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Festes d'Elx

Una Carretillà entre destellos más seguros y con un primer balance que apunta a 19 heridos en l'Albà

Más de 4.000 personas se concentran en el Hort del Monjo para observar el ingenio de 165 lanzadores en un recinto que gana tres metros de altura

Una Carretillà entre destellos más seguros

Héctor Fuentes

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J. R. Esquinas

J. R. Esquinas

Elche

Pasada la una de la madrugada de este 14 de agosto y después de que la pólvora virase hacia el Hort del Monjo en la tradicional Carretillà, el alcalde de Elche, Pablo Ruz, acompañado por los ediles de Festejos y Vía Pública, Inma Mora y José Claudio Guilabert, respectivamente, y el comisario jefe de la Policía Local, César Zaragoza, apuntó a 19 heridos en un primer balance de las incidencias y personas heridas registradas durante la Nit de l’Albà. La comparecencia sirvió para hacer una primera evaluación de una noche especialmente intensa en las calles de la ciudad con el ir y venir de ambulancias así como dispositivos de seguridad desplegados antes de que el protagonismo festivo se desplazara al huerto histórico de El Raval.

Al respecto, concretaron que, hasta las 23.15 horas, únicamente se habían contabilizado tres atenciones sanitarias, una cifra que reflejaba una Nit de l’Albà relativamente tranquila. Sin embargo, entre las 23.15 y las 00.00 horas, coincidiendo con el tramo central de la Alborada, se produjeron 12 atenciones más. A estas se sumaron posteriormente otras tres asistencias y una mujer con quemaduras de segundo grado que tuvo que ser trasladada al Hospital General de Elche para recibir atención. De este modo, según los datos provisionales facilitados durante el primer balance de la madrugada, se habían registrado al menos 19 asistencias, aunque las autoridades insistieron en que el número de heridos era leve y que no se habían producido incidentes importantes, salvo el caso de la mujer con quemaduras, y todo relacionado con mal uso de padres con sus hijos con la pólvora y alguna caña.

La Carretillà celebrada tras la Nit de l'Albà en el Hort del Monjo, con el vallado más alto.

La Carretillà celebrada tras la Nit de l'Albà en el Hort del Monjo, con el vallado más alto. / Héctor Fuentes

Participación importante

La de este 2026 fue de las ediciones organizadas por la Asociación de Carretilleros y Tradiciones de Elche más numerosas, con 165 lanzadores de los 199 registrados que habían hecho antes su curso para entrar a un recinto acotado que también ganó en seguridad, al elevarse tres metros el vallado que rodeaba el espacio, hasta alcanzar los nueve de altura. Todo con el objetivo de reducir el riesgo de que alguna carretilla pudiera abandonar la zona habilitada y alcanzar al público congregado en los alrededores. Ilicitanos y visitantes de otras localidades observaban expectantes al otro lado la electrizante actividad entre chispas, humo y estruendos sobre el recinto de aproximadamente 1.400 metros cuadrados que se reforzó a petición de la asociación teniendo en cuenta que estos productos pirotécnicos tienen una trayectoria errática y difícil de prever una vez encendidos, aunque eso no evitó que alguna acabara saliendo y hasta impactara en un balcón sin causar daños mayores. En total, más de 4.000 espectadores que no perdieron detalle del otro espectáculo de la noche.

Carretillero de honor

Juan Carlos Marco, carretillero de honor en 2026, además de llevar años colaborando con la asociación, ya que también entrega anualmente y de manera desinteresada alrededor de cien sandías al público asistente, fue el encargado de prender el espectáculo acompañado del alcalde y los dos concejales. Marco acudió después de haber vivido la Nit de l’Albà en familia, junto a sus nietos y desde el campo, donde pudo «oír los truenos y los relámpagos» procedentes de la ciudad. Aunque nunca había participado como lanzador, ni lo hizo, aseguraba conocer la tradición desde los tiempos en que las carretillas tomaban la Glorieta y la Corredora. Sea como fuere, apeló sobre todo a la prudencia.

La Carretillà celebrada tras la Nit de l'Albà en el Hort del Monjo.

La Carretillà celebrada tras la Nit de l'Albà en el Hort del Monjo. / Héctor Fuentes

Ofrenda sí, guerra no

Los carretilleros, protegidos con prendas que no fueran inflamables, como siempre avisan desde la organización, se movieron entre decenas de carretillas encendidas mientras el lugar quedaba envuelto en destellos en una fiesta en la que se viene sensibilizando con tal de que deje de arrastrar el nombre popular de "Guerra de Carretillas". Alertan sus promotores que no es una batalla sino una ofrenda más a la Maredéu, y más tras cosechar años de mínimos históricos de heridos sobre una tradición que podría remontarse a 1735.

Defensores

Como recordó el presidente de la asociación, Jaime Sánchez, la tradición estuvo al filo de desaparecer hace trece años al comunicarse la prohibición de las carretillas. La reacción de los aficionados a la pólvora derivó entonces en el movimiento «No Nos Quitéis las Carretillas», impulsado por Juanma Flores, que llegó a reunir a más de 12.000 defensores de esta costumbre. A partir de aquella movilización, se sucedieron contactos con empresas pirotécnicas, asociaciones y representantes políticos, con gestiones incluso en Bruselas y en el Congreso de los Diputados, hasta encontrar el encaje que permitió mantener la celebración bajo unas condiciones específicas de seguridad. Más de una década después, aquella tradición volvió nuevamente a sobrevivir entre fuego y pólvora prolongando la fiesta hasta la madrugada.

El carretillero de honor junto al alcalde, los concejales y el presidente de la asociación.

El carretillero de honor junto al alcalde, los concejales y el presidente de la asociación. / Héctor Fuentes

Dos generaciones

Entre quienes se acercaron en la madrugada del viernes a contemplar La Carretillà estaban Toñi Fuster Javaloyes, de 57 años, y su hija, Teresa Gutiérrez Fuster, dos generaciones unidas por una misma tradición, aunque vivida de manera muy diferente. Toñi rememoraba que acude desde que tenía unos 14 años y relataba con cierta nostalgia cómo era entonces, cuando «en la Glorieta se hacía la guerra» y las carretillas podían lanzarse por las calles sin las restricciones actuales. Aunque reconocía que le gustaba más aquella celebración de su juventud, valoraba positivamente la evolución experimentada por motivos de seguridad y para reducir el número de heridos. Su hija Teresa, en cambio, se ha incorporado más recientemente a esta costumbre junto a su madre, desde hace unos tres o cuatro años, después de dejar un poco de lado las noches de fiesta para disfrutar más de citas como la Nit de l’Albà y La Carretillà. Ninguna de las dos se ha atrevido nunca a entrar en el recinto de lanzamiento y Teresa tampoco se ve haciéndolo en el futuro: «Me da miedo, pero me encanta», resumía entre risas.

Estrenos

Entre los lanzadores hubo también estrenos en familia, como el de Elena Bonet, que llevaba tres años queriendo participar junto a su hermano Jaime y su padre, Jaime Bonet. Admitían que sentían cierto temor, pero que la pasión por el fuego podía más. Su padre sí había vivido las carretillas cuando se lanzaban por el centro de Elche, pero nunca había entrado en el actual recinto. “Es el primer año que nos envalentonamos”, confesaban mientras, nerviosos, se iban poniendo capas y capas de ropa, y tapándose las manos y los pies con cinta.

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