Investigación
Elche rescata la historia de la borra: la industria olvidada que forró los famosos coches Seat 600 y Renault 5
El libro de los ilicitanos Carlos Martínez, Rosa Brotons y Francisco de Borja Rodríguez documenta las fábricas que reciclaban retales para el calzado y revela la galería de tiro del complejo fabril de Sánchez-Rojas

Pilar Cortés
Mucho antes de que expresiones como economía circular, sostenibilidad o valorización de residuos formaran parte del lenguaje cotidiano, varias fábricas de Elche ya convertían los desechos textiles en una nueva materia prima. Los retales sobrantes de otras industrias acababan transformados en hilados, acolchados para el calzado, aislantes e incluso componentes utilizados en automóviles. Un libro recupera ahora la memoria de la industria de la borra, una actividad prácticamente desaparecida en el municipio pese a su relevancia durante el siglo XX. La industria de la borra en Elche se presentará este jueves, 11 de junio, a las 19 horas en el Aula Plaça de Baix de la Universidad Miguel Hernández (UMH). La obra ha sido escrita por los ilicitanos Carlos Martínez Canales, Rosa Brotons y Francisco de Borja Rodríguez Valverde y editada por la Cátedra Pedro Ibarra de la UMH. El prólogo corre a cargo de José Antonio Miranda Encarnación, catedrático de Historia Económica de la Universidad de Alicante, mientras que las solapas incorporan textos de Miguel Ors, director de la cátedra, y del arquitecto y poeta Gaspar Jaén.
El volumen recoge el resultado de cerca de cinco años de investigación. Lo que comenzó como un breve artículo para un blog terminó creciendo hasta convertirse en una obra monográfica ante la cantidad de testimonios, fotografías, documentos y restos industriales que iban apareciendo conforme avanzaba el trabajo.

Los autores muestran el libro delante de parte del complejo fabril de Sánchez-Rojas, en la avenida de Santa Pola de Elche / Pilar Cortés
De los retales a las plantillas del calzado
La borra se obtenía mediante la recuperación y trituración de tejidos usados o sobrantes procedentes de otras actividades manufactureras. Las traperías compraban los retales textiles generados por la industria y les daban una segunda vida. Después, las borreras procesaban ese material para fabricar nuevos hilados o producir acolchados que se empleaban, entre otros usos, en las plantillas de alpargatas y zapatos. “Hoy hablamos de reciclaje y sostenibilidad, pero hace cien años esto era una oportunidad de trabajo y una forma de ganarse la vida”, explican los autores. La recuperación alcanzaba numerosos materiales. En las traperías no solo se almacenaban restos textiles: también podían comprarse pieles de conejo y otros productos susceptibles de reutilización.
La investigación se remonta incluso a los batanes instalados junto al río Vinalopó antes de la generalización de la electricidad. Estos ingenios aprovechaban la energía hidráulica para golpear, compactar y tratar paños y tejidos. Su funcionamiento constituye uno de los antecedentes de una industria que posteriormente evolucionaría con nuevos procesos y maquinaria.
El sector experimentó un impulso especialmente significativo durante la Primera Guerra Mundial. España no participó directamente en el conflicto, pero su industria fabricó productos destinados a los países beligerantes. En Elche se adquirían retales procedentes de fábricas españolas y europeas para transformarlos y reincorporarlos al circuito productivo.
La actividad se consolidó como una industria auxiliar ligada al calzado y generó distintas sagas familiares. Los autores han documentado cuatro fábricas especialmente relevantes y otras empresas con trayectorias más breves, algunas conocidas a través de anuncios aparecidos en revistas de la época.

Depósito de agua de la antigua fábrica de borra de Sánchez-Rojas / Pilar Cortés
La borra no desapareció completamente. Aunque actualmente ya no existe ninguna fábrica activa en Elche, el proceso se mantiene con métodos industrializados y adaptados al siglo XXI en Banyeres de Mariola. Allí continúa operando una empresa que importa retales, transforma el material y exporta productos finales destinados no solo al calzado, sino también a aislantes, artículos de limpieza y otros usos industriales.
La investigación aporta además curiosidades poco conocidas. Parte de los materiales fabricados por empresas vinculadas a esta actividad terminaron utilizándose como aislantes y componentes en vehículos como el Seat 600 o el Renault 5. La huella industrial ilicitana llegó así a productos cotidianos alejados aparentemente del mundo del calzado.
Sánchez-Rojas, una fábrica con galería de tiro
Uno de los espacios más relevantes del libro es la antigua fábrica de Sánchez-Rojas, un amplio complejo industrial situado en la periferia del casco urbano de la época. La imagen de sus primeras instalaciones ocupa la portada del volumen. Con el paso de los años, la factoría creció y añadió nuevas naves para ampliar su actividad hacia la fabricación de hilados.

El complejo Sánchez-Rojas conserva una galería de tiro de aproximadamente cien metros de longitud, además de un polvorín / INFORMACIÓN
Todavía se conservan algunos elementos singulares del conjunto, como un depósito de agua necesario para alimentar las balsas holandesas utilizadas durante el proceso productivo, un pináculo característico y parte de sus elevados techos industriales de madera, metal y teja. La ubicación alejada del núcleo urbano otorgó a la fábrica una función distinta durante la Guerra Civil. Como sucedió con otras industrias ilicitanas, las instalaciones fueron socializadas. En este caso se destinaron al rellenado de cartuchería para pistolas y ametralladoras que posteriormente se enviaba al frente.
La singularidad se encuentra bajo tierra. El complejo conserva una galería de tiro de aproximadamente cien metros de longitud, además de un polvorín. Su finalidad no era proteger a la población frente a posibles bombardeos, como ocurría con otros refugios de la ciudad, sino probar la munición fabricada en la propia planta.
La galería incorpora una estancia intermedia situada a unos 50 metros, lo que permitía realizar ensayos a dos distancias diferentes. En uno de sus extremos se conserva además el punto donde se apoyaba el arma para efectuar los disparos. Las prospecciones arqueológicas desarrolladas entre 2022 y 2023 localizaron vainas correspondientes a munición de fusiles Mauser, utilizados durante la contienda.

El techado de la fábrica se conserva en la nueva tienda de antigüedades Cardiff Store / Pilar Cortés
Los autores llegaron inicialmente a estas instalaciones a partir de comentarios difundidos en redes sociales sobre una supuesta “fábrica de guerra” y la existencia de galerías subterráneas amenazadas por nuevas obras. El Ayuntamiento ya tenía constancia desde décadas atrás de un refugio identificado como el número 13, relacionado con Sánchez-Rojas, pero no existía una planimetría precisa. La investigación contribuyó a ampliar ese conocimiento. Los trabajos arqueológicos permitieron documentar el trazado y conocer con mayor exactitud su estado. Las nuevas construcciones ejecutadas en el entorno han respetado uno de los accesos, incluso a costa de perder algunas plazas de garaje. El espacio presenta unas condiciones que podrían permitir una futura musealización similar a la realizada en otros refugios de la ciudad.
Una investigación construida con memoria oral
Buena parte de la dificultad del proyecto residía en la escasez de documentación escrita. Los autores han tenido que recurrir a archivos, anuncios publicitarios, fotografías y, sobre todo, a la memoria oral de trabajadores, familiares y personas vinculadas a las antiguas fábricas.

Cartel de la presentación del libro en la sede de la Plaça de Baix de la UMH de Elche este jueves a las 19 horas / INFORMACIÓN
“Una borrera nos llevaba a una trapería, una trapería nos conducía a un batán y una persona nos llevaba a otra”, resumen. La investigación fue creciendo a medida que aparecían nuevas pistas. Incluso en las últimas semanas antes del cierre del libro continuaban surgiendo testimonios de empresas que habían mantenido la actividad hasta fechas recientes.
El volumen recoge también las distintas acepciones de la palabra borra y describe procesos como el funcionamiento de las balsas holandesas, donde se mezclaban y trituraban diferentes materiales antes de elaborar las planchas. El secado se realizaba habitualmente al sol porque los intentos de emplear hornos industriales encarecían demasiado el producto final. Algunas empresas de Banyeres trasladaban rollos hasta Elche para aprovechar sus temperaturas y horas de insolación.

Agujeros de bala en la galería de tiro de la Guerra Civil documentada en la antigua fábrica de borra por los investigadores del libro / INFORMACIÓN
Las borreras solían emplazarse lejos de las viviendas debido al polvo y los olores generados durante la fabricación. El crecimiento urbano terminó absorbiendo algunos de aquellos espacios. También existieron instalaciones en el Camp d’Elx, donde todavía permanecen recuerdos familiares ligados a una actividad que durante décadas proporcionó trabajo.
Los autores prevén realizar una segunda presentación en el Camp d'Elx, concretamente en Las Bayas, para acercar la obra a las pedanías y continuar recopilando testimonios. Son conscientes de que la publicación puede animar a antiguos trabajadores y descendientes de familias vinculadas al sector a aportar nuevos datos.
La industria de la borra en Elche no pretende únicamente describir un proceso productivo desaparecido. La obra recupera una parte poco conocida de la historia económica local y reivindica el valor de unos espacios industriales que ayudan a comprender la evolución de la ciudad. De los retales textiles a las plantillas de zapatos, de los batanes del Vinalopó a los aislantes de automóviles y de una borrera a una galería de tiro de la Guerra Civil: el libro reconstruye una actividad humilde, pero estrechamente vinculada al desarrollo industrial de Elche.
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