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La ruta de senderismo con más historia en la provincia de Alicante: aves, charcas y hasta búnkeres de la Guerra Civil

Este sendero es perfecto para recorrer en familia y permite visitar un humedal protegido y parar en observatorios donde habitan especies únicas

El Clot de Galvany en Elche, escenario de la suelta de 20 cercetas pardillas

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Desconectar en la naturaleza no siempre exige grandes montañas ni rutas complicadas. A veces basta con caminar despacio por un sendero sencillo, escuchar el viento entre los pinos y detenerse unos minutos ante una charca para descubrir que la vida silvestre sigue su propio ritmo. En una provincia tan asociada al sol y la playa como Alicante, los humedales son pequeños refugios donde el paisaje cambia por completo y el paseo se convierte en una experiencia tranquila, casi silenciosa.

Para quienes disfrutan viendo pájaros en libertad, estos espacios tienen algo especial. Observar un ave en su hábitat, sin jaulas ni barreras, obliga a mirar con paciencia y a prestar atención a detalles que normalmente pasan desapercibidos: un movimiento entre los juncos, un vuelo rápido sobre el agua, el reflejo de un pato en la laguna o el sonido de una especie escondida entre la vegetación. Ese es precisamente uno de los grandes atractivos del Clot de Galvany, un paraje perfecto para senderistas, familias y aficionados a la observación de aves.

Clot de Galvany

El Clot de Galvany se encuentra en el término municipal de Elche, entre Arenales del Sol, El Altet, Balsares y muy cerca de Gran Alacant y la playa del Carabassí. Pese a estar rodeado de zonas urbanizadas, conserva más de 360 hectáreas de gran valor ambiental, con charcas, saladares, dunas, pinares, lomas, antiguas terrazas agrícolas y zonas de matorral mediterráneo. Está reconocido como Paraje Natural Municipal y forma parte de espacios protegidos por su importancia para las aves, lo que explica que sea uno de los mejores lugares del sur de Alicante para iniciarse en el avistamiento.

La ruta más habitual comienza en el Aula de la Naturaleza, donde hay una zona de aparcamiento para dejar el coche antes de iniciar el recorrido. Desde allí se puede tomar la ruta del humedal, un itinerario señalizado, sencillo y apto para casi todos los públicos. La distancia varía según el trazado elegido, pero el recorrido por la zona húmeda ronda los 3 kilómetros, mientras que la ruta de El Monte y La Loma es más larga y permite ampliar la excursión conectando con otros ambientes del paraje. En ambos casos la dificultad es baja, aunque conviene llevar calzado cómodo, agua y prismáticos si se quiere disfrutar de las aves con calma.

El primer tramo atraviesa zonas de pinar con pino piñonero y pino carrasco, además de antiguos campos de cultivo donde aún aparecen algarrobos y olivos. En esta parte del paseo es fácil fijarse en pequeñas aves ligadas al monte mediterráneo, como el mito, el carbonero común o el herrerillo común. También pueden aparecer especies más vistosas como la abubilla, el pito real o el abejaruco, especialmente en las épocas más favorables. El camino permite avanzar sin prisas mientras el paisaje va cambiando poco a poco hacia zonas más abiertas y húmedas.

Trincheras de la Guerra Civil

Más adelante aparecen algunos de los elementos más característicos del Clot de Galvany: los búnkeres y trincheras de la Guerra Civil, integrados hoy en el recorrido, y los miradores desde los que se observan las charcas. La primera gran parada suele hacerse junto a una charca artificial, donde pueden verse distintas anátidas. Entre las especies más destacadas figuran la malvasía cabeciblanca, la cerceta común, el pato cuchara, el pato colorado o la cerceta pardilla, una de las aves más valiosas del humedal. Desde los observatorios, el visitante puede contemplarlas sin molestarlas, algo fundamental en un espacio protegido.

Charcas para ver aves

La ruta continúa hacia zonas de gran interés para las aves acuáticas. En la charca de limícolas pueden observarse, según la época y el nivel de agua, avocetas, cigüeñuelas, chorlitejos o agachadizas comunes. En otras láminas de agua también es posible encontrar zampullines, gallinetas, calamones y diferentes patos. El valor del Clot está precisamente en esa variedad de ambientes: cada charca, saladar o zona de matorral atrae a especies distintas, por lo que el paseo puede ofrecer escenas diferentes en cada visita. La primavera y los periodos migratorios suelen ser especialmente interesantes para los aficionados a la ornitología.

Ruta más larga

Quienes quieran alargar la excursión pueden continuar por la ruta de El Monte y La Loma, que se adentra en áreas de cultivo antiguas, zonas de monte más alejadas del Aula de la Naturaleza y el saladar mejor conservado del paraje. Desde algunos miradores se distinguen núcleos como El Altet, Balsares o incluso Alicante, además de pequeñas charcas temporales que aparecen en función de las lluvias. Este segundo itinerario permite entender mejor la diversidad del Clot, donde conviven humedal, dunas fijas, matorral, pinar y restos históricos en un espacio relativamente compacto.

Eso sí, visitar el Clot de Galvany implica respetar unas normas básicas. No está permitido acceder con perros ni otros animales de compañía, ni salirse de los caminos señalizados, ni dar de comer a la fauna, ni recoger plantas o capturar animales. Tampoco se puede hacer pícnic dentro del paraje, aunque existe una zona habilitada junto al Aula de la Naturaleza. Estas restricciones no son un capricho: buscan proteger un ecosistema frágil donde muchas aves descansan, se alimentan o crían.

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