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Quejas vecinales

Las "Casitas de Ferrández" de Elche: un barrio que pide atención

Los residentes reclaman iluminación, badenes y un mayor mantenimiento de la zona ante la creciente sensación de inseguridad por la presencia de personas encapuchadas al anochecer y atropellos de animales provocados por el exceso de velocidad

Camino Fábrica de Ferrández en uno de los accesos a la zona residencial de las "Casitas de Ferrández",.

Camino Fábrica de Ferrández en uno de los accesos a la zona residencial de las "Casitas de Ferrández",. / AXEL ALVAREZ

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María González

María González

Elche

Cada vez que Vanesa Sánchez sale de casa con sus hijos mira hasta tres veces a ambos lados antes de cruzar. No es una manía, sino una rutina nacida del miedo. Los vecinos de las "Casitas de Ferrández" de Elche declaran que los vehículos circulan a gran velocidad por la zona, donde ya se han producido varios atropellos de gatos. "El otro día casi atropellan a mi hijo", asegura Sánchez, al precisar que ni siquiera se encontraba en medio del camino, sino en un lateral. A la preocupación por el tráfico se suma la sensación de inseguridad cuando cae la noche. "El otro viernes aparecieron dos chavales encapuchados sobre las once y media", recuerda otra vecina. La falta de iluminación, el estado de abandono del huerto colindante y los actos incívicos completan un escenario que los residentes llevan años viviendo. Su petición es sencilla: instalar dos badenes para obligar a reducir la velocidad y dotar la zona de alumbrado público.

Una señal de 40 "grafiteada" a 20.

Una señal de 40 "grafiteada" a 20. / Áxel Álvarez

Un camino con peligro

Ese temor tiene un origen concreto: el camino Fábrica de Ferrández, el mismo que atraviesa el entorno de las "Casitas de Ferrández", un conjunto residencial propiedad de la fábrica que lleva su mismo nombre, situado entre los huertos de palmeras del norte de Elche, muy próximo a la zona universitaria y al convento de Las Clarisas. Aunque da acceso a las viviendas, los vecinos aseguran que soporta un intenso tránsito de vehículos durante buena parte del día. A primera hora de la mañana circulan quienes se dirigen a la oficina de empleo y a otros servicios cercanos; por las tardes y noches, explican, el tráfico también aumenta al tratarse de una zona conocida por la práctica del "cruising", es decir, encuentros sexuales entre adultos que tienen lugar en espacios públicos o apartados.

Los residentes explican que muchos conductores circulan a una velocidad excesiva para un camino por el que transitan familias, ciclistas y peatones. El problema, aseguran, se ha agravado en los últimos años. Como muestra, señalan los atropellos de varios gatos de la colonia felina que hay en la zona. "Esto se podría solucionar poniendo dos badenes", explica uno de los vecinos.

No obstante, la indignación ha llegado incluso al propio asfalto. Hace unas semanas, niños del barrio dibujaron con tizas sus siluetas junto a sus edades y el mensaje: "Modera la velocidad". Poco después, tal y como asegura Vanesa Sánchez, alguien repasó las inscripciones con pintura y espray. A estas reivindicaciones se suman los carteles colocados por uno de los vecinos la pasada semana reclamando la instalación de badenes con el escrito: "Stop. Modere la velocidad. Aquí vivimos personas, niños y animales".

Uno de los mensajes de moderación de velocidad pintados en el suelo.

Uno de los mensajes de moderación de velocidad pintados en el suelo. / AXEL ALVAREZ

Un barrio a oscuras

Pero la velocidad no es la única preocupación. Los residentes aseguran que el camino nunca ha contado con alumbrado público y que la falta de iluminación incrementa la sensación de inseguridad cuando cae la noche. Según relatan, en varias ocasiones han tenido que avisar a la Policía Local tras presenciar actos vandálicos en el convento de Las Clarisas, donde, afirman, algunas personas han lanzado botellas y piedras contra el edificio. Otros vecinos recuerdan encuentros que les hicieron sentirse inseguros al regresar a casa de noche o la presencia de personas ocultas en las zonas más oscuras del camino. Sánchez explica que trata de volver antes de que se haga demasiado tarde cuando sale al centro con sus hijos "por miedo a volver solos, porque a veces hay gente que empieza a decirte cosas raras en medio del camino", explica.

Un entorno abandonado

A todo ello se suma el deterioro del entorno. El huerto colindante presenta un evidente estado de abandono, con vegetación sin mantener, basura y palmeras que, según especifican, "solo se podan cuando avisamos al Ayuntamiento de que hay riesgo de caída". Además, los vecinos sostienen que esta situación se arrastra desde hace años y recuerdan que el camino fue asfaltado por última vez hace "unos cuatro o cinco años", otra de las peticiones de los residentes.

Los propios vecinos también destacan la importancia de mantener el barrio y confiesan el abandono que sienten. "Por mi parte me siento un poco abandonada por la institución... Sé de otros barrios que están igual y allí sí que han asfaltado, les han puesto farolas y les han arreglado un poquito", expresa Sánchez, quien, junto al resto de vecinos, sigue a la espera de una mejora del entorno.

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