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Antes de crear un producto, entender a quién puede ayudar

Veinte estudiantes del CEU de Elche han participado junto a AWS en una formación sobre emprendimiento e innovación desarrollada con la colaboración de la Cámara de Comercio de Alicante

Veinte estudiantes del CEU de Elche participan en la segunda edición del Summer Camp de emprendimiento, desarrollado junto a Amazon Web Services y la Cámara de Comercio de Alicante.

Veinte estudiantes del CEU de Elche participan en la segunda edición del Summer Camp de emprendimiento, desarrollado junto a Amazon Web Services y la Cámara de Comercio de Alicante. / INFORMACIÓN

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Una idea puede resultar atractiva y, sin embargo, no responder a ninguna necesidad concreta. Precisamente para evitarlo, veinte estudiantes de la Universidad CEU Cardenal Herrera en Elche han trabajado durante dos días con el método Working Backwards de Amazon, que propone invertir el orden habitual de un proyecto. Antes de diseñar un producto o incorporar una tecnología, los equipos deben identificar quién es el cliente, comprender qué problema tiene y determinar qué beneficio espera obtener. Este planteamiento ha guiado la segunda edición del Summer Camp de emprendimiento desarrollado por el CEU junto a Amazon Web Services, con la colaboración de la Cámara de Comercio de Alicante.

La actividad, celebrada los días 29 y 30 de junio, ha reunido a alumnos de Derecho, Dirección de Empresas, Marketing, Magisterio, Enfermería, Fisioterapia y Odontología. Por primera vez, el grupo ha contado con representantes de todas las titulaciones impartidas en el campus de Elche, frente a la participación más limitada de áreas académicas en la primera edición. Los veinte estudiantes fueron seleccionados por la iniciativa y el interés por el emprendimiento que habían mostrado durante sus estudios. No obstante, participar en el programa también implicaba asumir una forma de trabajo distinta: compartir decisiones con compañeros de otras disciplinas, revisar las ideas iniciales y defender finalmente una propuesta común.

Empezar por el problema, no por la solución

La primera jornada permitió a los participantes conocer la cultura de innovación de Amazon y la manera en que la compañía estructura sus procesos de trabajo. Los profesionales de AWS explicaron la relación entre cuatro elementos —cultura, mecanismos, arquitectura y organización— y abordaron conceptos como los principios de liderazgo o los equipos reducidos conocidos como two-pizza teams. A partir de esta introducción, la formación se centró en el proceso Working Backwards, que obliga a comenzar por las necesidades del destinatario y no por una solución previamente definida. De este modo, los estudiantes tuvieron que comprobar si sus ideas respondían a un problema identificable antes de seguir desarrollándolas.

Los equipos trabajaron durante dos jornadas con el método Working Backwards de Amazon para identificar necesidades reales antes de plantear soluciones de negocio.

Los equipos trabajaron durante dos jornadas con el método Working Backwards de Amazon para identificar necesidades reales antes de plantear soluciones de negocio. / INFORMACIÓN

Ese cambio de perspectiva condicionó el trabajo realizado durante las dos jornadas. En lugar de preguntar primero qué producto podían crear, los grupos comenzaron por observar el entorno, delimitar a quién querían dirigirse y concretar cuál era la dificultad que pretendían resolver. Solo después pudieron plantear distintas alternativas y analizar cuál aportaba un beneficio más claro. Como explica Julián Sánchez, profesor de Empresa del CEU de Elche, coordinador de CEU Emprende en el campus y responsable de la actividad, “observar bien el entorno, entender una necesidad concreta y trabajar con método puede traducirse en soluciones que aportan valor real”.

La formación abordó también el papel de la inteligencia artificial en las empresas y algunos de los modelos que ya se aplican en distintos entornos profesionales. Sin embargo, la tecnología no se presentó como una respuesta automática ni como el punto de partida obligatorio de los proyectos. Los equipos debían valorar si su utilización contribuía realmente a resolver la necesidad detectada. Así, el programa diferenció entre aquello que es técnicamente posible y aquello que puede resultar útil para un usuario concreto, una distinción que obligó a los participantes a justificar cada decisión y a descartar recursos que no aportaban valor suficiente a la propuesta.

Trabajar con quienes piensan de otra manera

La composición de los equipos fue otro de los elementos centrales de esta edición. Los grupos no se organizaron por titulaciones ni por afinidades personales, sino que combinaron estudiantes con trayectorias académicas diferentes. De esta manera, una misma cuestión podía analizarse desde la gestión empresarial, el Derecho, el Marketing, la Educación o las Ciencias de la Salud. La finalidad no era repartir automáticamente las tareas según los conocimientos de cada grado, sino conseguir que los participantes escucharan otros criterios, explicaran sus propios planteamientos y alcanzaran acuerdos dentro de un tiempo limitado.

Aquí los equipos se forman no por afinidad, sino por contraste. Queremos que aprendan a trabajar con personas que piensan distinto, porque eso es lo que encontrarán fuera del aula”, señala Julián Sánchez. A lo largo de las sesiones, esa diversidad obligó a los alumnos a encontrar un lenguaje común y a revisar planteamientos que inicialmente parecían evidentes para una parte del grupo. En consecuencia, el trabajo interdisciplinar no se limitó a sumar perfiles académicos, sino que formó parte del propio proceso de innovación: cada equipo tuvo que integrar puntos de vista distintos antes de decidir qué problema abordar y cómo presentar su solución.

Escribir la noticia antes de crear el producto

Uno de los ejercicios principales consistió en redactar una nota de prensa sobre un producto o servicio que todavía no existía. Aunque a primera vista pueda parecer una tarea de comunicación, dentro del método Working Backwards cumple una función diferente: comprobar si la idea está suficientemente definida. Los equipos tuvieron que explicar quién utilizaría su propuesta, qué necesidad resolvería, cuál sería su principal beneficio y por qué el destinatario debería considerarla relevante. Cuando alguno de esos elementos no podía expresarse con claridad, era necesario regresar a las fases anteriores y revisar el proyecto.

Durante la primera tarde, los estudiantes prepararon además cinco preguntas clave y distintos materiales visuales para ordenar sus ideas. Al día siguiente aplicaron el proceso completo: identificaron al cliente, analizaron sus necesidades, generaron alternativas y escogieron el beneficio principal de su propuesta. Después redactaron y revisaron la nota de prensa, eliminando formulaciones abstractas y concretando los elementos que podían sostener la solución. Este trabajo permitió que la comunicación no apareciera al final como una capa añadida, sino como una herramienta para detectar contradicciones y comprobar la consistencia del planteamiento.

El programa concluyó con la presentación de las ideas de negocio ante un jurado. Cada equipo tuvo que explicar el recorrido seguido, justificar por qué había elegido una opción frente a otras y demostrar la relación entre la necesidad identificada y la solución propuesta. La evaluación no se limitó, por tanto, al resultado final, sino que tuvo en cuenta la coherencia del proceso y la capacidad de los estudiantes para responder a las preguntas planteadas durante la defensa. Tras la deliberación, el jurado comunicó los proyectos premiados y puso fin a las dos jornadas de trabajo.

Emprender antes de terminar la universidad

El Summer Camp se integra en CEU Emprende, una iniciativa desarrollada conjuntamente en las universidades CEU de España y coordinada en el campus de Elche por Julián Sánchez. Su propósito es acercar el emprendimiento al alumnado durante la etapa universitaria y ofrecer espacios en los que los estudiantes puedan identificar oportunidades, formular propuestas y trabajar con metodologías utilizadas en el ámbito empresarial. Desde este enfoque, emprender no se limita a constituir una compañía, sino que implica observar, contrastar información, asumir decisiones y revisar una idea cuando no responde de forma suficiente al problema planteado.

Summer Camp representa el espíritu del CEU Emprende: una universidad que no solo forma, sino que conecta, reta y acompaña”, explica Sánchez. Durante las dos jornadas, los veinte participantes recorrieron un proceso que comenzó con la observación de una necesidad y terminó con la defensa pública de una solución. Entre ambos momentos tuvieron que trabajar con perfiles distintos, descartar opciones, reformular sus propuestas y traducirlas a un mensaje comprensible. La segunda edición cerró así con veinte proyectos sometidos a una misma prueba: demostrar que detrás de cada idea existía un destinatario concreto y un problema que merecía ser resuelto.

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