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Paleontología

Elche rescata un amonite de 150 millones de años en una losa del suelo junto a la basílica de Santa María

La pieza formaba parte del pavimento de la plaza del Congreso Eucarístico y técnicos municipales lo retiraron para su conservación en el MUPE

El Museo Paleontológico de Elche recupera un fósil de 150 millones de años junto a la basílica de Santa María

V. L. Deltell

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V. L. Deltell

Las obras de reurbanización de la plaza del Congreso Eucarístico permitirán recuperar un pequeño testimonio de un pasado situado muchos millones de años antes de la construcción de la basílica de Santa María y del propio nacimiento de la ciudad. El Ayuntamiento de Elche ha retirado una losa del pavimento que contiene los restos fosilizados de un amonite, un molusco cefalópodo marino extinguido hace millones de años, para garantizar su conservación y facilitar su futura divulgación.

La losa donde se encontraba el amonite, ya suelta pero todavía en el lugar que ocupaba frente a la basílica de Santa María en Elche

La losa donde se encontraba el amonite, ya suelta pero todavía en el lugar que ocupaba frente a la basílica de Santa María en Elche / V. L. Deltell

El fósil, cuya antigüedad se sitúa alrededor de los 150 millones de años, formaba parte hasta ahora de la ornamentación de la plaza y se encontraba visible junto a la Puerta del Órgano de la basílica. La retirada de la pieza coincide con el inicio de la reforma integral del entorno de Santa María, una actuación que obligará a levantar los distintos pavimentos existentes alrededor del templo y que ha ofrecido la oportunidad de gestionar adecuadamente una roca ya conocida por los especialistas.

El arqueólogo municipal y la directora del MUPE junto al amonite recuperado en una losa de la plaza del Congreso Eucarístico de Elche

El arqueólogo municipal y la directora del MUPE junto al amonite recuperado en una losa de la plaza del Congreso Eucarístico de Elche / V. L. Deltell

El arqueólogo municipal, Víctor Cañavate, y la directora del Museo Paleontológico de Elche (MUPE), Ainhoa Aberasturi, explicaron este lunes el alcance de la actuación y los pasos administrativos que deberán seguirse antes de que el fósil pueda incorporarse definitivamente a una colección museística. La previsión es que la losa termine depositada en el MUPE, aunque el traslado deberá contar previamente con la autorización de la conselleria competente en materia de patrimonio cultural.

Un cefalópodo anterior a los dinosaurios más recientes

El amonite era un molusco cefalópodo marino emparentado de forma lejana con animales actuales como los calamares o las sepias. Su característica concha en espiral quedó fosilizada dentro de una roca sedimentaria que, muchos millones de años después, terminó utilizándose como elemento ornamental en el pavimento de la plaza del Congreso Eucarístico.

“Se trata de lo que es la concha de un invertebrado, de un cefalópodo. Sería como los antiguos calamares o sepias de hace millones de años”, explicó Aberasturi. La directora del MUPE situó la formación de la roca en un medio marino y precisó que su antigüedad se encontraría “en torno a los 150 millones de años”.

La datación conduce al Mesozoico, la era geológica durante la que vivieron los dinosaurios. La especialista apuntó que la pieza podría encuadrarse en un periodo próximo al Cretácico, aunque la falta de información precisa sobre la cantera de procedencia impide concretar más su origen. “No sabemos concretamente la roca de dónde procede, porque así como otras rocas ornamentales sí sabemos su procedencia, en este caso no lo sabemos, pero sabemos que es mesozoico”, indicó.

La datación del fósil en la plaza del Congreso Eucarístico de Elche conduce al Mesozoico, la era geológica durante la que vivieron los dinosaurios

La datación del fósil en la plaza del Congreso Eucarístico de Elche conduce al Mesozoico, la era geológica durante la que vivieron los dinosaurios / V. L. Deltell

La presencia del fósil en plena plaza no constituía un hallazgo desconocido ni oculto. La losa llevaba años a la vista de cualquier peatón que reparara en ella y formaba parte de las actividades divulgativas del Museo Paleontológico. El MUPE incluía la pieza dentro de una ruta paleourbana destinada a mostrar cómo numerosos fósiles permanecen integrados en fachadas, pavimentos y elementos arquitectónicos de la ciudad.

Aberasturi explicó que este tipo de presencia resulta más habitual de lo que podría parecer. Muchas rocas ornamentales utilizadas en edificios y espacios públicos son de origen sedimentario y contienen fósiles o microfósiles. “La roca siempre ha estado ahí. Realmente, si miramos a nuestro alrededor, cualquier tipo de roca, menos la que estamos pisando que es granito, las rocas sedimentarias tienen fósiles, están constituidas por fósiles”, señaló.

La directora del museo puso como ejemplo otros edificios monumentales situados a pocos metros de la plaza. “Hemos visto hoy un amonite, pero es que hay muchos más. Si nos fijamos, la basílica está llena de microfósiles, nos damos la vuelta y el Palacio de Altamira está lleno de fósiles”, añadió.

El arquitecto municipal y el responsable de la reforma en el entorno de Santa María se interesaron por el hallazgo

El arquitecto municipal y el responsable de la reforma en el entorno de Santa María se interesaron por el hallazgo / V. L. Deltell

Un hallazgo casual por exigencias de la normativa

Aunque la pieza se encontraba al aire libre y era conocida desde hace años, su extracción obliga a tramitarla formalmente como un hallazgo casual. La razón es que la reforma de la plaza cambiará las condiciones en las que se encontraba hasta ahora y hace necesario determinar cómo debe conservarse una vez retirada del pavimento.

“Aprovechando la coyuntura de las obras de reurbanización de la plaza del Congreso Eucarístico, vamos a extraer una de las losas que contienen los restos de un fósil, en concreto de un amonite, que es un molusco cefalópodo ya extinto”, explicó Cañavate. El arqueólogo municipal precisó que el Ayuntamiento deberá cumplir la normativa de patrimonio cultural y comunicar la actuación a la Generalitat. A partir de ahí, la administración autonómica deberá autorizar el depósito de la losa en el museo considerado más adecuado según las características del fósil, su conservación y la coherencia de las colecciones.

Aberasturi explicó a los periodistas cómo se formaban este tipo de fósiles

Aberasturi explicó a los periodistas cómo se formaban este tipo de fósiles / V. L. Deltell

“En nuestro caso, lo que tendremos que hacer es catalogarlo como hallazgo casual, pese a que estaba al aire libre y expuesto, pero de cara al cumplimiento de la normativa de patrimonio cultural, su extracción y su traslado al museo correspondiente dependerán de las características del bien, teniendo en cuenta los criterios de idoneidad, de no disgregación de las colecciones y de mejor conservación”, señaló Cañavate.

Por sus características, el destino más probable es el Museo Paleontológico de Elche, donde la pieza podría conservarse, estudiarse y mostrarse dentro de las actividades divulgativas del centro. No obstante, Aberasturi insistió en que todavía deben completarse los trámites y esperar la decisión autonómica.

“Hay que realizar todas las gestiones oportunas con la conselleria y, en el momento en que se haga el depósito ya definitivo, si la conselleria así lo determina, posiblemente sea en el MUPE por las características de la pieza. Ahí veremos, desde el punto de vista de la conservación y la divulgación, qué es lo que se va a hacer”, explicó.

La actuación permitirá que el fósil deje de estar expuesto al desgaste cotidiano del espacio público y pase a contar con unas condiciones más adecuadas. Al mismo tiempo, su retirada evita que la pieza pueda sufrir daños durante el levantamiento del pavimento y los trabajos de reurbanización previstos alrededor del templo.

La losa rescatada junto a Santa María se convertirá así en un puente entre dos historias muy alejadas en el tiempo. Por un lado, la transformación contemporánea de uno de los espacios urbanos más emblemáticos de Elche. Por otro, la huella de un antiguo ecosistema marino conservada durante alrededor de 150 millones de años en una piedra que, hasta ahora, formaba parte del recorrido cotidiano de miles de peatones.

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