De acompañar a enfermos a dejarse transformar: voluntarios del CEU de Elche viajan a Lourdes
Estudiantes de Enfermería y Psicología colaboraron con la Hospitalidad de Orihuela-Alicante en la atención a personas con dependencia

La colaboración con la Hospitalidad de Orihuela-Alicante permitió al alumnado asumir responsabilidades directas en la atención a los enfermos. / INFORMACIÓN
Acompañar a una persona enferma, ayudarla a desplazarse, atenderla durante las comidas o colaborar en su aseo fueron algunas de las tareas asumidas por un grupo de estudiantes del CEU de Elche durante su estancia en Lourdes. Del 5 al 11 de julio, alumnos de los grados de Enfermería y Psicología participaron en una acción de voluntariado junto a la Hospitalidad de Orihuela-Alicante, integrados en las actividades organizadas para los jóvenes de la diócesis.
En el viaje participaron también la coordinadora de Voluntariado del CEU de Elche, Nuria Andreu, y las hermanas Jimena y Lucía, de Proecclesia Sancta, entidad que colabora con la Pastoral Universitaria. Durante una semana, el grupo colaboró de manera directa con personas enfermas y con dependencia que necesitaban apoyo para afrontar las actividades cotidianas y los desplazamientos dentro del santuario y de los espacios de alojamiento.

El grupo de voluntarios del CEU de Elche durante su estancia en Lourdes, celebrada del 5 al 11 de julio. / INFORMACIÓN
La tarea prevista inicialmente se centraba en el acompañamiento y el traslado de los enfermos. Sin embargo, los voluntarios decidieron ampliar su colaboración y participaron también en la residencia en labores relacionadas con el aseo y el comedor. El trabajo exigía atención constante, capacidad para adaptarse a las necesidades de cada persona y disposición para ayudar en gestos que, aunque puedan parecer sencillos, resultan decisivos para quienes necesitan asistencia.
Acompañar también significa escuchar
Para Nuria Andreu, la experiencia no puede explicarse únicamente a través de las tareas realizadas. La coordinadora de Voluntariado destaca que la estancia permitió a los estudiantes detenerse, escuchar y establecer una relación cercana con las personas a las que acompañaban.
«Visitar Lourdes es salir de nuestro yo egoísta para ver más allá; es escuchar y hablar con el otro, acompañar, sonreír y abrazar», explica.
Ese contacto directo convirtió la ayuda práctica en una experiencia compartida, en la que la atención no se limitaba a resolver una necesidad física, sino que incluía la conversación, la compañía y la disponibilidad para permanecer junto a quien lo requería.
Los estudiantes tuvieron que enfrentarse, además, a situaciones que reclamaban responsabilidad y madurez. Su formación en Enfermería y Psicología les proporcionaba conocimientos relacionados con el cuidado y la atención a las personas, pero la convivencia diaria les permitió aproximarse a realidades que no siempre pueden reproducirse en las aulas.
Así, el voluntariado se convirtió también en un espacio de aprendizaje personal. Ayudar a una persona a comer, acompañarla en un desplazamiento o atenderla en su habitación implicaba reconocer su ritmo, respetar su intimidad y comprender que la dependencia no elimina la autonomía ni la dignidad de quien necesita apoyo.
Una semana de servicio y convivencia
La estancia incluyó asimismo vigilias, celebraciones y otras actividades vinculadas a la peregrinación. Los voluntarios compartieron estos momentos con los jóvenes de la diócesis y con las personas a las que atendían, de modo que la experiencia combinó el servicio diario, la convivencia y la dimensión espiritual del viaje.
Andreu señala que cada participante regresa de Lourdes con un aprendizaje distinto. Para algunos, la semana puede significar el encuentro con personas capaces de acompañarlos en su propio camino; para otros, la confirmación de una vocación, el descubrimiento de la necesidad de mantener una implicación continuada en proyectos de voluntariado o una nueva forma de mirar a la familia y a quienes tienen más cerca.

Los alumnos colaboraron en el acompañamiento, traslado, aseo y atención durante las comidas de personas enfermas y con dependencia. / INFORMACIÓN
También puede suponer, añade, un reencuentro con la figura de María y con el sentido cristiano del sacrificio y la entrega. «En estos días, cada uno se lleva una cosa diferente», afirma la coordinadora, quien destaca que no existe una única manera de vivir la experiencia ni un resultado común para todos los participantes.
Más allá de una experiencia de una semana
El viaje a Lourdes se integra en las acciones de voluntariado impulsadas desde el campus de Elche para acercar al alumnado a situaciones sociales, sanitarias y humanas que requieren compromiso y continuidad. En este caso, la colaboración con la Hospitalidad de Orihuela-Alicante permitió que los estudiantes participaran en un proyecto ya organizado y asumieran responsabilidades concretas dentro de la atención a los enfermos.
Para Nuria Andreu, uno de los aprendizajes de la estancia es precisamente la necesidad de que el voluntariado no se reduzca a una experiencia aislada. Algunas personas regresan con el propósito de continuar colaborando, mientras otras descubren que la entrega puede comenzar también en su entorno más próximo.
«La experiencia de voluntariado en Lourdes merece la pena porque creces sí o sí», sostiene. No se refiere solo a adquirir habilidades o conocer una nueva realidad, sino a la transformación que se produce al convivir y asumir responsabilidades junto a otras personas.
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