Ignacio Gómez Obregón
"Me voy satisfecho porque la droga en La Tafalera ya no es ni el 10% de lo que era"
Comisario Principal del Cuerpo Nacional de Policía de Elda-Petrer. Ha estado nueve años y medio al frente de la Comisaría y hoy pasa a segunda actividad. Una situación de "relajo" que confiesa no haber sentido desde que era un niño.

Ignacio Gómez ayer en la Comisaría de Elda-Petrer. / INFORMACIÓN
PÉREZ GIL
Es baracaldés, tiene 64 años y sabe mucho pero cuenta poco. De hecho, es la primera entrevista que concede a este diario. Algo que para él es normal porque buena parte de su trayectoria policial ha consistido en captar información y mantener el secreto. Nos recibe en su despacho con puntualidad británica y se le ve feliz. Parece incluso haber rejuvenecido tras 41 años asumiendo diferentes responsabilidades policiales.
¿Lo suyo fue profesional o vocacional?.
Vocacional. Estaba cursando tercero de Económicas y decidí presentarme a unas oposiciones para ingresar en el Cuerpo General de Policía porque me gustaba mucho eso de perseguir ladrones, investigar crímenes y el trabajo que realizaba la policía secreta. La oposición fue en 1969, en Madrid, y de los 600 aspirantes logramos superar las pruebas 66. Empecé como subinspector de segunda y mi primer destino fue Bilbao.
Pero luego ha trotado mundo y ha subido escalones.
Pues sí. En Bilbao estuve 14 años y pasé de subinspector de primera a inspector de tercera y luego a inspector de primera.
Y luego a Madrid con alto rango y responsabilidad de Estado.
Allí estuve cinco años como Secretario de Estado del Ministerio del Interior -con el Gobierno socialista de Felipe González- antes de opositar a comisario.
Y también lo consiguió y, además, con buena nota.
Nos presentamos 1.000, nos admitieron a 78 y yo fui el número 24 de mi promoción. Pero eso no tiene importancia. Me destinaron entonces a Bilbao como comisario jefe de la Brigada de Información y allí estuve entre 1989 y 1993. Y de ahí a Vitoria otros cinco años de comisario provincial.
Una etapa negra en la que el terrorismo etarra se cobraba una víctima diaria.
Fueron años muy duros. En Bilbao yo coordinaba a un grupo de inspectores y perdí a algunos compañeros y amigos. Había mucha tensión y estábamos alerta las 24 del día de los 365 días del año. Fueron años muy duros pero todo aquello forma parte del pasado...
¿Años de miedo?
Miedo no, pero preocupación sí, porque en este trabajo si tienes miedo al final no te queda más opción que dejarlo. Sólo recuerdo un par de compañeros que no pudieron soportar la presión y se marcharon de la Policía. Pero la gran mayoría continúo en sus funciones con un gran espíritu de compromiso, trabajo y sacrificio.
Luego a Huelva y después a la Comisaría de Elda-Petrer. ¿No supone eso bajar de categoría?
En absoluto. Supone un nuevo reto profesional. El tiempo que he estado en Elda ha sido de un gran esfuerzo diario y de una experiencia muy instructiva. He estado en contacto directo con esos problemas cotidianos de la delincuencia menor que preocupan mucho a la gente. Pequeños robos, disputas vecinales, hurtos...
Y la droga.
Por supuesto. Pero gracias al extraordinario trabajo que ha llevado a cabo todo el equipo de funcionarios de esta Comisaría, y digo todos porque todos se han implicado muchísimo, y gracias también al apoyo de la Policía Local de Elda y Petrer el barrio de La Tafalera ha dejado de ser el supermercado de la droga al que venían camellos y adictos de todas partes. Se ha realizado un gran trabajo policial, una presión constante, y en estos momentos el tráfico de drogas en este barrio ha quedado reducido a la mínima expresión, a menos del 10% de lo que era diez años atrás. Algo de lo que debo felicitar especialmente a las unidades de Policía Judicial y Seguridad Ciudadana.
Pero se sigue "trapicheando".
Me hubiera gustado erradicar el 100% de la droga en La Tafalera pero eso es una utopía. Aunque utopías como esa hay que seguir persiguiéndolas para que algún día se puedan hacer realidad.
¿Se podrá hacer realidad en una Comisaría de paso?
Ahora ya no es así. En los últimos cinco años la plantilla se ha estabilizado. Muchos funcionarios han pedido Elda-Petrer como destino porque viven aquí y su intención es quedarse aquí.
¿Cuál ha sido el momento más difícil de su última etapa?
El del atraco de la Cam de Petrer de 2008 en el que dos de mis agentes resultaron heridos -uno recibió un disparo y el otro tres- al enfrentarse a los asaltantes.
¿Y el momento más feliz?
Hoy. Este es uno de los momentos más felices porque después de 41 años de responsabilidad me marcho tremendamente satisfecho porque he trabajado en lo que me gustaba y he disfrutado muchísimo. Además, la sociedad es agradecida y reconoce el trabajo policial. Y eso también te hace feliz y te estimula a seguir luchando contra la delincuencia.
¿Hay vida después de la Policía?
Mucha. Yo voy a intentar hacer lo que siempre me ha encantado hacer, que es viajar y viajar.
Críticas y felicitaciones.
No puedo quejarme de nada. Sólo felicitar a todos los compañeros y amigos con los que he tenido la suerte de poder trabajar.
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