CONTROVERSIA
La ilicitana Sara Fructuoso, entre los influencers de la polémica campaña ‘Dmocracia’ del Gobierno
Memoria Democrática defiende que la acción no llega a los 400.000 euros, que no se ha pagado a Meta ni TikTok y que busca acercar los valores democráticos a los jóvenes con códigos de moda urbana

Marina Rivers y Sara Fructuoso en una de las fotos realizadas para la campaña en el Congreso de los Diputados. / INSTAGRAM

La campaña ‘Dmocracia’ del Gobierno, una acción de comunicación que simula una marca de ropa juvenil para hablar de valores democráticos en redes sociales, se ha situado en el centro de la polémica por su formato, su coste y el uso de influencers. Entre los 32 jóvenes creadores de contenido digital que participan en la iniciativa figura la ilicitana Sara Fructuoso.
La Secretaría de Estado de Memoria Democrática ha explicado a EFE que el presupuesto máximo de la campaña asciende a 386.000 euros, una cantidad que, según el departamento, está por debajo del coste medio de las campañas institucionales del Gobierno. La iniciativa forma parte del programa España en Libertad, impulsado con motivo del medio siglo de la actual etapa democrática.
Una falsa marca de moda para hablar de democracia
‘Dmocracia’ se presenta como si fuera una marca de ropa juvenil, pero sus prendas no están a la venta. La colección se ha creado como una edición limitada diseñada por el artista Bnomio, con estética de moda urbana y el objetivo de generar conversación entre los jóvenes sobre democracia, derechos y participación pública.
La campaña se enmarca en España en Libertad, la plataforma de conmemoración de los 50 años de democracia en España. La propuesta, según se ha presentado públicamente, busca utilizar el lenguaje del streetwear para acercar los valores democráticos a la generación Z.
Sara Fructuoso, presencia ilicitana en la campaña
Uno de los elementos más comentados de la iniciativa es la participación de 32 creadores de contenido en redes sociales. La estrategia del Gobierno no ha consistido en comprar difusión directa en plataformas como Meta o TikTok, sino en recurrir a perfiles jóvenes capaces de mover el mensaje en sus propias comunidades digitales.
Entre ellos aparece Sara Fructuoso, creadora de contenido ilicitana, lo que da a la campaña una derivada local en la provincia de Alicante. La Secretaría de Estado justifica esta elección con un argumento claro: intentar llegar a ese público a través de medios tradicionales “no tendría sentido”, porque en esta campaña “el medio es el mensaje”.
Cuánto ha costado la campaña
Memoria Democrática sostiene que el presupuesto máximo de la acción es de 386.000 euros, aunque no todo se ha ejecutado todavía. Según los datos trasladados a EFE, los costes de producción ascienden a 185.215 euros, mientras que el presupuesto máximo previsto para la difusión en redes sociales es de 193.900 euros.
La producción de las prendas ha supuesto 112.783 euros. A ello se suman 59.680 euros en sesiones fotográficas, 10.000 euros en diseño y asesoría, y 2.752 euros en almacén, envíos y tarjetas.
El Gobierno insiste en que no se trata de una línea comercial de ropa: las prendas se han utilizado para la grabación de anuncios y también en actos y eventos de conmemoración del programa España en Libertad.
Más de cuatro millones de visualizaciones
Según los últimos datos facilitados por la Secretaría de Estado, la campaña ha superado ya los 4 millones de visualizaciones en redes sociales y ha alcanzado a más de 600.000 personas. Más del 70% de ese público tendría menos de 35 años, precisamente el segmento al que se dirige la acción.
El departamento defiende que la idea de simular una marca de moda no busca frivolizar con la democracia, sino abrir un debate en espacios donde los jóvenes ya están. La tesis de fondo es que la vestimenta también comunica identidad, pertenencia y valores.
La moda como acto político
La explicación oficial de la campaña parte de una idea: vestirse también es una forma de posicionarse. Según Memoria Democrática, la elección de la ropa no solo refleja cambios sociales, sino que también puede provocarlos. Por eso, la acción juega con el lenguaje visual de las marcas juveniles para introducir mensajes sobre convivencia, derechos y valores democráticos.
La Secretaría de Estado de Memoria Democrática depende del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y tiene entre sus funciones desarrollar políticas de conservación, defensa, fomento y divulgación de la memoria democrática.
Fotos en el Congreso y críticas políticas
Otra parte de la polémica se ha centrado en la sesión fotográfica realizada en el Congreso de los Diputados. Desde la Secretaría de Estado señalan que esa sesión contó con autorización de la Mesa parlamentaria y que se desarrolló con respeto a la institución.
La intención, según el Gobierno, era enviar un mensaje simbólico: una nueva generación entrando “con sus códigos” de vestimenta propios en el lugar que la representa. Esa explicación no ha impedido las críticas de quienes consideran que el formato banaliza una conmemoración institucional o convierte la memoria democrática en una campaña de estética demasiado publicitaria.
El Gobierno defiende que el coste es inferior a la media
Ante las críticas por el presupuesto, Memoria Democrática insiste en que los 386.000 euros son un máximo y que la cifra es inferior al coste medio de las campañas institucionales del Gobierno. También subraya que la parte destinada a difusión en redes no se ha invertido aún por completo.
El departamento defiende además que la elección de influencers no responde a una estrategia ornamental, sino a la necesidad de alcanzar a un público que consume información, cultura y debate político en redes sociales, no necesariamente en formatos institucionales clásicos.
Una campaña pensada para provocar conversación
La polémica, en cierto modo, forma parte del propio recorrido de ‘Dmocracia’. La campaña ha logrado visibilidad precisamente porque ha mezclado lenguajes que no suelen convivir sin fricción: Gobierno, Congreso, moda urbana, influencers, memoria democrática y generación Z.
Sus defensores sostienen que es una forma eficaz de hablar a los jóvenes en sus propios códigos. Sus críticos ven una operación discutible por estética, coste y enfoque. En medio, la campaña ya ha conseguido el primer objetivo de cualquier acción de comunicación pública: que se hable de ella.
En Alicante, además, el debate tiene nombre propio por la participación de la ilicitana Sara Fructuoso, una de las creadoras elegidas para llevar a redes una campaña que el Gobierno presenta como una invitación a reivindicar la democracia también en la vida cotidiana.
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