Libros que llegan hasta la habitación: una biblioteca móvil para el aula hospitalaria de Elche
La colección entregada por el CEU UCH al Hospital General Universitario de Elche reúne lecturas para niños y adolescentes y diez obras pensadas también para sus familias
La Universidad CEU Cardenal Herrera entrega al Hospital General Universitario de Elche una biblioteca móvil destinada al aula hospitalaria, con libros para menores ingresados y sus familias. / INFORMACIÓN
Una biblioteca dentro de un hospital no siempre puede esperar a que lleguen sus lectores. En ocasiones, son los libros los que deben desplazarse hasta una habitación, una sala de espera o cualquier otro espacio en el que se encuentre un menor ingresado. Esa es la idea que explica el formato de la nueva biblioteca móvil para el aula hospitalaria de Elche, entregada por la Universidad CEU Cardenal Herrera al Hospital General Universitario.
La librería contiene más de treinta títulos dirigidos a niños y adolescentes de entre 0 y 18 años. Diez de ellos están destinados a las familias de los pacientes, una decisión que amplía el alcance de la colección: además de lecturas escolares y obras de entretenimiento, incorpora libros que abordan emociones asociadas a la hospitalización de un hijo.
La donación forma parte de un proyecto que ha permitido adquirir dos librerías móviles y 65 libros para las aulas hospitalarias del Hospital General de Elche y del Hospital La Fe de Valencia. Aunque ambos lotes comparten algunos títulos, la selección no se realizó a partir de un catálogo común. Cada hospital explicó qué necesitaba y qué fondos tenía ya disponibles.
Antes de elegir, preguntar
El proceso comenzó con una consulta a las responsables de las aulas hospitalarias. En Elche, el centro facilitó el inventario de su colección y solicitó libros para las distintas etapas educativas, desde Infantil hasta Secundaria. También planteó la necesidad de incorporar obras para padres y madres relacionadas con la culpa, el miedo, la ansiedad, la resiliencia o la forma de afrontar la incertidumbre.
“No hemos partido de un catálogo cerrado ni de una relación genérica de libros. Primero preguntamos a las aulas qué necesitaban y qué materiales tenían ya, y después buscamos obras que pudieran cubrir los ámbitos que habían señalado”, explica Marta Ruiz, profesora de Magisterio y coordinadora de la iniciativa en Elche. Junto a las profesoras Nuria Andreu y Mónica Belda, Ruiz revisó los títulos y trató de equilibrar cuatro dimensiones: la educativa, la emocional, la social y la recreativa. El resultado es una colección destinada a lectores con edades, intereses y situaciones diferentes.
La nueva librería móvil permitirá acercar la lectura a habitaciones, salas de espera y otros espacios del hospital, adaptándose a las necesidades de niños y adolescentes ingresados. / INFORMACIÓN
La forma de la librería responde también a una necesidad concreta. Al ser pequeña y desplazable, puede acercarse a los menores que no pueden acudir al aula hospitalaria por su estado de salud o por las características de su tratamiento. “La movilidad no es un elemento accesorio, sino una condición necesaria para adaptar el recurso a la actividad cotidiana del hospital”, señala Ruiz.
Historias para esperar, imaginar y hablar de lo que ocurre
En las edades de Infantil y Primaria, muchos de los libros seleccionados permiten trabajar emociones que pueden resultar difíciles de expresar. Paciencia, de Rachel Williams, aborda la espera y la perseverancia, dos cuestiones presentes en tratamientos prolongados. ¿Qué bigotes me pasa?, de María Leach, ayuda a reconocer y comunicar sentimientos, mientras que Ponte en mi lugar, de Susanna Isern, se centra en la empatía.
Otros títulos recurren al humor y la imaginación. En Una caja, de Rodrigo Mattioli, un objeto cotidiano se convierte en el punto de partida de múltiples juegos. Camuñas, Una cena monstruosa o ¿Qué hay debajo de la cama, Ted? abordan los miedos infantiles mediante personajes y situaciones humorísticas.
La colección incluye también historias sobre cooperación, pertenencia y comunicación. La mejor sopa del mundo muestra cómo cada personaje aporta algo al grupo, mientras que El correo del dragón invita al lector a participar en un intercambio de cartas y a resolver problemas a través de la imaginación.
Para los adolescentes se han elegido novelas gráficas, relatos de aventuras y obras de divulgación. La versión gráfica de El diario de Anne Frank y Persépolis, de Marjane Satrapi, acercan experiencias de adversidad desde contextos históricos distintos. La puerta de los tres cerrojos, de Sonia Fernández-Vidal, introduce conceptos científicos mediante una historia de ficción, y El club de los dibujantes sitúa la creatividad y la amistad en el centro del relato.
Diez libros para quienes acompañan
La hospitalización infantil no afecta únicamente al paciente. Las familias atraviesan tiempos de espera, decisiones e incertidumbre. Por eso, el lote destinado a Elche incluye diez obras para los progenitores. Entre ellas se encuentra El mundo amarillo, de Albert Espinosa, que recoge aprendizajes vinculados a los años que el autor pasó hospitalizado durante su enfermedad oncológica. También El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, una reflexión sobre la posibilidad de encontrar significado en situaciones adversas.
Otros libros abordan emociones de forma más directa. Las cicatrices no duelen, de Anabel González, y Querida culpa: gracias, pero adiós, de Sonia Rico, ofrecen recursos para comprender sentimientos como la ansiedad o la culpa. La colección se completa con títulos que permiten detenerse, reflexionar o dirigir temporalmente la atención hacia una historia distinta.
“Cuando un menor ingresa, la situación afecta también a su entorno familiar”, recuerda Marta Ruiz. “La selección intenta atender necesidades diferentes, porque tampoco todas las familias viven ni afrontan de la misma manera una hospitalización”.
De una carrera a dos bibliotecas
La adquisición de las librerías y los libros se financió con los 2.000 euros recaudados en una carrera solidaria celebrada en febrero en Elche. Más de 300 estudiantes, profesores y trabajadores del CEU participaron en la prueba, organizada por el Servicio de Deportes del campus. La carrera fue el punto de partida económico, pero el proyecto necesitó después una segunda fase: hablar con los hospitales, estudiar los fondos disponibles y decidir qué títulos podían resultar adecuados en cada aula.
Para Álvaro Antón, vicerrector del CEU en Elche, esa consulta previa era una condición necesaria: “Era importante que la aportación no se planteara al margen de los profesionales que conocen el funcionamiento de las aulas hospitalarias. Las bibliotecas y los libros responden a las necesidades que ellos mismos nos trasladaron”.Una biblioteca dentro de un hospital no siempre puede esperar a que lleguen sus lectores. En ocasiones, son los libros los que deben desplazarse hasta una habitación, una sala de espera o cualquier otro espacio en el que se encuentre un menor ingresado. Esa es la idea que explica el formato de la nueva biblioteca móvil para el aula hospitalaria de Elche, entregada por la Universidad CEU Cardenal Herrera al Hospital General Universitario.
La librería contiene más de treinta títulos dirigidos a niños y adolescentes de entre 0 y 18 años. Diez de ellos están destinados a las familias de los pacientes, una decisión que amplía el alcance de la colección: además de lecturas escolares y obras de entretenimiento, incorpora libros que abordan emociones asociadas a la hospitalización de un hijo.
La donación forma parte de un proyecto que ha permitido adquirir dos librerías móviles y 65 libros para las aulas hospitalarias del Hospital General de Elche y del Hospital La Fe de Valencia. Aunque ambos lotes comparten algunos títulos, la selección no se realizó a partir de un catálogo común. Cada hospital explicó qué necesitaba y qué fondos tenía ya disponibles.
Antes de elegir, preguntar
El proceso comenzó con una consulta a las responsables de las aulas hospitalarias. En Elche, el centro facilitó el inventario de su colección y solicitó libros para las distintas etapas educativas, desde Infantil hasta Secundaria. También planteó la necesidad de incorporar obras para padres y madres relacionadas con la culpa, el miedo, la ansiedad, la resiliencia o la forma de afrontar la incertidumbre.
“No hemos partido de un catálogo cerrado ni de una relación genérica de libros. Primero preguntamos a las aulas qué necesitaban y qué materiales tenían ya, y después buscamos obras que pudieran cubrir los ámbitos que habían señalado”, explica Marta Ruiz, profesora de Magisterio y coordinadora de la iniciativa en Elche. Junto a las profesoras Nuria Andreu y Mónica Belda, Ruiz revisó los títulos y trató de equilibrar cuatro dimensiones: la educativa, la emocional, la social y la recreativa. El resultado es una colección destinada a lectores con edades, intereses y situaciones diferentes.
La forma de la librería responde también a una necesidad concreta. Al ser pequeña y desplazable, puede acercarse a los menores que no pueden acudir al aula hospitalaria por su estado de salud o por las características de su tratamiento. “La movilidad no es un elemento accesorio, sino una condición necesaria para adaptar el recurso a la actividad cotidiana del hospital”, señala Ruiz.
Historias para esperar, imaginar y hablar de lo que ocurre
En las edades de Infantil y Primaria, muchos de los libros seleccionados permiten trabajar emociones que pueden resultar difíciles de expresar. Paciencia, de Rachel Williams, aborda la espera y la perseverancia, dos cuestiones presentes en tratamientos prolongados. ¿Qué bigotes me pasa?, de María Leach, ayuda a reconocer y comunicar sentimientos, mientras que Ponte en mi lugar, de Susanna Isern, se centra en la empatía.
Otros títulos recurren al humor y la imaginación. En Una caja, de Rodrigo Mattioli, un objeto cotidiano se convierte en el punto de partida de múltiples juegos. Camuñas, Una cena monstruosa o ¿Qué hay debajo de la cama, Ted? abordan los miedos infantiles mediante personajes y situaciones humorísticas.
La colección incluye también historias sobre cooperación, pertenencia y comunicación. La mejor sopa del mundo muestra cómo cada personaje aporta algo al grupo, mientras que El correo del dragón invita al lector a participar en un intercambio de cartas y a resolver problemas a través de la imaginación.
Para los adolescentes se han elegido novelas gráficas, relatos de aventuras y obras de divulgación. La versión gráfica de El diario de Anne Frank y Persépolis, de Marjane Satrapi, acercan experiencias de adversidad desde contextos históricos distintos. La puerta de los tres cerrojos, de Sonia Fernández-Vidal, introduce conceptos científicos mediante una historia de ficción, y El club de los dibujantes sitúa la creatividad y la amistad en el centro del relato.
Diez libros para quienes acompañan
La hospitalización infantil no afecta únicamente al paciente. Las familias atraviesan tiempos de espera, decisiones e incertidumbre. Por eso, el lote destinado a Elche incluye diez obras para los progenitores. Entre ellas se encuentra El mundo amarillo, de Albert Espinosa, que recoge aprendizajes vinculados a los años que el autor pasó hospitalizado durante su enfermedad oncológica. También El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, una reflexión sobre la posibilidad de encontrar significado en situaciones adversas.
Otros libros abordan emociones de forma más directa. Las cicatrices no duelen, de Anabel González, y Querida culpa: gracias, pero adiós, de Sonia Rico, ofrecen recursos para comprender sentimientos como la ansiedad o la culpa. La colección se completa con títulos que permiten detenerse, reflexionar o dirigir temporalmente la atención hacia una historia distinta.
“Cuando un menor ingresa, la situación afecta también a su entorno familiar”, recuerda Marta Ruiz. “La selección intenta atender necesidades diferentes, porque tampoco todas las familias viven ni afrontan de la misma manera una hospitalización”.
De una carrera a dos bibliotecas
La adquisición de las librerías y los libros se financió con los 2.000 euros recaudados en una carrera solidaria celebrada en febrero en Elche. Más de 300 estudiantes, profesores y trabajadores del CEU participaron en la prueba, organizada por el Servicio de Deportes del campus. La carrera fue el punto de partida económico, pero el proyecto necesitó después una segunda fase: hablar con los hospitales, estudiar los fondos disponibles y decidir qué títulos podían resultar adecuados en cada aula.
Para Álvaro Antón, vicerrector del CEU en Elche, esa consulta previa era una condición necesaria: “Era importante que la aportación no se planteara al margen de los profesionales que conocen el funcionamiento de las aulas hospitalarias. Las bibliotecas y los libros responden a las necesidades que ellos mismos nos trasladaron”.