbólico. El trabajo no se limita a describir el puente como una pieza monumental, sino que lo interpreta como un documento de piedra que resume siglos de caminos, riadas, reconstrucciones, tráfico, devoción y memoria urbana.

Un estudio aboga por un gemelo digital para conservar el puente de Santa Teresa
El valor del Puente de Santa Teresa no puede entenderse sin su posición en un corredor histórico de comunicación. El estudio recuerda que su implantación se vincula al antiguo Camino Real de Murcia, un eje que heredaba en parte el trazado de la Vía Augusta romana y que más tarde quedaría integrado en la N-340. Esa continuidad convierte al puente en mucho más que una infraestructura local: es una pieza que enlaza la historia de Elche con las grandes rutas de comunicación del sureste.
El puente ha servido durante siglos para salvar el cauce del río en un punto estratégico. Pero también ha contribuido a ordenar la ciudad, a conectar ámbitos urbanos y a consolidarse como un hito visual en el paisaje ilicitano. Su presencia marca una frontera y, al mismo tiempo, una unión: entre orillas, entre barrios, entre caminos antiguos y ciudad contemporánea. A esa dimensión territorial se suma una lectura simbólica muy arraigada. Las hornacinas que acogen las imágenes de Nuestra Señora de la Asunción y San Agatángelo, patrones de Elche, han hecho del puente un lugar de referencia religiosa y popular. Por eso también se le conoce como Puente de la Virgen. No es solo paso, sino también lugar de memoria y devoción.
Presentación del estudio
La propia presentación utilizada por el doctor ingeniero de caminos y profesor de la UA José Andrés Coves en el congreso resumía esta doble naturaleza al destacar el puente como patrimonio histórico de la ingeniería civil valenciana, con valor urbano, paisajístico y simbólico. En esa lectura conviven la obra técnica y la memoria ciudadana: la sillería, los arcos y tajamares, pero también la imagen colectiva de un puente que forma parte de la identidad de Elche.
El trabajo defiende que este tipo de infraestructuras deben ser contempladas como patrimonio cultural. Los puentes históricos no solo resuelven una necesidad de paso; construyen paisaje, explican el desarrollo urbano y reflejan la manera en la que cada época ha respondido a sus problemas técnicos, naturales y sociales.
La evolución del puente aparece en el estudio como una secuencia muy clara: necesidad de comunicación, construcción, destrucción, reconstrucción y adaptación. Antes de la estructura actual existió un puente de madera. En 1673, el Consejo Municipal acordó sustituirlo por una «obra de fábrica de piedra con un arco». La construcción definitiva llegó en 1715, aunque aquella primera solución fue destruida por la riada de 1751.
La respuesta fue una reconstrucción con dos arcos, ejecutada entre 1755 y 1756, que explica la configuración histórica que hoy identifica al puente. La estructura actual tiene 76 metros de longitud, 11 metros de anchura y 14,50 metros de altura. Su sistema resistente se organiza mediante dos bóvedas ojivales apoyadas en una pila central y en estribos, con dos arcos de 14 metros de luz cada uno. Los autores destacan la fábrica de sillería en bóvedas, pila, juntas de los arcos, impostas y tajamares, mientras que los estribos son de mampostería.
Desde el punto de vista técnico, el puente responde a criterios propios de la ingeniería histórica: trabajo estructural a compresión, equilibrio de empujes, adaptación hidráulica mediante tajamares triangulares y uso diferenciado de materiales según la función de cada parte. La presentación de Coves subraya precisamente conceptos como «equilibrio de empujes y apoyos», «trabajo estructural a compresión» y «adaptación hidráulica».

Arriba, José Andrés Coves muestra una grieta en el puente también conocido como el de la Virgen. | ÁXEL ÁLVAREZ
Pero el puente no quedó detenido en el siglo XVIII. A lo largo de los siglos XIX y XX fue adaptándose a nuevas exigencias de uso, tráfico y seguridad. El estudio recoge reconstrucciones de hornacinas en 1944, obras de reforma y reparación en 1958 y 1960, adecuaciones del tablero y una rehabilitación integral en 2004-2005. También sustituciones parciales en 1889, 1944 y 1970, así como adecuaciones del tablero en 1961.
La clave patrimonial está en que esas transformaciones se realizaron sin alterar el trazado original. Esa continuidad geométrica permite entender el Puente de Santa Teresa como una infraestructura viva, capaz de adaptarse a nuevas demandas sin perder su autenticidad histórica. Para los autores, ese equilibrio entre cambio y permanencia es uno de sus valores.
Preservación
La aportación más innovadora del estudio es la propuesta de aplicar un gemelo digital a la conservación del puente. No se trata únicamente de crear una recreación visual en tres dimensiones, sino de desarrollar un modelo actualizable que integre geometría, documentación histórica, inventario por elementos, observaciones, patologías visibles y seguimiento temporal del estado de conservación en tiempo real.
El estudio plantea este gemelo digital como una herramienta complementaria para gestionar un puente histórico de fábrica. Su función sería asociar información específica a cada parte de la estructura: arcos, pilastra central, tajamares, estribos, tablero, pretiles, hornacinas, barandillas y otros elementos singulares. De este modo, cada inspección futura podría compararse con las anteriores y cada actuación quedaría vinculada a un historial técnico preciso.
La presentación lo resume bajo la idea de «Gemelo Digital. Conservación y mantenimiento», con tres líneas básicas: inventario por elementos, registro del estado de conservación y seguimiento e inspección del puente. También se apuntan tecnologías que podrían integrarse en un sistema de monitorización, como sensores, balizas, etiquetas RFID/NFC, registradores de datos, pasarelas IoT y plataformas de datos.

El estudio se resume bajo la idea de «Gemelo Digital. Conservación y mantenimiento», con tres líneas básicas: inventario por elementos, registro del estado de conservación y seguimiento e inspección del puente / Áxel Álvarez
La utilidad de esta herramienta es especialmente relevante en una infraestructura expuesta históricamente al riesgo hidrológico. El puente ya fue destruido por una riada en el siglo XVIII, y el cauce del Vinalopó sigue siendo un elemento vivo dentro de la ciudad. Un gemelo digital permitiría programar inspecciones tras episodios de lluvia intensa, localizar daños, comparar su evolución y planificar intervenciones preventivas.
La conservación preventiva es uno de los puntos centrales de la propuesta. En lugar de actuar solo cuando el deterioro resulta evidente, el gemelo digital permitiría anticiparse, documentar pequeñas alteraciones y tomar decisiones con mayor trazabilidad. La tecnología no sustituye la inspección técnica, pero ayuda a ordenarla, almacenarla y convertirla en información útil para el mantenimiento.
En el ámbito patrimonial, esta herramienta tiene otra ventaja: ayuda a intervenir sin improvisación. Cada reparación podría contrastarse con la historia constructiva del puente, con sus materiales originales, con las intervenciones previas y con su comportamiento estructural. En una obra de estas características, conservar no significa congelar, sino actuar con criterio para que el uso siga siendo compatible con la autenticidad.
Foro internacional
La comunicación de los Coves fue presentada en el II Congreso Internacional de Patrimonio de la Obra Pública y de la Ingeniería Civil, organizado por el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. La presencia del puente de Santa Teresa en este foro sitúa a Elche dentro de un debate técnico contemporáneo sobre cómo conservar infraestructuras históricas en servicio. La ponencia ilicitana se integró en el área de «Innovaciones tecnológicas. IA y gemelos digitales», una línea que conecta directamente con los más modernos y novedosos modelos de gestión del patrimonio de la obra pública. El estudio no se limita a mirar el puente desde la nostalgia, sino que propone un instrumento técnico para hacer más eficaz su vigilancia y conservación.
El congreso también prestó una atención destacada a los efectos de las catástrofes naturales sobre la obra pública, especialmente tras la última dana. Ese contexto refuerza la pertinencia del caso ilicitano: un puente histórico sobre un cauce, con antecedentes de destrucción por riada y con necesidad de protocolos de seguimiento adecuados.
La propuesta de gemelo digital se apoya en una metodología previa de análisis histórico y constructivo. Los autores estructuran el estudio en tres líneas: análisis documental, revisión de cartografía histórica y observación directa de la estructura. Esa combinación permite reconstruir la evolución del puente, entender su encaje territorial y describir su estado material.
Historia de los caminos
El análisis documental identifica los hitos cronológicos: el puente de madera, el acuerdo de sustitución, la construcción de 1715, la riada de 1751 y la reconstrucción de 1756. Esta información permite situar la obra dentro de la historia de los caminos y de las conexiones territoriales de Elche.
La revisión cartográfica sirve para comprender el papel del puente con el Vinalopó y el crecimiento urbano. Interpreta cómo ese punto de cruce ha condicionado el territorio y la ciudad, cómo ha sido estratégico en un corredor histórico y su progresiva integración en el paisaje urbano ilicitano, hasta formar parte del actual eje verde del Vinalopó.
La observación directa permite identificar materiales, elementos y patologías visibles. La ficha propuesta por los autores incluye identificación de elementos, descripción material y geométrica, estado aparente de conservación, lesiones superficiales e indicios de intervenciones. Este registro es fundamental para que el futuro gemelo digital no sea un simple modelo estético, sino una herramienta técnica basada en evidencias.
El estudio analiza elementos como la fábrica de sillería, los arcos, la pilastra central, los tajamares triangulares, los estribos de mampostería, el tablero, los pretiles y las hornacinas. La lectura conjunta de esos elementos permite entender cómo funciona la estructura y cómo ha sido modificada a lo largo del tiempo.
Patrimonio vivo
«Una de las conclusiones más claras del trabajo es que el Puente de Santa Teresa debe entenderse como patrimonio vivo», remarcan los autores. «No es una pieza aislada ni una ruina contemplativa, sino una infraestructura histórica que sigue formando parte de la ciudad. Ha sido usada, reparada, adaptada y reinterpretada durante siglos», sentencian.
La reducción del tráfico pesado ha cambiado su papel. Al disminuir la presión viaria, el puente ha recuperado presencia como elemento urbano y patrimonial. Hoy se aprecia mejor su sillería, la forma de sus arcos, la pila central, los tajamares y las hornacinas. Integrado en el eje verde del Vinalopó, ya no se percibe solo como paso funcional, sino como parte del paisaje ciudadano.

El tráfico en el puente se ha visto reducido en los últimos años / Áxel Álvarez
La propuesta tiene además un valor divulgativo. Un modelo digital podría ayudar a explicar el puente a vecinos, escolares y visitantes. El puente es una infraestructura que guarda muchas capas de historia. La tecnología puede ayudar a hacerlas visibles sin sustituir la experiencia física del monumento.
La memoria técnica de Elche
El estudio reivindica también el valor de la obra pública como patrimonio cultural. Habitualmente, la protección patrimonial se asocia a iglesias, palacios, yacimientos o edificios monumentales, pero puentes, caminos, presas, acueductos y carreteras también explican una ciudad. En Elche, el puente de Santa Teresa es uno de los ejemplos.
Su trayectoria resume buena parte de la historia urbana: el cruce del río, las conexiones territoriales, la respuesta a las avenidas, la modernización del tráfico, la presencia de la devoción popular y la recuperación contemporánea del cauce como espacio ciudadano.
La propuesta plantea que la conservación debe apoyarse en conocimiento, método y tecnología. No basta con valorar el puente como imagen histórica. Hay que documentarlo, observarlo, monitorizarlo y gestionar su mantenimiento con criterios técnicos. El reto es que la modernidad sirva para proteger la memoria. Este puente ha sido vía de comunicación, infraestructura estratégica, paso de la antigua carretera, lugar de devoción y símbolo urbano. Ahora puede ser también un ejemplo de cómo la ingeniería contemporánea puede cuidar el patrimonio. De la Vía Augusta al eje verde del Vinalopó, de la riada de 1751 a los modelos digitales del siglo XXI, el puente sigue cumpliendo su función más profunda: unir orillas, tiempos y memorias.
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