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Sax

Un enclave histórico único en España abocado a la ruina en Sax

La Colonia de Santa Eulalia se desmorona por el abandono, el expolio y el vandalismo a pesar de ser un Bien de Interés Cultural

Imagen aérea de la Colonia de Santa Eulalia de Sax, que refleja el abandono que está poniendo en riesgo un conjunto arquitectónico excepcional.

Imagen aérea de la Colonia de Santa Eulalia de Sax, que refleja el abandono que está poniendo en riesgo un conjunto arquitectónico excepcional.

La Colonia de Santa Eulalia parece abocada a la destrucción a pesar de que los vecinos de Sax y otras poblaciones de la comarca llevan décadas reclamando a los poderes públicos medidas concretas y urgentes para evitarlo. Ni siquiera su declaración en 2016 como Bien de Interés Cultural por la Generalitat Valenciana ha conseguido frenar un proceso de ruina que se remonta 50 años atrás y lleva camino de ser irreversible.

El abandono, el expolio y el vandalismo se están cebando con la casa-palacio del conde de Alcudia y Gestalgar, el lagar y la bodega que todavía conserva las once cubas de 50.000 litros, el centro administrativo que regía el día a día de esta colonia agrícola, la fábrica de harinas El Carmen y la emblemática fábrica de alcoholes La Unión, donde hasta el año 1936 se destiló el coñac Santa Eulalia, uno de los licores más apreciados en la España anterior a la Guerra Civil.

Los ladrones se lo llevan todo: cables, tuberías, mobiliario, puertas, lámparas y tejas, las losetas del suelo, los azulejos de los zócalos, la decoración tallada en madera y cualquier objeto metálico susceptible de ser vendido en el mercado negro. Un saqueo que persiste en la actualidad y al que se suma el efecto destructivo de los vándalos. Sobre todo en el palacio -dotado de un modernismo con elementos de «Art déco»- que el conde Antonio Padua Saavedra y Rodríguez de Guerra mandó construir en el año 1898, contando con la ayuda de su adinerado socio Mariano Roncali. Cristales rotos, puertas reventadas, colillas de porros y litronas, muebles destrozados y restos de hogueras constituyen la desoladora imagen de la casa capital del histórico poblado. La residencia noble donde aficionados a lo esotérico también han hecho grabaciones de psicofonía y sesiones de espiritismo invocando a la esposa del conde, María Avial Peñas, que según la leyenda popular tuvo un trágico final.

Para los expertos la Colonia de Santa Eulalia constituye un ejemplo único en España de asentamiento inspirado en los postulados ilustrados y progresistas de los siglos XVIII y XIX. Un ideal que remite a las experiencias llevadas a cabo por los utópicos New Lanark e Icaria o los falansterios de Fourier. Otras iniciativas parecidas fueron las de Colonia Güell o Ametlla de Merola en Cataluña, Nuevo Baztán en Madrid, la Colonia de Campano de Cádiz o Bustiello en Asturias. Dedicada al cultivo de la vid y los cereales, el carácter de autosuficiencia de la aldea sajeña queda demostrado por la existencia de industrias para explotar sus propios cultivos, las casas de los colonos, las oficinas, la plaza de San Antonio y la avenida Margot que llegaba hasta el cercano cauce del río Vinalopó, el desaparecido parque de Gilabert con su bucólico lago, la ermita de Santa Eulalia recientemente restaurada, la destruida estación del tren e incluso el Teatro Cervantes. Precisamente el espacio cultural que un activista leonés ha decidido convertir en su residencia temporal, desde el pasado mes de febrero, para sensibilizar a la opinión pública y recabar apoyos que permitan restaurar este inmueble de gran valor histórico y artístico construido en 1919. En mes y medio José Prival ha conseguido remover conciencias políticas y generar una avalancha de adhesiones de ciudadanos de toda la provincia, que se han sumado al movimiento por la recuperación de esta pintoresca ciudadela construida en el último cuarto del siglo XIX, que saltó a la fama entre los años 2007 y 2013 al convertirse en el plató de exteriores de la serie de la televisión valenciana «L’Alqueria Blanca».

En estos momentos la propiedad está en manos de los herederos de Vicente Marco Ruiz, un empresario alicantino dedicado a la gestión de las basuras que falleció en 1975. Seis primos son ahora los titulares de la sexta parte pro indiviso de todos los inmuebles y de los 2.700.000 metros cuadrados de los que consta esta finca ubicada en el límite de Sax y Villena. La falta de acuerdo entre los herederos ha frustrado en las dos últimas décadas varias operaciones para vender la Colonia. Y mientras tanto las administraciones públicas siguen sin intervenir para tratar de evitar lo que parece inevitable.

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