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Entrevista

Marco Frisina, maestro de capilla de Roma: «El Misteri d'Elx permite vivir hoy la fe de los antiguos»

El director del concierto con el que La Festa conmemoraba su XXV aniversario como Patrimonio de la Humanidad es autor de más de 750 composiciones litúrgicas y encuentra en el drama ilicitano una emoción capaz de devolver al espectador la mirada de la infancia

Marco Frisina, maestro de capilla de Roma: "El Misteri d´Elx ofrece al mundo un poco de luz en una época tenebrosa"

Marco Frisina, maestro de capilla de Roma: "El Misteri d´Elx ofrece al mundo un poco de luz en una época tenebrosa" / Áxel Álvarez

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V. L. Deltell

V. L. Deltell

Marco Frisina habla del Misteri d’Elx con la fascinación de quien ha reconocido algo antiguo y, al mismo tiempo, plenamente vivo. El compositor italiano, una de las grandes figuras mundiales de la música sacra contemporánea, ha dirigido conciertos y celebraciones litúrgicas para los últimos cuatro papas, pero todavía conserva intacta su capacidad de asombro ante una granada que se abre en el cielo de Santa María. El maestro de capilla de la catedral de Roma y rector de la basílica de Santa Cecilia en el Trastevere visitaba Elche para poner el broche musical al XXV aniversario de la declaración del Misteri como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Durante unos días ensayaba con la Capella y la Escolanía, impartía una clase magistral a los cantores de La Festa y dirigía en la basílica de Santa María un concierto extraordinario acompañado por la Orquesta Sinfónica Ciudad de Elche.

El programa reunía exclusivamente obras compuestas por él, muchas conocidas por quienes frecuentan la liturgia. Frisina no planteaba la actuación como una sucesión cerrada de piezas, sino como una meditación compartida. Antes de cada canto introducía una breve explicación y, en distintos momentos, el público dejaba de ser únicamente espectador: reconocía las melodías y las cantaba junto a la Capella y la Escolanía. “El público no es solo público: forma parte de un gran coro”, había anticipado a INFORMACIÓN pocas horas antes del concierto. Esa idea resume buena parte de su manera de entender la música. Para Frisina, una composición no se completa hasta que genera comunidad. “La música no se puede hacer en soledad. Siempre se hace juntos, porque es una celebración con sonidos de la belleza y de la luz. La música es un acto de amor que se expresa cantando y que une a los hombres”.

Marco Frisina fue amigo personal de Ennio Morricone y, como el compositor de música para cine piensa que la edad es un número y que debemos mirar más al niño que llevamos dentro

Marco Frisina fue amigo personal de Ennio Morricone y, como el compositor de música para cine piensa que la edad es un número y que debemos mirar más al niño que llevamos dentro / Áxel Álvarez

"La música es un acto de amor que se expresa cantando y que une a los hombres"

Marco Frisina

— Maestro de capilla de la catedral de Roma

La emoción de la mangrana

Frisina ha conocido el Misteri a través de grabaciones y de su visita al Museo de La Festa, pero la cercanía a sus elementos escénicos le permitía detenerse en uno de sus símbolos principales: la mangrana, el aparato aéreo que desciende desde la cúpula de Santa María y se abre para mostrar al ángel que anuncia a la Virgen su próxima muerte y asunción. El músico romano observa en esa granada algo más que una solución teatral nacida hace siglos. “No es casual”, insiste varias veces. “La mangrana es un símbolo de caridad, porque en su interior contiene muchos frutos rojos como la sangre y como el amor. Están todos juntos. Es la imagen de la comunión del amor”.

Su interpretación continúa cuando la fruta cerrada se abre en el templo. “Se abre como la revelación del misterio del amor de Cristo, como el costado de Cristo. Es una imagen presente en el Evangelio. Y es el ángel quien canta a María”. Frisina considera que el paso del tiempo ha ido sedimentando en La Festa un lenguaje simbólico complejo, pero comprensible incluso para quien contempla por primera vez la representación. “Son muchos símbolos construidos durante los siglos. No es casual”. A su juicio, esa continuidad constituye precisamente una de las mayores singularidades del Misteri. “El Misteri conserva intacto un valor musical, dramático y poético de la Edad Media”, explica. “Es como un hilo que une lo antiguo con lo nuevo. Permite vivir hoy la fe de los antiguos con entusiasmo”.

Para Frisina la granada del Misteri es un símbolo religioso, no está en el drama por casualidad

Para Frisina la granada del Misteri es un símbolo religioso, no está en el drama por casualidad / Áxel Álvarez

“El Misteri es como un hilo que une lo antiguo con lo nuevo. Permite vivir hoy la fe de los antiguos con entusiasmo”

Marco Frisina

— Maestro de capilla de la catedral de Roma

La representación ilicitana le interesa no solo por su conservación histórica, sino por la implicación de una ciudad entera. En los vídeos que había visto antes de llegar a Elche le sorprendía la intensidad con la que el público acompaña la coronación de la Virgen y su ascenso al cielo. “Hay una gran participación del pueblo, una gran emoción. Cuando la Virgen María es coronada y sube al cielo, es emocionante”.

Volver a mirar como un niño

El compositor encuentra en el Misteri una invitación a recuperar una forma de mirar que la vida adulta suele debilitar. La ascensión de María, representada mediante mecanismos de origen medieval y acompañada por las voces de los cantores, funciona porque no pretende deslumbrar mediante el exceso, sino provocar una emoción sencilla. “Hoy todo tiene que ser material, inmediato y rápido”, reflexiona. “Pero este es un tiempo para volver a sorprenderse como los niños. Para ser como los niños”. Frisina utiliza en italiano la palabra stupore, que puede traducirse como asombro o capacidad de maravillarse. Considera que el ser humano contemporáneo ha perdido parte de esa disposición ante lo bello. “El hombre de hoy ha perdido el asombro, la simplicidad, la boca abierta ante una sorpresa grande. Una cosa bella no es necesariamente excitante. Es bella, que es diferente”.

Para explicarlo recurre al nacimiento de un hijo. Habla de la primera mirada de un padre, de la sonrisa y de una emoción que no necesita artificios. “Es la sorpresa del amor que ve algo maravilloso que se revela. Este asombro es lo que los hombres han perdido”.

"El Misteri es como un hilo que une lo antiguo con lo nuevo. Permite vivir hoy la fe de los antiguos con entusiasmo”

Marco Frisina

— Maestro de capilla de la catedral de Roma

Esa lectura se trasladaba también a su trabajo con los niños de la Escolanía. Frisina recuerda con una sonrisa cómo, después del ensayo, los cantores más jóvenes se acercaban para pedirle fotografías, firmas y abrazos. “Fue fantástico. Los niños y también los jóvenes estuvieron muy cerca de mí. La música tiene este poder de unir y de hacer posible el encuentro”.

Cuatro papas y una vida junto a la Iglesia

Sacerdote, músico, compositor y biblista, Marco Frisina ha dedicado su trayectoria a crear un repertorio capaz de acompañar la vida litúrgica sin renunciar a la emoción popular. Es autor de más de 750 composiciones, interpretadas en iglesias, encuentros religiosos y celebraciones multitudinarias de numerosos países. Su nombre quedó especialmente unido al Jubileo del Año 2000, cuando compuso por encargo de San Juan Pablo II el himno oficial de aquella celebración. Durante 27 años, el pontífice polaco fue para él una referencia constante. “Fue el papa de mi juventud y el papa de mi vida”, resume.

Después conoció de cerca a Benedicto XVI, Francisco y León XIV. De cada uno conserva una impresión distinta. A Benedicto XVI lo recuerda como un hombre especialmente próximo a la música. “Era músico. Tocaba muy bien el piano y amaba mucho la música”. De Francisco destaca "una sensibilidad centrada en otros valores pastorales, aunque también consciente de la capacidad de la música para elevar y unir".

Sobre León XIV, Frisina habla con entusiasmo. Lo define como un papa sensible y empático, emocionado ante la música y consciente de la necesidad de reconciliación en un mundo convulso. “Creo que el papa tiene una misión muy fuerte en estos tiempos: ser mensajero de vida, de amor, de unidad y de luz en un mundo muy tenebroso”.

Frisina ha dirigido conciertos y celebraciones cantadas ante los cuatro últimos pontífices, desde Juan Pablo II hasta León XIV. Durante el jubileo de los jóvenes, recuerda haber visto al actual papa emocionarse en varias ocasiones al compartir la música con los asistentes. “Es feliz escuchando y cantando. Se emociona porque comparte con la música la alegría y también la conmoción”.

Sus recuerdos alcanzan incluso a pontífices anteriores. Cuando entró en el seminario, Pablo VI ocupaba la silla de Pedro. De niño había conocido la figura cercana de Juan XXIII y recuerda el impacto que le produjo su muerte cuando tenía ocho años. “Era una figura muy paterna, muy tierna”.

Morricone, la radio y el «ojo mágico»

Su relación con la música comenzó mucho antes de los grandes conciertos. Frisina recuerda la antigua radio familiar y una pequeña luz verde que oscilaba con el sonido. En italiano la llama occhio magico: el ojo mágico. Aquel destello convertía la música en algo casi visible para un niño. “La radio fue siempre una compañera”, recuerda. También escuchaba discos de vinilo en un gramófono, incluso cuando se cortaba la electricidad. Entonces acercaba el oído a la aguja para seguir percibiendo débilmente la melodía. “Era horrible”, bromea, mientras recupera una memoria que conserva con afecto.

En su recorrido personal y artístico aparece también Ennio Morricone, amigo cercano y uno de los grandes compositores de la historia del cine. Frisina lo menciona al hablar de la edad y del paso del tiempo. Prefiere no detenerse demasiado en los años acumulados y recuerda que Morricone seguía trabajando con una energía extraordinaria a los 90.

Frisina es sencillo como los grandes genios, humilde como San Felipe Neri y muy cercano en el trato

Frisina es sencillo como los grandes genios, humilde como San Felipe Neri y muy cercano en el trato / Áxel Álvarez

Él mantiene también una agenda difícil de encajar en un calendario. Después de Elche le esperan conciertos y compromisos en Italia, Malta, Rumanía, Brasil, Portugal y otros destinos. Viaja constantemente, aunque reivindica la necesidad de preservar momentos de descanso y serenidad.

Más música, más risas y más amor

Elche le ha parecido una ciudad tranquila. Le gustan las palmeras, el ritmo de la urbe y la sensación de haber encontrado nuevos amigos en pocos días. Incluso aprovechaba su estancia para cortarse el pelo antes de regresar a Roma. Cuando se le pregunta si se siente un número uno dentro de la música sacra, rechaza el elogio con rapidez. No se reconoce en esa etiqueta. Su reflexión deriva entonces hacia una defensa de la humildad y la alegría inspirada por uno de sus santos predilectos, San Felipe Neri. “San Felipe enseñó a la Iglesia que Dios está siempre sonriente”, afirma. Frisina lamenta la seriedad excesiva de los poderosos y de un mundo que parece haber olvidado la sencillez. Su conclusión funciona casi como una declaración de principios: “Al mundo le hacen falta más risas, más música y más amor”.

En Santa María, ese mensaje encontraba este miércoles una traducción directa. Las voces de la Escolanía, la Capella, la orquesta y el público ocupaban un mismo espacio. El concierto clausuraba un aniversario, pero Frisina lo convertía también en una celebración compartida: una invitación a escuchar, cantar y recuperar, por unas horas, la capacidad de mirar hacia arriba con los ojos abiertos de un niño.

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