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Petrer

Un manantial en un secarral

La rambla de Puça mantiene el caudal de agua ocho meses después de las intensas lluvias y nevadas

Dos niños bañándose ayer en la poza del Salt de Puça.

Dos niños bañándose ayer en la poza del Salt de Puça. ÁXEL ÁLVAREZ

El agua es vida y la vida ha vuelto a la rambla de Puça tras las abundantes y persistentes lluvias y nevadas del otoño e invierno pasados. Unos registros pluviométricos históricos que han recargado los acuíferos subterráneos del Alto y Medio Vinalopó permitiendo que este enclave montañoso, cargado de historia y tradición, recupere la imagen que tenía décadas atrás, y que solo los más mayores han podido conocer y disfrutar. Ahora se asemeja a un oasis en un desierto. De ahí su extraordinario valor medioambiental y la sorpresa que causa entre quienes lo visitan y se bañan en su charca.

La rambla de Puça permanecía completamente seca desde el verano de 2010 tras el breve paréntesis registrado en septiembre de 2015. Entonces el agua volvió a correr y saltar por Puça. Pero a las pocas semanas desapareció con la pertinaz sequía que asola a la provincia. Sin embargo en este verano, a pesar de la falta de precipitaciones y de las extremas temperaturas, el agua sigue fluyendo ladera abajo hasta alcanzar el casco urbano de Petrer a unos seis kilómetros de distancia. De hecho, el caudal todavía se mantiene vivo en la superficie poco antes de llegar a la pinada Villaplana.

Treinta años atrás hasta el recóndito enclave próximo al Molino de la Reja acudían cada semana centenares de vecinos de Petrer, y también de otras localidades cercanas, que aprovechaban los meses de julio y agosto para refrescarse de los asfixiantes calores en los cristalinos remansos y, cómo no, para jugar en el espectacular salto de agua de quince metros de altura junto al «Molí del Salt».

En los años previos a la sequía este humedal era una alternativa de ocio a la playa y la piscina porque, debido a la crisis, muchas personas no podían permitirse gastos extraordinarios en sus vacaciones. Había incluso familias enteras que acudían a la rambla por la mañana, con sus toallas, bañadores y mochilas cargadas de viandas para darse un chapuzón y comer antes de regresar a casa.

Sin embargo, durante el verano de 2014 la sequía que asoló al Alto y Medio Vinalopó, la mayor de los últimos 150 años, y el consecuente aumento del consumo de agua procedente de la mina de Puça hicieron de este oasis un secarral. Una triste imagen que solo se ha transformado en la última década, de forma puntual y efímera, con las tormentas de verano. Pero este año es diferente. Desde el pasado mes de diciembre los remansos de agua, los conocidos como «tolls», han vuelto a llenarse, la vegetación propia del humedal ha recuperado la frondosidad perdida, la fauna está reapareciendo y el incesante sonido de los saltos de agua se escucha, de nuevo, en pleno mes de agosto, desde el mismo camino que conduce al Molino de la Reja.

Las cañas y el baladre han vuelto a adueñarse de uno de los parajes más bellos de la comarca gracias al agua, que cae en abundancia desde la acequia procedente del manantial de la Mina de Puça. Y, como antaño, las familias acuden a bañarse a la poza del Salt. Un placer para los sentidos.

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